QUE APORTA LA ANTROPOLOGÍA CRISTIANA

Continuamos. Este Blog tiene la intención de compartir con los lectores un largo proceso de meditación y oración que tuvimos la necesidad de llevar a cabo ante una situación de confusión personal. Recibiendo mensajes de ministros y sacerdotes, todos sólidamente formados en Religión y Teología, totalmente contradictorios entre sí. Algunos, de generaban duda de que si lo que se afirmaba como un proyecto querido por Dios realmente lo era.

Me dije. No puedo más. Y un Miércoles de Ceniza (como hoy 2024) pero en el 2019 clame a Dios y le pedí me llevara a concerle para poder tomar de decisiones correctas para siempre ponerme de su lado. El lema/petición fue: Ponerme del lado de Dios y no poner a Dios de mi lado.

Así, comenzó todo. Progresivamente le vamos a compartir los frutos. Que culminará, como ya dijimos, en una relectura del Catecismo y el Magisterio de la Iglesia Católica en el que extraemos Siete Principios Éticos Normativos. Una vez se conocen y se entienden el fiel, podrá discernir que o quien se está poniendo de lado de Dios o que y quién está tratando de poner a Dios de su lado.

Pero, para llegar ahí y poder llevar a nuestra consciencia y corazón estos principios debemos crear una base filosófica y antropológica.

Les comparto aquí, fragmentos en un excelente ensayo titulado “El desarrollo centrado en valores. ¿Qué aporta la antropología cristiana?

El desarrollo centrado en valores. ¿Qué aporta la antropología cristiana?

José María Larrú
Universidad CEU San Pablo

“Ser libre es ser capaz de autodirigirse hacia el bien”.

El hombre, por su libertad, es capaz de autodeterminarse hacia el Bien.
Esa experiencia paulina común a todo hombre (sano) es fruto de haber sido creado libre.

La libertad cristiana es una exigencia de haber sido creado por amor, a imagen y semejanza del Creador. Sin libertad no es posible recibir el amor, ni recrearlo “de vuelta”. Este sentido de la libertad, funda el ser moral del hombre y es muy diferente al sentido de la antropología utilitarista-liberal de libre albedrío o, sobre todo, de ausencia de coacción.

No está definida en un contexto relacional (libertad en función de que “los otros” no me coaccionen), sino en una ontología amorosa. Por haber sido creado y destinado por y al amor, es imprescindible haber sido creado y dejado libre, aunque eso suponga el riesgo del mal.

El conocimiento empieza por la excitación que provoca la curiosidad. La ciencia será la capacidad de abstraer de la realidad la constancia de los efectos y deducir sus causas. Sin esa capacidad de trascender lo concreto, no es posible la ciencia ni la ética .

Aquí es donde se encuentra de nuevo la dimensión social que complementa la individual. Es la sociedad la que va mostrando al recién nacido los caminos hacia la “constancia de resultados” y la va troquelando como ser moral. “Siempre que tocas el fuego, te quemas y duele”. Eso le permite predecir conductas y elegir de forma libre si toca el fuego o no. Las etapas del desarrollo moral de Piaget (1932) y Kohlberg (1958) tienen aquí un espacio de importancia por la secuenciación de la heteronomía a la autonomía moral.


Para el concepto de desarrollo esta distinción entre fines (poder ser más libre) y medios (crecimiento económico, redistribución de riquezas) será clave.


Para los liberales, el fundamento antropológico de la actividad social es el individuo y la regla moral más concisa será la que Hume sintetice en: estabilidad en la posesión, transferencia por consentimiento y cumplimiento de las promesas. Autores liberales (Schwartz 1994:131) asientan las relaciones sociales en estos tres principios: respeto a la propiedad privada, libertad de cumplimiento de los contratos, no interferencia en los precios libremente formados. La distancia entre los de la DSI parece evidente, pues las éticas liberales tratan de basar la ética fuera de toda noción de Dios y de naturaleza, mientras que las cristianas parten precisamente de ellas: revelación del Dios personal en Jesús y ley natural24. El hombre pierde con el pecado (original) el estado de naturaleza donde conoce y diferencia el bien y el mal25. En su estado de naturaleza caída (y redimida en Jesús), ese conocimiento se ha oscurecido.


Completamente diferente es la noción liberal de libertad como ausencia de coacción. El cristiano, al amar, tiende naturalmente a expandir ese bien recibido.


“El amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre” (Deus Caritas Est 28b); “la caridad supone y completa la justicia según la lógica de la entrega y el perdón… La “ciudad del hombre” no se promueve solo con relaciones de derechos y deberes, sino antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión” (CV 6).


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