DIA 23

Génesis 32

1 A la mañana siguiente, Labán besó a sus hijos e hijas, les bendijo y se volvió a su lugar.

2 Jacob se fue por su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios.

3 Al verlos, dijo Jacob: «Este es el campamento de Dios»; y llamó a aquel lugar Majanáyim.

4 Jacob envió mensajeros por delante hacia su hermano Esaú, al país de Seír, la estepa de Edom,

5 encargándoles: «Diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Fui a pasar una temporada con Labán, y me he demorado hasta hoy.

6 Me hice con bueyes, asnos, ovejas, siervos y siervas; y ahora mando a avisar a mi señor, para hallar gracia a sus ojos.»

7 Los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: «Hemos ido donde tu hermano Esaú, y él mismo viene a tu encuentro con cuatrocientos hombres.»

8 Jacob se asustó mucho y se llenó de angustia; dividió a sus gentes, las ovejas, vacas y camellos, en dos campamentos,

9 y dijo: «Si llega Esaú a uno de los campamentos y lo ataca, se salvará el otro.»

10 Y dijo Jacob: «¡Oh Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Yahveh, que me dijiste: “Vuelve a tu tierra y a tu patria, que yo seré bueno contigo”,

11 qué poco merecía yo todas las mercedes y toda la confianza que has dado a tu siervo! Pues con solo mi cayado pasé este Jordán y ahora he venido a formar dos campamentos.

12 Líbrame de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo, no sea que venga y nos ataque, a la madre junto con los hijos.

13 Que fuiste tú quien dijiste: “Yo seré bueno de veras contigo y haré tu descendencia como la arena del mar, que no se puede contar de tanta como hay.”»

14 Y Jacob pasó allí aquella noche. Tomó de lo que tenía a mano un regalo para su hermano Esaú,

15 consistente en doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros,

16 treinta camellas criando, junto con sus crías, cuarenta vacas y diez toros, veinte asnas y diez garañones,

17 y repartiéndolo en manadas independientes, los confió a sus siervos y les dijo: «Pasad delante de mí, dejando espacio entre manada y manada.»

18 Y al primero le encargó: «Cuando te salga al paso mi hermano

Esaú y te pregunte “de quién eres y adónde vas, y para quién es eso que va delante de ti”,

19 dices: “De tu siervo Jacob; es un regalo enviado para mi señor Esaú. Precisamente, él mismo viene detrás de nosotros.”»

20 El mismo encargo hizo también al segundo, como asimismo al tercero y a todos los que iban tras las manadas diciendo: «En estos términos hablaréis a Esaú cuando le encontréis,

21 añadiendo: “Precisamente, tu siervo Jacob viene detrás de nosotros.”» Pues se decía: «Voy a ganármelo con el regalo que me precede, tras de lo cual me entrevistaré con él; tal vez me haga buena cara.»

22 Así, pues, mandó el regalo por delante, y él pasó aquella noche en el campamento.

23 Aquella noche se levantó, tomó a sus dos mujeres con sus dos siervas y a sus once hijos y cruzó el vado de Yabboq.

24 Les tomó y les hizo pasar el río, e hizo pasar también todo lo que tenía.

25 Y habiéndose quedado Jacob solo, estuvo luchando alguien con él hasta rayar el alba.

26 Pero viendo que no le podía, le tocó en la articulación femoral, y se dislocó el fémur de Jacob mientras luchaba con aquél.

27 Este le dijo: «Suéltame, que ha rayado el alba.» Jacob respondió:

«No te suelto hasta que no me hayas bendecido.»

28 Dijo el otro: «¿Cuál es tu nombre?» – «Jacob.» –

29 «En adelante no te llamarás Jacob sino Israel; porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido.»

30 Jacob le preguntó: «Dime por favor tu nombre.» – «¿ Para qué preguntas por mi nombre?» Y le bendijo allí mismo.

31 Jacob llamó a aquel lugar Penuel, pues (se dijo): «He visto a Dios cara a cara, y tengo la vida salva.»

32 El sol salió así que hubo pasado Penuel, pero él cojeaba del muslo.

33 Por eso los israelitas no comen, hasta la fecha, el nervio ciático, que está sobre la articulación del muslo, por haber sido tocado Jacob en la articulación femoral, en el nervio ciático.

Génesis 33

1 Jacob levantó los ojos y al ver que venía Esaú con cuatrocientos hombres, repartió a los niños entre Lía y Raquel y las dos siervas.

2 Puso a las siervas y sus niños al frente; después a Lía y sus niños, y a Raquel y José en la zaga,

3 y él se les adelantó y se inclinó en tierra siete veces, hasta llegar donde su hermano.

4 Esaú, a su vez, corrió a su encuentro, le abrazó, se le echó al cuello, le besó y lloró.

5 Levantó luego los ojos, y al ver a las mujeres y a los niños, dijo:

«¿Qué son de ti éstos?» – «Son los hijos que ha otorgado Dios a tu siervo.»

6 Entonces se acercaron las siervas con sus niños, y se inclinaron.

7 Acercóse también Lía con sus niños, y se inclinaron. Y por último se acercaron José y Raquel y se inclinaron.

8 Dijo Esaú: «¿Qué pretendes con toda esta caravana que acabo de encontrar?» – «Es para hallar gracias a los ojos de mi señor.»

9 Dijo Esaú: «Tengo bastante, hermano mío; sea para ti lo tuyo.»

10 Replicó Jacob: «De ninguna manera. Si he hallado gracias a tus ojos, toma mi regalo de mi mano, ya que he visto tu rostro como quien ve el rostro de Dios, y me has mostrado simpatía.

11 Acepta, pues, el obsequio que te he traído; pues Dios me ha favorecido y tengo de todo.» E instóle tanto que aceptó.

12 Dijo Esaú: «Vámonos de aquí, y yo te daré escolta.»

13 El le dijo: «Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo conmigo ovejas y vacas criando; un día de ajetreo bastaría para que muriese todo el rebaño.

14 Adelántese, pues, mi señor a su siervo, que yo avanzaré despacito,

al paso del ganado que llevo delante, y al paso de los niños, hasta que llegue donde mi señor, a Seír.»

15 Dijo Esaú: «Entonces voy a destacar contigo a parte de la gente que me acompaña.» – «¿Para qué tal? Con que halle yo gracia a los ojos de mi señor…»

16 Rehízo, pues, Esaú aquel mismo día su camino rumbo a Seír,

17 y Jacob partió para Sukkot donde edificó para sí una casa y para su ganado hizo cabañas. Por donde se llamó aquel lugar Sukkot.

18 Jacob llegó sin novedad a la ciudad de Siquem, que está en el territorio cananeo, viniendo de Paddán Aram, y acampó frente a la ciudad.

19 Compró a los hijos de Jamor, padre de Siquem, por cien agnos la parcela de campo donde había desplegado su tienda,

20 erigió allí un altar, y lo llamó de «El», Dios de Israel.

Salmo 22 (21)

(1) Del maestro de coro. Sobre «la cierva de la aurora». Salmo. De David.

1 (2) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¡lejos de mi salvación la voz de mis rugidos!

 2 (3) Dios mío, de día clamo, y no respondes, también de noche, no hay silencio para mí.

 3 (4) ¡Mas tú eres el Santo, que moras en las laudes de Israel!

 4 (5) En ti esperaron nuestros padres, esperaron y tú los liberaste;

 5 (6) a ti clamaron, y salieron salvos, en ti esperaron, y nunca quedaron confundidos.

6 (7) Y yo, gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del pueblo,

 7 (8) todos los que me ven de mí se mofan, tuercen los labios, menean la cabeza:

 8 (9) «Se confió a Yahveh, ¡pues que él le libre, que le salve, puesto que le ama!»

 9 (10) Sí, tú del vientre me sacaste, me diste confianza a los pechos de mi madre;

 10 (11) a ti fui entregado cuando salí del seno, desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios.

 11 (12) ¡No andes lejos de mí, que la angustia está cerca, no hay para mí socorro!

12 (13) Novillos innumerables me rodean, acósanme los toros de Basán;

 13 (14) ávidos abren contra mí sus fauces; leones que desgarran y rugen.

 14 (15) Como el agua me derramo, todos mis huesos se dislocan, mi corazón se vuelve como cera, se me derrite entre mis entrañas.

 15 (16) Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte.

 16 (17) Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies.

17 (18) Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran,

 18 (19) repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica.

 19 (20) ¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos, corre en mi ayuda, oh

fuerza mía,

 20 (21) libra mi alma de la espada, mi única de las garras del perro;

 21 (22) sálvame de las fauces del león, y mi pobre ser de los cuernos

de los búfalos!

 22 (23) ¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la

asamblea te alabaré!:

23 (24) «Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel».

 24 (25) Porque no ha despreciado ni ha desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro, mas cuando le invocaba le escuchó.

 25 (26) De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen.

 26 (27) Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!»

27 (28) Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes.

28 (29) Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones.

 29 (30) Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva,

 30 (31) le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad

 31 (32) venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él.

Mateo 13

1 Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar.

2 Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera.

3 Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar.

4 Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron.

5 Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra;

6 pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron.

7 Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron.

8 Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.

9 El que tenga oídos, que oiga.»

10 Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»

11 El les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.

12 Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

13 Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.

14 En ellos se cumple la profecía de Isaías: = Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. =

15 Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane.

16 «¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!

17 Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.

18 «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador.

19 Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino.

20 El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría;

21 pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida.

22 El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra,

pero los preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto.

23 Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.»

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