# 71

Deuteronomio 24

1 Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta
mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le
desagrada, le redactará un libelo de repudio, se lo pondrá en su mano y la
despedirá de su casa.
2 Si después de salir y marcharse de casa de éste, se casa con otro
hombre,
3 y luego este otro hombre le cobra aversión, le redacta un libelo de
repudio, lo pone en su mano y la despide de su casa (o bien, si llega a morir
este otro hombre que se ha casado con ella),
4 el primer marido que la repudió no podrá volver a tomarla por
esposa después de haberse hecho ella impura. Pues sería una abominación a los ojos de Yahveh, y tú no debes hacer pecar a la tierra que Yahveh tu Dios
te da en herencia.
5 Si un hombre está recién casado, no saldrá a campaña ni se le
impondrá compromiso alguno; quedará exento en su casa durante un año,
para recrear a la mujer que ha tomado.
6 No se tomará en prenda el molino ni la muela; porque ello sería
tomar en prenda la vida misma.
7 Si se encuentra a un hombre que haya raptado a uno de sus
hermanos, entre los israelitas – ya le haya hecho su esclavo o le haya
vendido – ese ladrón debe morir. Harás desaparecer el mal de en medio de
ti.
8 En caso de lepra, cuida bien de observar y ejecutar todo lo que os
enseñen los sacerdotes levitas. Procuraréis poner en práctica lo que yo les
he mandado.
9 Recuerda lo que Yahveh tu Dios hizo con María cuando estabais de
camino a la salida de Egipto.
10 Si haces algún préstamo a tu prójimo, no entrarás en su casa para
tomar la prenda, sea cual fuere.
11 Te quedarás fuera, y el hombre a quien has hecho el préstamo te
sacará la prenda afuera.
12 Y si es un hombre de condición humilde, no te acostarás guardando
su prenda;
13 se la devolverás a la puesta del sol, para que pueda acostarse en su
manto. Así te bendecirá y habrás hecho una buena acción a los ojos de
Yahveh tu Dios.
14 No explotarás al jornalero humilde y pobre, ya sea uno de tus
hermanos o un forastero que resida en tus ciudades.
15 Le darás cada día su salario, sin dejar que el sol se ponga sobre esta
deuda; porque es pobre, y para vivir necesita de su salario. Así no apelará
por ello a Yahveh contra ti, y no te cargarás con un pecado.
16 No morirán los padres por culpa de los hijos ni los hijos por culpa
de los padres. Cada cual morirá por su propio pecado.
17 No torcerás el derecho del forastero ni del huérfano, ni tomarás en
prenda el vestido de la viuda.
18 Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que Yahveh tu
Dios te rescató de allí. Por eso te mando hacer esto.
19 Cuando siegues la mies en tu campo, si dejas en él olvidada una
gavilla, no volverás a buscarla. Será para el forastero, el huérfano y la
viuda, a fin de que Yahveh tu Dios te bendiga en todas tus obras.
20 Cuando varees tus olivos, no harás rebusco. Lo que quede será para
el forastero, el huérfano y la viuda.
21 Cuando vendimies tu viña, no harás rebusco. Lo que quede será
para el forastero, el huérfano y la viuda.
22 Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto. Por eso te mando
hacer esto.

Deuteronomio 25


1 Cuando hay pleito entre dos hombres, se presentarán a juicio para
que se pronuncie entre ellos: se dará la razón a quien la tenga y se
condenará al culpable.
2 Si el culpable merece azotes, el juez le hará echarse en tierra en su
presencia y hará que le azoten con un número de golpes proporcionado a su
culpa.
3 Podrá infligirle cuarenta azotes, pero no más, no sea que al golpearle
más sea excesivo el castigo, y tu hermano quede envilecido a tus ojos.
4 No pondrás bozal al buey que trilla.
5 Si unos hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin tener hijos,
la mujer del difunto no se casará fuera con un hombre de familia extraña.
Su cuñado se llegará a ella, ejercerá su levirato tomándola por esposa,
6 y el primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano
difunto; así su nombre no se borrará de Israel.
7 Pero si el cuñado se niega a tomarla por mujer, subirá ella a la puerta
donde los ancianos y dirá: «Mi cuñado se niega a perpetuar el nombre de
su hermano en Israel, no quiere ejercer conmigo su levirato.»
8 Los ancianos de su ciudad llamarán a ese hombre y le hablarán.
Cuando al comparecer diga: «No quiero tomarla»,
9 su cuñada se acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará su
sandalia del pie, le escupirá a la cara y pronunciará estas palabras: «Así se
hace con el hombre que no edifica la casa de su hermano»;
10 y se le dará en Israel el nombre de «Casa del descalzado».
11 Si un hombre está peleándose con su hermano, y la mujer de uno
de ellos se acerca y, para librar a su marido de los golpes del otro, alarga la
mano y agarra a éste por sus partes,
12 tú le cortarás a ella la mano sin piedad.
13 No tendrás en tu bolsa pesa y pesa, una grande y otra pequeña.
14 No tendrás en tu casa medida y medida, una grande y otra pequeña.
15 Has de tener un peso cabal y exacto, e igualmente una medida
cabal y exacta, para que se prolonguen tus días en el suelo que Yahveh tu
Dios te da.
16 Porque todo el que hace estas cosas, todo el que comete fraude, es
una abominación para Yahveh tu Dios.
17 Recuerda lo que te hizo Amalec cuando estabais de camino a
vuestra salida de Egipto,
18 cómo vino a tu encuentro en el camino y atacó por la espalda a
todos los que iban agotados en tu retaguardia, cuando tú estabas cansado y
extenuado; ¡no tuvo temor de Dios!
19 Por eso, cuando Yahveh tu Dios te haya asentado al abrigo de
todos tus enemigos de alrededor, en la tierra que Yahveh tu Dios te da en
herencia para que la poseas, borrarás el recuerdo de Amalec de debajo de
los cielos. ¡No lo olvides!

Deuteronomio 26

1 Cuando llegues a la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia,
cuando la poseas y habites en ella,
2 tomarás las primicias de todos los productos del suelo que coseches
en la tierra que Yahveh tu Dios te da, las pondrás en una cesta, y las
llevarás al lugar elegido por Yahveh tu Dios para morada de su nombre.
3 Te presentarás al sacerdote que esté entonces en funciones y le dirás:
«Yo declaro hoy a Yahveh mi Dios que he llegado a la tierra que Yahveh
juró a nuestros padres que nos daría.»
4 El sacerdote tomará de tu mano la cesta y la depositará ante el altar
de Yahveh tu Dios.
5 Tú pronunciarás estas palabras ante Yahveh tu Dios: «Mi padre era
un arameo errante que bajó a Egipto y residió allí como inmigrante siendo
pocos aún, pero se hizo una nación grande, fuerte y numerosa.
6 Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura
servidumbre.
7 Nosotros clamamos a Yahveh Dios de nuestros padres, y Yahveh
escuchó nuestra voz; vio nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra
opresión,
8 y Yahveh nos sacó de Egipto con mano fuerte y tenso brazo en
medio de gran terror, señales y prodigios.
9 Nos trajo aquí y nos dio esta tierra, tierra que mana leche y miel
10 Y ahora yo traigo las primicias de los productos del suelo que tú,
Yahveh, me has dado.» Las depositarás ante Yahveh tu Dios y te postrarás
ante Yahveh tu Dios.
11 Luego te regocijarás por todos los bienes que Yahveh tu Dios te
haya dado a ti y a tu casa, y también se regocijará el levita y el forastero que
viven en medio de ti.
12 El tercer año, el año del diezmo, cuando hayas acabado de apartar
el diezmo de toda tu cosecha y se lo hayas dado al levita, al forastero, a la
viuda y al huérfano, para que coman de ello en tus ciudades hasta saciarse,
13 dirás en presencia de Yahveh tu Dios: «He retirado de mi casa lo
que era sagrado; se lo he dado al levita, al forastero, al huérfano y a la
viuda, según todos los mandamientos que me has dado sin traspasar
ninguno de tus mandamientos ni olvidarlos.
14 Nada de ello he comido estando en duelo, nada he retirado
hallándome impuro, nada he ofrecido a un muerto. He escuchado la voz de
Yahveh mi Dios y he obrado conforme a todo lo que me has mandado.
15 Desde la morada de tu santidad, desde lo alto de los cielos,
contempla y bendice a tu pueblo Israel, así como al suelo que nos has dado
como habías jurado a nuestros padres, tierra que mana leche y miel.»
16 Yahveh tu Dios te manda hoy practicar estos preceptos y estas
normas; las guardarás y las practicarás con todo tu corazón y con toda tu
alma.
17 Has hecho decir a Yahveh que él será tu Dios – tú seguirás sus
caminos, observarás sus preceptos, sus mandamientos y sus normas, y
escucharás su voz -.18 Y Yahveh te ha hecho decir hoy que serás su pueblo propio, como
él te ha dicho – tú deberás guardar todos sus mandamientos -;
19 él te elevará en honor, renombre y gloria, por encima de todas las
naciones que hizo, y serás un pueblo consagrado a Yahveh tu Dios como él
te ha dicho.

Salmo 99 (98)


1 Reina Yahveh, los pueblos tiemblan; se sienta en querubines, la
tierra se estremece;
2 grande es Yahveh en Sión. Excelso sobre los pueblos todos;
3 loen tu nombre grande y venerable: santo es él.
4 Poderoso rey que el juicio ama, tú has fundado el derecho, juicio y
justicia tú ejerces en Jacob.
5 Exaltad a Yahveh nuestro Dios, postraos ante el estrado de sus pies:
santo es él.
6 Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Samuel entre aquellos que su
nombre invocaban, invocaban a Yahveh y él les respondía.
7 En la columna de nube les hablaba, ellos guardaban sus dictámenes,
la ley que él les dio.
8 Yahveh, Dios nuestro, tú les respondías, Dios paciente eras para
ellos, aunque vengabas sus delitos.
9 Exaltad a Yahveh nuestro Dios, postraos ante su monte santo: santo
es Yahveh, nuestro Dios.

Salmo 100 (99)

(1) = Salmo. Para la acción de gracias. =

1 ¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra,
2 servid a Yahveh con alegría, llegaos ante él entre gritos de júbilo!
3 Sabed que Yahveh es Dios, él nos ha hecho y suyos somos, su
pueblo y el rebaño de su pasto.
4 ¡Entrad en sus pórticos con acciones de gracias, con alabanzas en
sus atrios, dadle gracias, bendecid su nombre!
5 Porque es bueno Yahveh, para siempre su amor, por todas las edades
su lealtad.

Hechos 27

1 Cuando se decidió que nos embarcásemos rumbo a Italia, fueron
confiados Pablo y algunos otros prisioneros a un centurión de la cohorte
Augusta, llamado Julio.
2 Subimos a una nave de Adramitio, que iba a partir hacia las costas
de Asia, y nos hicimos a la mar. Estaba con nosotros Aristarco, macedonio
de Tesalónica.
3 Al otro día arribamos a Sidón. Julio se portó humanamente con
Pablo y le permitió ir a ver a sus amigos y ser atendido por ellos.
4 Partimos de allí y navegamos al abrigo de las costas de Chipre,
porque los vientos eran contrarios.
5 Atravesamos los mares de Cilicia y Panfilia y llegamos al cabo de
quince días a Mira de Licia.
6 Allí encontró el centurión una nave alejandrina que navegaba a
Italia, y nos hizo subir a bordo.
7 Durante muchos días la navegación fue lenta y a duras penas
llegamos a la altura de Gnido. Como el viento no nos dejaba entrar en
puerto, navegamos al abrigo de Creta por la parte de Salmone;
8 y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar llamado Puertos
Buenos, cerca del cual se encuentra la ciudad de Lasea.
9 Había transcurrido bastante tiempo y la navegación era peligrosa,
pues incluso había ya pasado el Ayuno. Pablo les advertía:
10 «Amigos, veo que la navegación va a traer gran peligro y grave
daño no sólo para el cargamento y la nave, sino también para nuestras
propias personas.»
11 Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón que no a las
palabras de Pablo.

12 Como el puerto no era a propósito para invernar, la mayoría
decidió hacerse a la mar desde allí, por si era posible llegar a Fénica, un
puerto de Creta que mira al suroeste y al noroeste, y pasar allí el invierno.
13 Soplaba ligeramente entonces el viento del sur y creyeron que
podían poner en práctica su propósito; levaron anclas y fueron costeando
Creta de cerca.
14 Pero no mucho después se desencadenó un viento huracanado
procedente de la isla, llamado Euroaquilón.
15 La nave fue arrastrada y, no pudiendo hacer frente al viento, nos
abandonamos a la deriva .
16 Navegando a sotavento de una isleta llamada Cauda, pudimos con
mucha dificultad hacernos con el bote.
17 Una vez izado el bote se emplearon los cables de refuerzo, ciñendo
el casco por debajo; y por miedo a chocar contra la Sirte, se echó el ancla
flotante. Así se iba a la deriva.
18 Y como el temporal seguía sacudiéndonos furiosamente, al día
siguiente aligeraron la nave.
19 Y al tercer día con sus propias manos arrojaron al mar el aparejo de
la nave.
20 Durante muchos días no apareció el sol ni las estrellas; teníamos
sobre nosotros una tempestad no pequeña; toda esperanza de salvarnos iba
desapareciendo.
21 Hacía ya días que no habíamos comido; entonces Pablo se puso en
medio de ellos y les dijo: «Amigos, más hubiera valido que me hubierais
escuchado y no haberos hecho a la mar desde Creta; os hubierais ahorrado
este peligro y esta pérdida.
22 Pero ahora os recomiendo que tengáis buen ánimo; ninguna de
vuestras vidas se perderá; solamente la nave.
23 Pues esta noche se me ha presentado un ángel del Dios a quien
pertenezco y a quien doy culto,
24 y me ha dicho: “No temas, Pablo; tienes que comparecer ante el
César; y mira, Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan
contigo.”
25 Por tanto, amigos, ¡ánimo! Yo tengo fe en Dios de que sucederá tal
como se me ha dicho.
26 Iremos a dar en alguna isla.»
27 Era ya la décima cuarta noche que íbamos a la deriva por el
Adriático, cuando hacia la media noche presintieron los marineros la
proximidad de tierra.
28 Sondearon y hallaron veinte brazas; un poco más lejos sondearon
de nuevo y hallaron quince brazas.
29 Temerosos de que fuésemos a chocar contra algunos escollos,
echaron cuatro anclas desde la popa y esperaban ansiosamente que se
hiciese de día.
30 Los marineros intentaban escapar de la nave, y estaban ya arriando
el bote con el pretexto de echar los cables de las anclas de proa.

31 Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: «Si no se quedan
éstos en la nave, vosotros no os podréis salvar.»
32 Entonces los soldados cortaron las amarras del bote y lo dejaron
caer.
33 Mientras esperaban que se hiciera de día, Pablo aconsejaba a todos
que tomasen alimento diciendo: «Hace ya catorce días que, en continua
expectación, estáis en ayunas, sin haber comido nada.
34 Por eso os aconsejo que toméis alimento, pues os conviene para
vuestra propia salvación; que ninguno de vosotros perderá ni un solo
cabello de su cabeza.»
35 Diciendo esto, tomó pan, dio gracias a Dios en presencia de todos,
lo partió y se puso a comer.
36 Entonces todos los demás se animaron y tomaron también
alimento.
37 Estábamos en total en la nave 276 personas.
38 Una vez satisfechos, aligeraron la nave arrojando el trigo al mar.
39 Cuando vino el día, los marineros no reconocían la tierra;
solamente podían divisar una ensenada con su playa; y resolvieron lanzar la
nave hacia ella, si fuera posible.
40 Soltaron las anclas que dejaron caer al mar; aflojaron al mismo
tiempo las ataduras de los timones; después izaron al viento la vela artimón
y pusieron rumbo a la playa.
41 Pero tropezaron contra un lugar con mar por ambos lados, y
encallaron allí la nave; la proa clavada, quedó inmóvil; en cambio la popa,
sacudida violentamente, se iba deshaciendo.
42 Los soldados entonces resolvieron matar a los presos, no fuera que
alguno se escapase a nado;
43 pero el centurión, que quería salvar a Pablo, se opuso a su designio
y dio orden de que los que supieran nadar se arrojasen los primeros al agua
y ganasen la orilla;
44 y los demás saliesen unos sobre tablones, otros sobre los despojos
de la nave. De esta forma todos llegamos a tierra sanos y salvos.

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