
Las leyes establecidas por Dios tanto las leyes que rigen el orden natural como las que forman parte de la Revelación cumplen con este diálogo. Al principio de la creación hubo un diálogo entre la Ley y la Libertad. La Libertad acusó a la Ley “Tú me restringes” pero la Ley le replicó “Yo te guardo”.
Los mandamientos debemos percibirlos no como controles. De hecho, no lo son. El hombre peca por elección propia. De modo, que hay un control externo que impida la comisión de actos pecaminosos. Pero, la libertad siempre conlleva responsabilidad. De ahi es que surge la ética: no hay libertad sin responsabilidad. Por lo tanto, la libertad acarrea consecuencias SIEMPRE. SIEMPRE, SIEMPRE.
Las enseñanzas de Dios están siempre orientadas hacia nuestro bien. Son guías para que podamos construir con su auxilio la “identidad divina”; crear esa “imagen y semejanza” que es la relación bajo la cual fuimos creados.
No se puede saltar el mandamiento: Primero Dios SIEMPRE. Entonces, en forma muy coherente y ordenada va fluyendo la gracia que nos santifica. Ese proceso nos lleva de lo corruptible a lo incorruptible. De la muerte a la vida plena y sin fin.
Esa es la vocación universal. Nadie este excluido de este proyecto. El Amor de Dios es para que cada uno de nosotros asuma ese camino.
