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Ezequiel 21

1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia el mediodía, destila tus
palabras hacia el sur, profetiza contra el bosque de la región del Négueb.
3 Dirás al bosque del Négueb: Escucha la palabra de Yahveh. Así dice
el Señor Yahveh: He aquí que yo te prendo fuego, que devorará todo árbol
verde y todo árbol seco; será una llama que no se apagará, y arderá todo,
desde el Négueb hasta el Norte.
4 Todo el mundo verá que yo, Yahveh, lo he encendido; y no se
apagará.
5 – Yo dije: ¡Ah, Señor Yahveh!, ésos andan diciendo de mí: «¿No es
éste un charlatán de parábolas?» –
6 Entonces, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
7 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Jerusalén, destila tus palabras
hacia su santuario y profetiza contra la tierra de Israel.
8 Dirás a la tierra de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy
contra ti; voy a sacar mi espada de la vaina y extirparé de ti al justo y al
malvado.
9 Para extirpar de ti al justo y al malvado va a salir mi espada de la
vaina, contra toda carne, desde el Négueb hasta el Norte.
10 Y todo el mundo sabrá que yo, Yahveh, he sacado mi espada de la
vaina; no será envainada.
11 Y tú, hijo de hombre, lanza gemidos, con corazón quebrantado.
Lleno de amargura, lanzarás gemidos ante sus ojos.
12 Y si acaso te dicen: «¿Por qué esos gemidos?», dirás: «Por causa
de una noticia a cuya llegada todos los corazones desfallecerán,
desmayarán todos los brazos, todos los espíritus se amilanarán, y todas las
rodillas se irán en agua. Ved que ya llega; es cosa hecha, oráculo del Señor
Yahveh.»
13 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
14 Hijo de hombre, profetiza. Dirás: Así dice el Señor. Di: ¡Espada,
espada! Afilada está, bruñida.
15 Para la matanza está afilada, para centellear está bruñida…
16 Se la ha hecho bruñir para empuñarla; ha sido afilada la espada, ha
sido bruñida para ponerla en mano de matador.
17 Grita, da alaridos, hijo de hombre, porque está destinada a mi
pueblo, a todos los príncipes de Israel destinados a la espada con mi pueblo.
Por eso golpéate el pecho,
18 pues la prueba está hecha… oráculo del Señor Yahveh.
19 Y tú, hijo de hombre, profetiza y bate palmas. ¡Golpee la espada
dos, tres veces, la espada de las víctimas, la espada de la gran víctima, que
les amenaza en torno!
20 A fin de que desmaye el corazón y abunden las ocasiones de caída,
en todas las puertas he puesto yo matanza por la espada, hecha para
centellear, bruñida para la matanza.
21 ¡Toma un rumbo: a la derecha, vuélvete a la izquierda, donde tus
filos sean requeridos!
22 Yo también batiré palmas, saciaré mi furor. Yo, Yahveh, he
hablado.
23 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24 Y tú, hijo de hombre, marca dos caminos por donde venga la
espada del rey de Babilonia, que salgan los dos del mismo país, y marca
una señalización, márcala en la cabecera del camino de la ciudad;
25 trazarás el camino para que venga la espada hacia Rabbá de los
ammonitas y hacia Judá, a la fortaleza de Jerusalén.
26 Porque el rey de Babilonia se ha detenido en el cruce, en la
cabecera de los dos caminos, para consultar a la suerte. Ha sacudido las
flechas, ha interrogado a los terafim, ha observado el hígado.
27 En su mano derecha está la suerte de Jerusalén: para situar arietes,
dar la orden de matanza, lanzar el grito de guerra, situar arietes contra las
puertas, levantar un terraplén, hacer trincheras.
28 Para ellos y a sus ojos, no es más que un vano presagio: se les
había dado un juramento. Pero él recuerda las culpas por las que caerán
presos.
29 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por haber hecho recordar
vuestras culpas, descubriendo vuestros crímenes, haciendo aparecer
vuestros pecados en todas vuestras acciones, y porque así se os ha
recordado, caeréis presos en su mano.
30 En cuanto a ti, vil criminal, príncipe de Israel, cuya hora ha llegado
con la última culpa,
31 así dice el Señor Yahveh: La tiara se quitará, se depondrá la
corona, todo será transformado; lo humilde será elevado, lo elevado será
humillado.
32 Ruina, ruina, ruina, eso es lo que haré con él, como jamás la hubo,
hasta que llegue aquel a quien corresponde el juicio y a quien yo se lo
entregaré.
33 Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh a los
ammonitas y sus burlas. Dirás: ¡La espada, la espada está desenvainada para
la matanza, bruñida para devorar, para centellear
34 – mientras se tienen para ti visiones vanas, y para ti se presagia la
mentira -, para degollar a los viles criminales cuya hora ha llegado con la
última culpa!
35 Vuélvela a la vaina. En el lugar donde fuiste creada, en tu tierra de
origen, te juzgaré yo;
36 derramaré sobre ti mi ira, soplaré contra ti el fuego de mi furia, y te
entregaré en manos de hombres bárbaros, agentes de destrucción.
37 Serás pasto del fuego, tu sangre correrá en medio del país, no
quedará de ti recuerdo alguno, porque yo, Yahveh, he hablado.

Ezequiel 22

1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Y tú, hijo de hombre, ¿no vas a juzgar? ¿No vas a juzgar a la ciudad
sanguinaria? Hazle saber todas sus abominaciones.
3 Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Ciudad que derramas sangre en
medio de ti para que llegue tu hora, que haces basuras en tu suelo para
contaminarte,
4 por la sangre que derramaste te has hecho culpable, con las basuras
que hiciste te has contaminado; has adelantado tu hora, ha llegado el
término de tus años. Por eso yo he hecho de ti la burla de las naciones y la
irrisión de todos los países.
5 Próximos y lejanos, se reirán de ti, ciudad de nombre impuro, llena
de desórdenes.
6 Ahí están dentro de ti los príncipes de Israel, cada uno según su
poder, sólo ocupados en derramar sangre.
7 En ti se desprecia al padre y a la madre, en ti se maltrata al forastero
residente, en ti se oprime al huérfano y a la viuda.
8 No tienes respeto a mis cosas sagradas, profanas mis sábados.
9 Hay en ti gente que calumnia para verter sangre. En ti se come en
los montes, y se comete infamia.
10 En ti se descubre la desnudez del propio padre, en ti se hace
violencia a la mujer en estado de impureza.
11 Un comete abominación con la mujer de su prójimo, el otro se
contamina de manera infame con su nuera, otro hace violencia a su
hermana, la hija de su propio padre;
12 en ti se acepta soborno para derramar sangre; tomas a usura e
interés, explotas a tu prójimo con violencia, y te has olvidado de mí,
oráculo del Señor Yahveh.
13 Mira, yo voy a batir palmas a causa de los actos de pillaje que has
cometido y de la sangre que corre en medio de ti.
14 ¿Podrá tu corazón resistir y tus manos seguir firmes el día en que
yo actúe contra ti? Yo, Yahveh, he hablado y lo haré.
15 Te dispersaré entre las naciones, te esparciré por los países, borraré
la impureza que hay en medio de ti,
16 por ti misma te verás profanada a los ojos de las naciones, y sabrás
que yo soy Yahveh.
17 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria;
todos son cobre, estaño, hierro, plomo, en medio de un horno; ¡escoria son!
19 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por haberos convertido todos
vosotros en escoria, por eso voy a juntaros en medio de Jerusalén.
20 Como se pone junto plata, cobre, hierro, plomo y estaño en el
horno, y se atiza el fuego por debajo para fundirlo todo, así os juntaré yo en
mi cólera y mi furor; os pondré y os fundiré.
21 Os reuniré, atizaré contra vosotros el fuego de mi furia, y os
fundiré en medio de la ciudad.
22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos
vosotros en medio de ella, y sabréis que yo, Yahveh, he derramado mi furor
sobre vosotros.
23 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24 Hijo de hombre, dile: Eres una tierra que no ha tenido lluvia ni
inundación en el día de la Ira;
25 los príncipes que en ella residen son como un león rugiente que
desgarra su presa. Han devorado a la gente, se han apoderado de haciendas
y joyas, han multiplicado las viudas en medio de ella.
26 Sus sacerdotes han violado mi ley y profanado mis cosas sagradas;
no han hecho diferencia entre lo sagrado y lo profano, ni han enseñado a
distinguir entre lo puro y lo impuro; se han tapado los ojos para no ver mis
sábados, y yo he sido deshonrado en medio de ellos.
27 Sus jefes, en medio de ella, son como lobos que desgarran su presa,
que derraman sangre, matando a las personas para robar sus bienes.
28 Sus profetas los han recubierto de argamasa con sus vanas visiones
y sus presagios mentirosos, diciendo: «Así dice el Señor Yahveh», cuando
Yahveh no había hablado.
29 El pueblo de la tierra ha hecho violencia y cometido pillaje, ha
oprimido al pobre y al indigente, ha maltratado al forastero sin ningún
derecho.
30 He buscado entre ellos alguno que construyera un muro y se
mantuviera de pie en la brecha ante mí, para proteger la tierra e impedir que
yo la destruyera, y no he encontrado a nadie.
31 Entonces he derramado mi ira sobre ellos; en el fuego de mi furia
los he exterminado: he hecho caer su conducta sobre su cabeza, oráculo del
Señor Yahveh.

Ezequiel 23

1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre: Había dos mujeres, hijas de la misma madre.
3 Se prostituyeron en Egipto; se prostituyeron en su juventud. Allí
fueron palpados sus pechos y acariciado su seno virginal.
4 Estos eran sus nombres: Oholá, la mayor, y Oholibá, su hermana.
Fueron mías y dieron a luz hijos e hijas. Sus nombres: Oholá es Samaria;
Oholibá, Jerusalén.
5 Oholá se prostituyó cuando me pertenecía a mí; se enamoró
perdidamente de sus amantes, los asirios sus vecinos,
6 vestidos de púrpura, gobernadores y prefectos, todos ellos jóvenes
apuestos y hábiles caballeros.
7 Les otorgó sus favores – eran todos ellos la flor de los asirios – y, con
todos aquellos de los que se había enamorado, se contaminó al contacto de
todas sus basuras.
8 No cejó en sus prostituciones comenzadas en Egipto, donde se
habían acostado con ella en su juventud, acariciando su seno virginal, y
desahogando con ella su lascivia.
9 Por eso yo la entregué en manos de sus amantes, en manos de los
asirios de los que se había enamorado.
10 Estos descubrieron su desnudez, se llevaron a sus hijos y sus hijas,
y a ella misma la mataron a espada. Vino así a ser ejemplo para las mujeres,
porque se había hecho justicia de ella.
11 Su hermana Oholibá vio esto, pero su pasión y sus prostituciones
fueron todavía más escandalosas que las de su hermana.
12 Se enamoró de los asirios, gobernadores y prefectos, vecinos
suyos, magníficamente vestidos, hábiles caballeros, y todos ellos jóvenes
apuestos.
13 Yo vi que estaba impura; la conducta era la misma para las dos,
14 pero ésta superó sus prostituciones: vio hombres pintados en la
pared, figuras de caldeos pintadas con bermellón,
15 con cinto en las caderas y amplios turbantes en sus cabezas, con
aspecto de escuderos todos ellos, que representaban a los babilonios,
caldeos de origen,
16 y en cuanto los vio se enamoró de ellos y les envió mensajeros a
Caldea.
17 Los babilonios vinieron donde ella, a compartir el lecho de los
amores y a contaminarla con su lascivia; y cuando se contaminó con ellos,
su deseo se apartó de ellos.
18 Dejó así al descubierto sus prostituciones y su desnudez; y yo me
aparté de ella como me había apartado de su hermana.
19 Pero ésta multiplicó sus prostituciones, acordándose de los días de
su juventud, cuando se prostituía en el país de Egipto,
20 y se enamoraba de aquellos disolutos de carne de asnos y
miembros de caballos.
21 Has renovado así la inmoralidad de tu juventud, cuando en Egipto
acariciaban tu busto palpando tus pechos juveniles.
22 Pues bien, Oholibá, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo
suscito contra ti a todos tus amantes, de los que te has apartado; los voy a
traer contra ti de todas partes,
23 a los babilonios y a todos los caldeos, los de Pecod, de Soa y de
Coa, y con ellos a todos los asirios, jóvenes apuestos, gobernadores y
prefectos, todos ellos escuderos de título y hábiles caballeros;
24 y vendrán contra ti desde el norte carros y carretas, con una
asamblea de pueblos. Por todas partes te opondrán el pavés, el escudo y el
yelmo. Yo les daré el encargo de juzgarte y te juzgarán conforme a su
derecho.
25 Desencadenaré mis celos contra ti, y te tratarán con furor, te
arrancarán la nariz y las orejas, y lo que quede de los tuyos caerá a espada;
se llevarán a tus hijos y a tus hijas, y lo que quede de los tuyos será
devorado por el fuego.
26 Te despojarán de tus vestidos y se apoderarán de tus joyas.
27 Yo pondré fin a tu inmoralidad y a tus prostituciones comenzadas
en Egipto; no levantarás más tus ojos hacia ellos, ni volverás a acordarte de
Egipto.
28 Porque así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo te entrego en
manos de los que detestas, en manos de aquellos de los que te has apartado.
29 Ellos te tratarán con odio, se apoderarán de todo el fruto de tu
trabajo y te dejarán completamente desnuda. Así quedará al descubierto la
vergüenza de tus prostituciones. Tu inmoralidad y tus prostituciones
30 te han acarreado todo esto, por haberte prostituido a las naciones,
por haberte contaminado con sus basuras.
31 Has imitado la conducta de tu hermana, y yo pondré su cáliz en tu
mano.
32 Así dice el Señor Yahveh: Beberás el cáliz de tu hermana, cáliz
ancho y profundo, que servirá de burla e irrisión, tan grande es su cabida.
33 Te empaparás de embriaguez y de aflicción. Cáliz de desolación y
de angustia, el cáliz de tu hermana Samaria.
34 Lo beberás, lo apurarás; roerás hasta los cascotes, y te desgarrarás
el seno. Porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh.
35 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Puesto que me has olvidado y
me has arrojado a tus espaldas, carga tú también con tu inmoralidad y tus
prostituciones.
36 Después, Yahveh me dijo: Hijo de hombre, ¿vas a juzgar a Oholá y
Oholibá? Repróchales sus abominaciones.
37 Han cometido adulterio, están ensangrentadas sus manos, han
cometido adulterio con sus basuras, y hasta a sus hijos, que me habían dado
a luz, los han hecho pasar por el fuego como alimento para ellas.
38 Han llegado a hacerme hasta esto: han contaminado mi santuario
en este día y han profanado mis sábados;
39 después de haber inmolado sus hijos a sus basuras, el mismo día,
han entrado en mi santuario para profanarlo. Esto es lo que han hecho en mi
propia casa.
40 Más aún, mandaron en busca de hombres que vinieran de lejos,
enviándoles un mensajero, y cuando vinieron te bañaste, te pintaste los ojos
y te pusiste las joyas;
41 luego te reclinaste en un espléndido diván, ante el cual estaba
aderezada una mesa en la que habías puesto mi incienso y mi aceite.
42 Se oía allí el ruido de una turba indolente, por la multitud de
hombres, de bebedores traídos del desierto; ponían ellos brazaletes en las
manos de ellas y una corona preciosa en su cabeza.
43 Y yo decía de aquella que estaba gastada de adulterios: Todavía
sigue entregándose a sus prostituciones,
44 y vienen donde ella, como se viene donde una prostituta. Así han
venido donde Oholá y Oholibá, estas mujeres depravadas.
45 Pero hay hombres justos que les aplicarán el juicio reservado a las
adúlteras y a las que derraman sangre, porque ellas son adúlteras y hay
sangre en sus manos.
46 Porque así dice el Señor Yahveh: Convóquese contra ellas una
asamblea para entregarlas al terror y al pillaje,
47 y la asamblea las matará a pedradas y las acribillará a golpes de
espada; matarán a sus hijos y a sus hijas, y prenderán fuego a sus casas.
48 Yo pondré fin a la inmoralidad en esta tierra; todas las mujeres
quedarán así avisadas y no imitarán vuestra inmoralidad.
49 Se hará recaer sobre vosotras vuestra inmoralidad, cargaréis con los
pecados cometidos con vuestras basuras, y sabréis que yo soy el Señor
Yahveh.

Ezequiel 24

1 El año noveno, el día diez del décimo mes, la palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, escribe la fecha de hoy, de este mismo día, porque
el rey de Babilonia se ha lanzado sobre Jerusalén precisamente en este día.
3 Compón una parábola sobre esta casa de rebeldía. Les dirás: Así
dice el Señor Yahveh: Arrima la olla al fuego, arrímala, y echa agua en ella.
4 Amontona dentro trozos de carne, todos los trozos buenos, pierna y
espalda. Llénala de los huesos mejores.
5 Toma lo mejor del ganado menor. Apila en torno la leña debajo,
hazla hervir a borbotones, de modo que hasta los huesos se cuezan.
6 Porque así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad sanguinaria, olla
toda roñosa, cuya herrumbre no se le va! ¡Vacíala trozo a trozo, sin echar
suertes sobre ella!
7 Porque su sangre está en medio de ella, la ha esparcido sobre la roca
desnuda, no la ha derramado en la tierra recubriéndola de polvo.
8 Para que el furor desborde, para tomar venganza, he puesto yo su
sangre sobre roca desnuda, para que no fuera recubierta.
9 Pues bien, así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad sanguinaria!
También yo voy a hacer un gran montón de leña.
10 Apila bien la leña, enciende el fuego, cuece la carne a punto,
prepara las especias, que los huesos se abrasen.
11 Y mantén la olla vacía sobre las brasas, para que se caliente, se
ponga al rojo el bronce, se funda dentro de ella su suciedad, y su herrumbre
se consuma.
12 Pero ni por el fuego se va la herrumbre de la que está roñosa.
13 De la impureza de tu inmoralidad he querido purificarte, pero tú no
te has dejado purificar de tu impureza. No serás, pues, purificada hasta que
yo no desahogue mi furor en ti.
14 Yo, Yahveh, he hablado, y cumplo la palabra: no me retraeré, no
tendré piedad ni me compadeceré. Según tu conducta y según tus obras te
juzgarán, oráculo del Señor Yahveh.
15 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
16 «Hijo de hombre, mira, voy a quitarte de golpe el encanto de tus
ojos. Pero tú no te lamentarás, no llorarás, no te saldrá una lágrima.
17 Suspira en silencio, no hagas duelo de muertos; ciñe el turbante a
tu cabeza, ponte tus sandalias en los pies, no te cubras la barba, no comas
pan ordinario.»
18 Yo hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y
al día siguiente por la mañana hice como se me había ordenado.
19 El pueblo me dijo: «¿No nos explicarás qué significado tiene para
nosotros lo que estás haciendo?»
20 Yo les dije: «La palabra de Yahveh me ha sido dirigida en estos
términos:
21 Di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo
voy a profanar mi santuario, orgullo de vuestra fuerza, encanto de vuestros
ojos, pasión de vuestras almas. Vuestros hijos y vuestras hijas que habéis
abandonado, caerán a espada.
22 Y vosotros haréis como yo he hecho: no os cubriréis la barba, no
comeréis pan ordinario,
23 seguiréis llevando vuestros adornos en la cabeza y vuestras
sandalias en los pies, no os lamentaréis ni lloraréis. Os consumiréis a causa
de vuestras culpas y gemiréis los unos con los otros.
24 Ezequiel será para vosotros un símbolo; haréis todo lo que él ha
hecho. Y cuando esto suceda, sabréis que yo soy el Señor Yahveh.»
25 Y tú, hijo de hombre, el día en que yo les quite su apoyo, su alegre
ornato, el encanto de sus ojos, el anhelo de su alma, sus hijos y sus hijas,
26 ese día llegará donde ti el fugitivo que traerá la noticia.
27 Aquel día se abrirá tu boca para hablar al fugitivo; hablarás y ya no
seguirás mudo; serás un símbolo para ellos, y sabrán que yo soy Yahveh.

Ezequiel 25

1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia los ammonitas y profetiza
contra ellos.
3 Dirás a los ammonitas: Escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así
dice el Señor Yahveh: Por haber dicho: «¡Ja, ja!» sobre mi santuario cuando
era profanado, sobre la tierra de Israel cuando era devastada y sobre la casa
de Judá cuando marchaba al destierro,
4 por eso, he aquí que yo te entrego en posesión a los hijos de Oriente;
emplazarán en ti sus campamentos, y pondrán en ti sus tiendas; ellos
comerán tus frutos y ellos beberán tu leche.
5 Yo haré de Rabbá un establo de camellos, y de las ciudades de
Ammón un redil de ovejas. Y sabréis que yo soy Yahveh.
6 Así dice el Señor Yahveh: Por haber batido palmas y haber
pataleado, por haberte alegrado, con todo tu desprecio y animosidad, a costa
de la tierra de Israel,
7 por eso, he aquí que yo extiendo mi mano contra ti y te entregaré al
saqueo de las naciones, te extirparé de entre los pueblos y te exterminaré de
entre los países. Te destruiré, y sabrás que yo soy Yahveh.
8 Así dice el Señor Yahveh: Porque Moab y Seír han dicho: «Mirad,
la casa de Judá es igual que todas las naciones»,
9 por eso, he aquí que yo voy a abrir las espaldas de Moab, y a
destruir de un extremo al otro sus ciudades, las joyas de ese país, Bet
Hayesimot, Baal Meón, Quiryatáyim.
10 A los hijos de Oriente, además de los ammonitas, la entrego en
posesión, para que no se recuerde más entre las naciones.
11 Haré justicia de Moab, y se sabrá que yo soy Yahveh.
12 Así dice el Señor Yahveh: Porque Edom ha ejecutado su venganza
sobre la casa de Judá y se ha hecho gravemente culpable al vengarse de ella,
13 por eso, así dice el Señor Yahveh: Yo extenderé mi mano contra
Edom y extirparé de ella hombres y bestias. La convertiré en desierto; desde
Temán a Dedán caerán a espada.
14 Pondré mi venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel,
que tratará a Edom según mi cólera y mi furor, y se sabrá lo que es mi
venganza, oráculo del Señor Yahveh.
15 Así dice el Señor Yahveh: Porque los filisteos han actuado
vengativamente y han ejecutado su venganza con desprecio y animosidad,
tratando de destruir a impulsos de un odio eterno,
16 por eso, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo extiendo mi
mano contra los filisteos; extirparé a los kereteos y destruiré lo que queda
en el litoral del mar.
17 Ejecutaré contra ellos terribles venganzas, furiosos escarmientos, y
sabrán que yo soy Yahveh, cuando les aplique mi venganza.

Ezequiel 26

1 El año undécimo, el día primero del mes, la palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, porque Tiro ha dicho contra Jerusalén: «¡Ja, ja! ahí
está rota, la puerta de los pueblos; se vuelve hacia mí, su riqueza está en
ruinas»,
3 por eso, así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Tiro. Voy a
hacer subir contra ti a naciones numerosas, como el mar hace subir sus olas.
4 Derruirán las murallas de Tiro y abatirán sus torres. Yo barreré de
ella hasta el polvo y la dejaré como roca pelada.
5 Quedará, en medio del mar, como un secadero de redes. Porque he
hablado yo, oráculo del Señor Yahveh. Tiro será presa propicia para las
naciones.
6 Y sus hijas que están tierra adentro serán muertas a espada. Y se
sabrá que yo soy Yahveh.
7 Pues así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo traigo contra Tiro,
por el norte, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos,
carros y jinetes y gran número de tropas.
8 A tus hijas que están tierra adentro las matará a espada. Hará contra
ti trincheras, levantará contra ti un terraplén, alzará contra ti un testudo,
9 lanzará los golpes de su ariete contra tus murallas, demolerá tus
torres con sus máquinas.
10 Sus caballos son tan numerosos que su polvo te cubrirá. Al
estrépito de su caballería, de sus carros y carretas, trepidarán tus murallas
cuando entre él por tus puertas, como se entra en una ciudad, brecha abierta.
11 Con los cascos de sus caballos hollará todas tus calles, a tu pueblo
pasará a cuchillo, y tus grandiosas estelas se desplomarán en tierra.
12 Se llevarán como botín tus riquezas, saquearán tus mercancías,
destruirán tus murallas, demolerán tus casas suntuosas. Tus piedras, tus
vigas y tus escombros los echarán al fondo de las aguas.
13 Yo haré cesar la armonía de tus canciones, y no se volverá a oír el
son de tus cítaras.
14 Te convertiré en roca pelada, quedarás como secadero de redes; no
volverás a ser reconstruida, porque yo, Yahveh, he hablado, oráculo del
Señor Yahveh.
15 Así dice el Señor Yahveh a Tiro: Al estruendo de tu caída, cuando
giman las víctimas, cuando hierva la carnicería en medio de ti, ¿no
temblarán las islas?
16 Bajarán de sus tronos todos los príncipes del mar, se quitarán sus
mantos, dejarán sus vestidos recamados. Se vestirán de pavores, se sentarán
en tierra, sin tregua temblarán y quedarán pasmados por ti.
17 Entonarán por ti una elegía y te dirán: ¡Ah! ahí estás destruida,
desaparecida de los mares, la ciudad famosa, que fue poderosa en el mar,
con tus habitantes, los que infundían el terror en todo el continente.
18 Ahora tiemblan las islas en el día de tu caída, las islas del mar están
aterradas de tu fin.
19 Porque así dice el Señor Yahveh: Cuando yo te convierta en una
ciudad en ruinas como las ciudades despobladas, cuando yo empuje sobre ti
el océano, y te cubran las muchas aguas,
20 entonces te precipitaré con los que bajan a la fosa, con el pueblo de
antaño; te haré habitar en los infiernos, como las ruinas de antaño, con los
que bajan a la fosa, para que no vuelvas a ser restablecida en la tierra de los
vivos.
21 Haré de ti un objeto de espanto, y no existirás más. Se te buscará y
no se te encontrará jamás, oráculo del Señor Yahveh.

Eclesiástico 31

1 El insomnio por la riqueza consume las carnes, las preocupaciones
que trae ahuyentan el sueño.
2 Las preocupaciones del día impiden dormir, la enfermedad grave
quita el sueño.
3 Se afana el rico por juntar riquezas, y cuando descansa, se hastía de
sus placeres.
4 Se afana el pobre por falta de sustento, y cuando descansa, se acaba
en la indigencia.
5 El que ama el oro no se verá justificado, el que anda tras el lucro se
extraviará en él.
6 Muchos se arruinaron por causa del oro, su perdición la tenían
delante.
7 Es leño de tropiezo para los que le ofrecen sacrificios, y todo
insensato queda preso en él.
8 Feliz el rico que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue.
9 ¿Quién es, y le felicitaremos?, pues obró maravillas en su pueblo.
10 ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? será para él
motivo de gloria. ¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó, hacer mal y no lo
hizo?
11 Sus bienes se consolidarán, y la asamblea hablará de sus bondades.
12 ¿En mesa suntuosa te has sentado?, no abras hacia ella tus fauces,
no digas: «¡Qué de cosas hay aquí!»
13 Recuerda que es cosa mala tener un ojo ávido, ¿qué ha sido creado
peor que el ojo? por eso, por cualquier cosa llora.
14 Donde mire tu huésped no extiendas tú la mano, y no te eches
sobre el plato al tiempo que él.
15 Juzga al prójimo como a ti mismo, y en todo asunto actúa con
reflexión.
16 Come como hombre bien educado lo que tienes delante, no te
muestres glotón, para no hacerte odioso.
17 Termina el primero por educación, no seas insaciable, y no tendrás
tropiezo.
18 Si en medio de muchos te has sentado a la mesa, no alargues tu
mano antes que ellos.
19 ¡Qué poco le basta a un hombre bien educado!, y luego en el lecho
no resuella.
20 A vientre moderado, sueño saludable, se levanta temprano y es
dueño de sí. Insomnio, vómitos y cólicos le esperan al hombre insaciable.
21 Si te viste obligado a comer demasiado, levántate, vomítalo lejos,
y quedarás tranquilo.
22 Oyeme, hijo, y no me desprecies, al fin comprenderás mis
palabras. En todo lo que hagas sé moderado, y no te vendrá enfermedad
alguna.
23 Al espléndido en las comidas le bendicen los labios, el testimonio
de su munificencia es firme.
24 Al mezquino en la comida le murmura la ciudad, el testimonio de
su mezquindad es minucioso.
25 Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el
vino.
26 El horno prueba el temple del acero, así el vino a los corazones en
disputa de orgullosos.
27 Como la vida es el vino para el hombre, si lo bebes con medida.
¿Qué es la vida a quien le falta el vino, que ha sido creado para contento de
los hombres?
28 Regocijo del corazón y contento del alma es el vino bebido a
tiempo y con medida.
29 Amargura del alma, el vino bebido con exceso por provocación o
desafío.
30 La embriaguez acrecienta el furor del insensato hasta su caída,
disminuye la fuerza y provoca las heridas.
31 En banquete no reproches a tu prójimo, no le desprecies cuando
está contento, palabra injuriosa no le digas ni le molestes reclamándole
dinero.

Eclesiástico 32

1 ¿Te han nombrado presidente? No te engrías, sé entre los demás
como uno de ellos; atiéndeles, y después te sientas.
2 Cuando hayas cumplido todo tu menester, tomo asiento, para que
con ellos te alegres, y por tu acierto recibas la corona.
3 Habla, anciano, que te está bien, pero con discreción y sin estorbar
la música.
4 Durante la audición, no derrames locuacidad, no te hagas el sabio a
destiempo.
5 Sello de carbunclo en alhaja de oro, así es un concierto musical de
un banquete.
6 Sello de esmeralda en montura de oro, así es una melodía entre vino
delicioso.
7 Habla, joven, si te es necesario, dos veces a lo sumo, si se te
pregunta.
8 Resume tu discurso, di mucho en poco, sé como quien sabe y al
mismo tiempo calla.
9 Entre grandes no te iguales a ellos, si otro habla, no te excedas en
hablar.
10 Al trueno se adelanta el relámpago, así al modesto le antecede la
gracia.
11 Llegada la hora levántate, no te rezagues, ve corriendo a casa, no
te hagas el remolón.
12 Allí, diviértete y haz lo que te plazca, mas no peques con palabras
insolentes.
13 Y por todo esto bendice a tu Hacedor, que te colma de sus bienes.

1 Juan 3

1 Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios,
pues ¡lo somos!. El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
2 Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo
que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él,
porque le veremos tal cual es.
3 Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como
él es puro.
4 Todo el que comete pecado comete también la iniquidad, pues el
pecado es la iniquidad.
5 Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados y en él no hay
pecado.
6 Todo el que permanece en él, no peca. Todo el que peca, no le ha
visto ni conocido.


7 Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo.
8 Quien comete el pecado es del Diablo, pues el Diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del Diablo.
9 Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado porque su germen permanece en él; y no puede pecar porque ha nacido de Dios.
10 En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del Diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.

11 Pues este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos
amemos unos a otros.
12 No como Caín, que, siendo del Maligno, mató a su hermano. Y
¿por qué le mató? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su
hermano eran justas.
13 No os extrañéis, hermanos, si el mundo os aborrece.
14 Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque
amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte.
15 Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que
ningún asesino tiene vida eterna permanente en él.
16 En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por
nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos.
17 Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer
necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de
Dios?
18 Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y
según la verdad.
19 En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos
nuestra conciencia ante Él,
20 en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor
que nuestra conciencia y conoce todo.
21 Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena
confianza ante Dios,
22 y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus
mandamientos y hacemos lo que le agrada.
23 Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo,
Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó.
24 Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él;
en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

1 Juan 4

1 Queridos, no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los
espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
2 Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que
confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios;
3 y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es el del
Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el
mundo.
4 Vosotros, hijos míos, sois de Dios y los habéis vencido. Pues el que
está en vosotros es más que el que está en el mundo.
5 Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los
escucha.
6 Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien
no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y
el espíritu del error.
7 Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo
el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
8 Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor.
9 En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió
al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él.
10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a
Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por
nuestros pecados.
11 Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros
debemos amarnos unos a otros.
12 A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios
permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
13 En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en
que nos ha dado de su Espíritu.
14 Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a
su Hijo, como Salvador del mundo.
15 Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él
y él en Dios.
16 Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos
creído en él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en
Dios y Dios en él.
17 En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que
tengamos confianza en el día del Juicio, pues como él es, así somos
nosotros en este mundo.
18 No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el
temor, porque el temor mira el castigo;
19 quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. Nosotros
amemos, porque él nos amó primero.
20 Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un
mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a
Dios a quien no ve.
21 Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame
también a su hermano.

1 Juan 5

1 Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el
que ama a aquel que da el ser ama también al que ha nacido de él.
2 En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a
Dios y cumplimos sus mandamientos.
3 Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus
mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados,
4 pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha
conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
5 Pues, ¿quien es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es
el Hijo de Dios?
6 Este es el que vino por el agua y por la sangre: Jesucristo; no
solamente en el agua, sino en el agua y en la sangre. Y el Espíritu es el que
da testimonio, porque el Espíritu es la Verdad.
7 Pues tres son los que dan testimonio:
8 el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres convienen en lo mismo.
9 Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio
de Dios, pues este es el testimonio de Dios, que ha testimoniado acerca de
su Hijo.
10 Quien cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo.
Quien no cree a Dios le hace mentiroso, porque no ha creído en el
testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.
11 Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna y esta
vida está en su Hijo.
12 Quien tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo, no tiene la
vida.
13 Os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de
Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna.
14 En esto está la confianza que tenemos en él: en que si le pedimos
algo según su voluntad, nos escucha.
15 Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que
tenemos conseguido lo que hayamos pedido.
16 Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de
muerte, pida y le dará vida – a los que cometan pecados que no son de
muerte pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida -.
17 Toda iniquidad es pecado, pero hay pecado que no es de muerte.
18 Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el
Engendrado de Dios le guarda y el Maligno no llega a tocarle.
19 Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder
del Maligno.
20 Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado
inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el
Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la Vida
eterna.
21 Hijos míos, guardaos de los ídolos..

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