# 73

Deuteronomio 32
Monte Nebo

Moisés fallece en el Monte Nebo en el Siglo XIII a.c

1 Prestad oído, cielos, que hablo yo, escuche la tierra las palabras de
mi boca.
2 Como lluvia se derrame mi doctrina, caiga como rocío mi palabra,
como blanda lluvia sobre la hierba verde, como aguacero sobre el césped.
3 Porque voy a aclamar el nombre de Yahveh; ¡ensalzad a nuestro
Dios!
4 El es la Roca, su obra es consumada, pues todos sus caminos son
justicia. Es Dios de la lealtad, no de perfidia, es justo y recto.
5 Se han pervertido los que él engendró sin tara, generación perversa y
tortuosa.
6 ¿Así pagáis a Yahveh, pueblo insensato y necio? ¿No es él tu padre,
el que te creó, el que te hizo y te fundó?
7 Acuérdate de los días de antaño, considera los años de edad en edad.
Interroga a tu padre, que te cuente, a tus ancianos, que te hablen.
8 Cuando el Altísimo repartió las naciones, cuando distribuyó a los
hijos de Adán, fijó las fronteras de los pueblos, según el número de los hijos
de Dios;
9 mas la porción de Yahveh fue su pueblo, Jacob su parte de heredad.10 En tierra desierta le encuentra, en la soledad rugiente de la estepa.
Y le envuelve, le sustenta, le cuida, como a la niña de sus ojos.
11 Como un águila incita a su nidada, revolotea sobre sus polluelos,
así el despliega sus alas y te toma, y le lleva sobre su plumaje.
12 Sólo Yahveh le guía a su destino, con él ningún dios extranjero.
13 Le hace cabalgar por las alturas de la tierra, le alimenta de los
frutos del campo, le da a gustar miel de la peña, y aceite de la dura roca,
14 cuajada de vacas y leche de ovejas, con la grasa de corderos;
carneros de raza de Basán, y machos cabríos, con la flor de los granos de
trigo, y por bebida la roja sangre de la uva.
15 Come Jacob, se sacia, engorda Yesurún, respinga, – te has puesto
grueso, rollizo, turgente -, rechaza a Dios, su Hacedor, desprecia a la Roca,
su salvación.
16 Le encelan con dioses extraños, le irritan con abominaciones.
17 Sacrifican a demonios, no a Dios, a dioses que ignoraban, a
nuevos, recién llegados, que no veneraron vuestros padres.
18 (¡Desdeñas a la Roca que te dio el ser, olvidas al Dios que te
engendró!)
19 Yahveh lo ha visto y, en su ira, ha desechado a sus hijos y a sus
hijas.
20 Ha dicho: Les voy a esconder mi rostro, a ver en qué paran. Porque
es una generación torcida, hijos sin lealtad.
21 Me han encelado con lo que no es Dios, me han irritado con sus
vanos ídolos; ¡pues yo también voy a encelarles con lo que no es pueblo,
con una nación fatua los irritaré!
22 Porque ha saltado fuego de mi ira, que quemará hasta las honduras
del seol; devorará la tierra y sus productos, abrasará los cimientos de los
montes.
23 Acumularé desgracias sobre ellos, agotaré en ellos mis saetas.
24 Andarán extenuados de hambre, consumidos de fiebre y mala
peste. Dientes de fieras mandaré contra ellos, veneno de reptiles.
25 Por fuera la espada sembrará orfandad, y dentro reinará el espanto.
Caerán a la vez joven y doncella, niño de pecho y viejo encanecido.
26 He dicho: A polvo los reduciría, borraría su recuerdo de en medio
de los hombres,
27 si no temiera azuzar el furor del enemigo, y que lo entiendan al
revés sus adversarios, no sea que digan: «Nuestra mano prevalece, y no es
Yahveh el que hace todo esto.»
28 Porque es gente de consejo obtuso, y no hay inteligencia en ellos.
29 Si fueran sabios, podrían entenderlo, sabrían vislumbrar su suerte
última.
30 Pues, ¿cómo un solo hombre puede perseguir a mil, y dos poner en
fuga a una miríada, sino porque su Roca se los ha vendido, porque Yahveh
los ha entregado?
31 Mas no es su roca como nuestra Roca, y nuestros enemigos son
testigos.

32 Porque su viña es viña de Sodoma y de las plantaciones de
Gomorra: uvas venenosas son sus uvas, racimos amargos sus racimos;
33 su vino, un veneno de serpiente, mortal ponzoña de áspid.
34 Pero él, ¿no está guardado junto a mí, sellado en mis tesoros?
35 A mí me toca la venganza y el pago para el momento en que su pie
vacile. Porque está cerca el día de su ruina, ya se precipita lo que les espera.
36 (Que va hacer Yahveh justicia al pueblo suyo, va a apiadarse de sus
siervos.) Porque verá que su fuerza se agota, que no queda ya libre ni
esclavo.
37 Dirá entonces: ¿Dónde están sus dioses, roca en que buscaban su
refugio,
38 los que comían la grasa de sus sacrificios y bebían el vino de sus
libaciones? ¡Levántense y os salven, sean ellos vuestro amparo!
39 Ved ahora que yo, sólo yo soy, y que no hay otro Dios junto a mí.
Yo doy la muerte y doy la vida, hiero yo, y sano yo mismo (y no hay quien
libre de mi mano).
40 Sí, yo alzo al cielo mi mano, y digo: Tan cierto como que vivo
eternamente,
41 cuando afile el rayo de mi espada, y mi mano empuñe el Juicio,
tomaré venganza de mis adversarios, y daré el pago a quienes me
aborrecen.
42 Embriagaré de sangre mis saetas, y mi espada se saciará de carne:
sangre de muertos y cautivos, cabezas encrestadas de enemigos.
43 ¡Cielos, exultad con él, y adórenle los hijos de Dios! ¡Exultad,
naciones, con su pueblo, y todos los mensajeros de Dios narren su fuerza!
Porque él vengará la sangre de sus siervos, tomará venganza de sus
adversarios, dará su pago a quienes le aborrecen y purificará el suelo de su
pueblo.
44 Fue Moisés y pronunció o oídos del pueblo todas las palabras de
este cántico, acompañado de Josué, hijo de Nun.
45 Cuando Moisés acabó de pronunciar estas palabras a todo Israel,
46 les dijo: «Estad bien atentos a todas estas palabras que hoy os doy
como testimonio. Se las prescribiréis a vuestros hijos, para que cuiden de
poner en práctica todas las palabras de esta Ley.
47 Porque no es una palabra vana para vosotros, sino que es vuestra
vida, y por ella prolongaréis vuestros días en el suelo que vais a tomar en
posesión al pasar el Jordán.»
48 Yahveh habló a Moisés aquel mismo día y le dijo:
49 «Sube a esa montaña de los Abarim, al monte Nebo que está en el
país de Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo doy
en propiedad a los israelitas.
50 En el monte al que vas a subir morirás, e irás a reunirte con los
tuyos, como tu hermano Aarón murió en el monte Hor y fue a reunirse con
los suyos.51 Por haberme sido infiel en medio de los israelitas, en las aguas de
Meribá Cadés, en el desierto de Sin, por no haber manifestado mi santidad
en medio de los israelitas,
52 por eso, sólo de lejos verás la tierra, pero no entrarás en ella, en esa
tierra que yo doy a los israelitas.»

Deuteronomio 33

1 Esta es la bendición con la que Moisés, hombre de Dios, bendijo a
los israelitas antes de morir.
2 Dijo: Ha venido Yahveh del Sinaí. Para ellos desde Seír se ha
levantado, ha iluminado desde el monte Parán. Con él las miríadas de
Cadés, Ley de fuego en su diestra para ellos.
3 Tú que amas a los antepasados, todos los santos están en tu mano. Y
ellos, postrados a tus pies, cargados están de tus palabras.
4 Una Ley nos señaló Moisés herencia de la asamblea de Jacob.
5 Hubo un rey en Yesurún, cuando se congregaron los jefes del
pueblo, todas juntas las tribus de Israel.
6 ¡Viva Rubén y nunca muera, aunque sean pocos sus nombres!
7 Para Judá dijo esto: Escucha, Yahveh, la voz de Judá y guíale hacia
su pueblo. Sus manos le defenderán y tú serás su auxilio contra sus
enemigos.
8 Para Leví dijo: Dale a Leví tus Urim y tus Tummim al hombre de tu
agrado, a quien probaste en Massá, con quien querellaste en las aguas de
Meribá,
9 el que dijo de su padre y de su madre: «No los he visto.» El que no
reconoce a sus hermanos y a sus hijos ignora. Pues guardan tu palabra, y tu
alianza observan.
10 Ellos enseñan tus normas a Jacob y tu Ley a Israel; ofrecen
incienso ante tu rostro, y perfecto sacrificio en tu altar.
11 Bendice, Yahveh, su vigor, y acepta la obra de sus manos. Rompe
los lomos a sus adversarios y a sus enemigos, que no se levanten.
12 Para Benjamín dijo: Querido de Yahveh, en seguro reposa junto a
El, todos los días le protege, y entre sus hombros mora.
13 Para José dijo: Su tierra es bendita de Yahveh; para él lo mejor de
los cielos: el rocío, y del abismo que reposa abajo;
14 lo mejor de los frutos del sol, de lo que brota a cada luna,
15 las primicias de los montes antiguos, lo mejor de los collados
eternos,
16 lo mejor de la tierra y cuanto contiene, y el favor del que mora en
la Zarza: ¡caiga sobre la cabeza de José, sobre la frente del elegido entre sus
hermanos!
17 Primogénito del toro, a él la gloria, cuernos de búfalo sus cuernos;
con ellos acornea a los pueblos todos juntos hasta los confines de la tierra.
Tales son las miríadas de Efraím, tales los millares de Manasés.18 Para Zabulón dijo: Regocíjate, Zabulón, en tus empresas, y tú,
Isacar, en tus tiendas.
19 Convocarás a los pueblos en el monte, ofrecerán sacrificios de
justicia, pues gustarán la abundancia de los mares, y los tesoros ocultos en
la arena.
20 Para Gad dijo: ¡Bendito el que ensanchó a Gad! Echado está como
leona; ha desgarrado un brazo, y hasta una cabeza;
21 se quedó con las primicias, pues allí la porción de jefe le estaba
reservada, y ha venido a la cabeza del pueblo: ha cumplido la justicia de
Yahveh, y sus juicios con Israel.
22 Para Dan dijo: Dan es un cachorro de león, que se lanza desde
Basán.
23 Para Neftalí dijo: Neftalí, saciado de favor, colmado de la
bendición de Yahveh, Oeste y Mediodía son su posesión.
24 Para Aser dijo: ¡Bendito Aser entre los hijos! Sea el favorito entre
sus hermanos, y bañe su pie en aceite.
25 Sea tu cerrojo de hierro y de bronce, y tu fuerza tan larga como tus
días.
26 Nadie como el Dios de Yesurún. que cabalga los cielos en tu
auxilio, y las nubes, en su majestad.
27 El Dios de antaño es tu refugio, estás debajo de los brazos eternos.
El expulsa ante ti al enemigo, y dice: ¡Destruye!
28 Israel mora en seguro; la fuente de Jacob aparte brota para un país
de trigo y vino; hasta sus cielos el rocío destilan.
29 Dichoso tú, Israel, ¿quién como tú, pueblo salvado por Yahveh,
cuyo escudo es tu auxilio, cuya espada es tu esplendor? Tus enemigos
tratarán de engañarte, pero tú hollarás sus espaldas.

Deuteronomio 34

1 Moisés subió de las Estepas de Moab al monte Nebo, cumbre del
Pisgá, frente a Jericó, y Yahveh le mostró la tierra entera: Galaad hasta
Dan,
2 todo Neftalí, la tierra de Efraím y de Manasés, toda la tierra de Judá,
hasta el mar Occidental,
3 el Négueb, la vega del valle de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta
Soar.
4 Y Yahveh le dijo: «Esta es la tierra que bajo juramento prometí a
Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia se la daré. Te dejo
verla con tus ojos, pero no pasarás a ella.»
5 Allí murió Moisés, servidor de Yahveh, en el país de Moab, como
había dispuesto Yahveh.
6 Le enterró en el Valle, en el País de Moab, frente a Bet Peor. Nadie
hasta hoy ha conocido su tumba.
7 Tenía Moisés 120 años cuando murió; y no se había apagado su ojo
ni se había perdido su vigor.

8 Los israelitas lloraron a Moisés treinta días en las Estepas de Moab;
cumplieron así los días de llanto por el duelo de Moisés.
9 Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque
Moisés le había impuesto las manos. A él obedecieron los israelitas,
cumpliendo la orden que Yahveh había dado a Moisés.
10 No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien
Yahveh trataba cara a cara,
11 nadie como él en todas las señales y prodigios que Yahveh le envió
a realizar en el país de Egipto, contra Faraón, todos sus siervos y todo su
país,
12 y en la mano tan fuerte y el gran terror que Moisés puso por obra a
los ojos de todo Israel.

Salmo 103 (102)

(1) = De David. =
1 Bendice a Yahveh, alma mía, del fondo de mi ser, su santo nombre,
2 bendice a Yahveh, alma mía, no olvides sus muchos beneficios.
3 El, que todas tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias,
4 rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y de ternura, 5 satura de bienes tu existencia, mientras tu juventud se renueva como
el águila.
6 Yahveh, el que hace obras de justicia, y otorga el derecho a todos los
oprimidos,
7 manifestó sus caminos a Moisés, a los hijos de Israel sus hazañas.
8 Clemente y compasivo es Yahveh, tardo a la cólera y lleno de amor;
9 no se querella eternamente ni para siempre guarda su rencor;
10 no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a
nuestras culpas.
11 Como se alzan los cielos por encima de la tierra, así de grande es
su amor para quienes le temen;
12 tan lejos como está el oriente del ocaso aleja él de nosotros nuestras
rebeldías.
13 Cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es
Yahveh para quienes le temen;
14 que él sabe de qué estamos plasmados, se acuerda de que somos
polvo.
15 ¡El hombre! Como la hierba son sus días, como la flor del campo,
así florece;
16 pasa por él un soplo, y ya no existe, ni el lugar donde estuvo vuelve
a conocerle.
17 Mas el amor de Yahveh desde siempre hasta siempre para los que
le temen, y su justicia para los hijos de sus hijos,
18 para aquellos que guardan su alianza, y se acuerdan de cumplir sus
mandatos.
19 Yahveh en los cielos asentó su trono, y su soberanía en todo
señorea.
20 Bendecid a Yahveh, ángeles suyos, héroes potentes, ejecutores de
sus órdenes, en cuanto oís la voz de su palabra.
21 Bendecid a Yahveh, todas sus huestes, servidores suyos, ejecutores
de su voluntad.
22 Bendecid a Yahveh, todas sus obras, en todos los lugares de su
imperio. ¡Bendice a Yahveh, alma mía!

Salmo 104 (103)

1 ¡Alma mía, bendice a Yahveh! ¡Yahveh, Dios mío, qué grande eres!
Vestido de esplendor y majestad,
2 arropado de luz como de un manto, tú despliegas los cielos lo mismo
que una tienda,
3 levantas sobre las aguas tus altas moradas; haciendo de las nubes
carro tuyo, sobre las alas del viento te deslizas;
4 tomas por mensajeros a los vientos, a las llamas del fuego por
ministros.
5 Sobre sus bases asentaste la tierra, inconmovible para siempre
jamás. 6 Del océano, cual vestido, la cubriste, sobre los montes persistían las
aguas;
7 al increparlas tú, emprenden la huida, se precipitan al oír tu trueno,
8 y saltan por los montes, descienden por los valles, hasta el lugar que
tú les asignaste;
9 un término les pones que no crucen, por que no vuelvan a cubrir la
tierra.
10 Haces manar las fuentes en los valles, entre los montes se deslizan;
11 a todas las bestias de los campos abrevan, en ellas su sed apagan
los onagros;
12 sobre ellas habitan las aves de los cielos, dejan oír su voz entre la
fronda.
13 De tus altas moradas abrevas las montañas, del fruto de tus obras se
satura la tierra;
14 la hierba haces brotar para el ganado, y las plantas para el uso del
hombre, para que saque de la tierra el pan,
15 y el vino que recrea el corazón del hombre, para que lustre su
rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre.
16 Se empapan bien los árboles de Yahveh, los cedros del Líbano que
él plantó;
17 allí ponen los pájaros su nido, su casa en su copa la cigüeña;
18 los altos montes, para los rebecos, para los damanes, el cobijo de
las rocas.
19 Hizo la luna para marcar los tiempos, conoce el sol su ocaso;
20 mandas tú las tinieblas, y es la noche, en ella rebullen todos los
animales de la selva,
21 los leoncillos rugen por la presa, y su alimento a Dios reclaman.
22 Cuando el sol sale, se recogen, y van a echarse a sus guaridas;
23 el hombre sale a su trabajo, para hacer su faena hasta la tarde.
24 ¡Cuán numerosas tus obras, Yahveh! Todas las has hecho con
sabiduría, de tus criaturas está llena la tierra.
25 Ahí está el mar, grande y de amplios brazos, y en él el hervidero
innumerable de animales, grandes y pequeños;
26 por allí circulan los navíos, y Leviatán que tú formaste para jugar
con él.
27 Todos ellos de ti están esperando que les des a su tiempo su
alimento;
28 tú se lo das y ellos lo toman, abres tu mano y se sacian de bienes.
29 Escondes tu rostro y se anonadan, les retiras su soplo, y expiran y a
su polvo retornan.
30 Envías tu soplo y son creados, y renuevas la faz de la tierra.
31 ¡Sea por siempre la gloria de Yahveh, en sus obras Yahveh se
regocije!
32 El que mira a la tierra y ella tiembla, toca los montes y echan
humo.33 A Yahveh mientras viva he de cantar, mientras exista salmodiaré
para mi Dios.
34 ¡Oh, que mi poema le complazca! Yo en Yahveh tengo mi gozo.
35 ¡Que se acaben los pecadores en la tierra, y ya no más existan los
impíos! ¡Bendice a Yahveh, alma mía!

1 Tesalonicenses 2

1 Bien sabéis vosotros, hermanos, que nuestra ida a vosotros no fue
estéril,
2 sino que, después de haber padecido sufrimientos e injurias en
Filipos, como sabéis, confiados en nuestro Dios, tuvimos la valentía de
predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas.
3 Nuestra exhortación no procede del error, ni de la impureza ni con
engaño,
4 sino que así como hemos sido juzgados aptos por Dios para
confiarnos el Evangelio, así lo predicamos, no buscando agradar a los
hombres, sino a Dios que = examina = nuestros = corazones. =
5 Nunca nos presentamos, bien lo sabéis, con palabras aduladoras, ni
con pretextos de codicia, Dios es testigo,
6 ni buscando gloria humana, ni de vosotros ni de nadie.
7 Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser apóstoles de
Cristo, nos mostramos amables con vosotros, como una madre cuida con
cariño de sus hijos.
8 De esta manera, amándoos a vosotros, queríamos daros no sólo el
Evangelio de Dios, sino incluso nuestro propio ser, porque habíais llegado
a sernos muy queridos.9 Pues recordáis, hermanos, nuestros trabajos y fatigas. Trabajando
día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os proclamamos
el Evangelio de Dios.
10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e
irreprochablemente nos comportamos con vosotros, los creyentes.
11 Como un padre a sus hijos, lo sabéis bien, a cada uno de vosotros
12 os exhortábamos y alentábamos, conjurándoos a que vivieseis de
una manera digna de Dios, que os ha llamado a su Reino y gloria.
13 De ahí que también por nuestra parte no cesemos de dar gracias a
Dios porque, al recibir la Palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis,
no como palabra de hombre, sino cual es en verdad, como Palabra de Dios,
que permanece operante en vosotros, los creyentes.
14 Porque vosotros, hermanos, habéis seguido el ejemplo de las
Iglesias de Dios que están en Judea, en Cristo Jesús, pues también vosotros
habéis sufrido de vuestros compatriotas las mismas cosas que ellos de parte
de los judíos;
15 éstos son los que dieron muerte al Señor y a los profetas y los que
nos han perseguido a nosotros; no agradan a Dios y son enemigos de todos
los hombres,
16 impidiéndonos predicar a los gentiles para que se salven; así = van
colmando = constantemente = la medida de sus pecados; = pero la Cólera
irrumpe sobre ellos con vehemencia.
17 Mas nosotros, hermanos, separados de vosotros por breve tiempo –
físicamente, mas no con el corazón – ansiábamos con ardiente deseo ver
vuestro rostro.
18 Por eso quisimos ir a vosotros – yo mismo, Pablo, lo intenté una y
otra vez – pero Satanás nos lo impidió.
19 Pues ¿cuál es nuestra esperanza, nuestro gozo, la = corona = de la
que nos = sentiremos orgullosos, = ante nuestro Señor Jesús en su Venida,
sino vosotros?
20 Sí, vosotros sois nuestra gloria y nuestro gozo.

1 Tesalonicenses 3

1 Por lo cual, no pudiendo soportar más, decidimos quedarnos solos
en Atenas
2 y os enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en
el Evangelio de Cristo, para afianzaros y daros ánimos en vuestra fe,
3 para que nadie vacile en esas tribulaciones. Bien sabéis que este es
nuestro destino:
4 ya cuando estábamos con vosotros os predecíamos que íbamos a
sufrir tribulaciones, y es lo que ha sucedido, como sabéis.
5 Por lo cual también yo, no pudiendo soportar ya más, le envié para
tener noticias de vuestra fe, no fuera que el Tentador os hubiera tentado y
que nuestro trabajo quedara reducido a nada.6 Nos acaba de llegar de ahí Timoteo y nos ha traído buenas noticias
de vuestra fe y vuestra caridad; y dice que conserváis siempre buen
recuerdo de nosotros y que deseáis vernos, así como nosotros a vosotros.
7 Así pues, hermanos, hemos recibido de vosotros un gran consuelo,
motivado por vuestra fe, en medio de todas nuestras congojas y
tribulaciones.
8 Ahora sí que vivimos, pues permanecéis firmes en el Señor.
9 Y ¿cómo podremos agradecer a Dios por vosotros, por todo el gozo
que, por causa vuestra, experimentamos ante nuestro Dios?
10 Noche y día le pedimos insistentemente poder ver vuestro rostro y
completar lo que falta a vuestra fe.
11 Que Dios mismo, nuestro Padre y nuestro Señor Jesús orienten
nuestros pasos hacia vosotros.
12 En cuanto a vosotros, que el Señor os haga progresar y
sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos,
como es nuestro amor para con vosotros,
13 para que se consoliden vuestros corazones con santidad
irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la Venida de nuestro Señor
Jesucristo, = con todos sus santos.

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