# 147

AMÓS

Amós 1

1 Palabras de Amós, uno de los pastores de Técoa. Visiones que tuvo
acerca de Israel, en tiempo de Ozías, rey de Judá, y en tiempo de Jeroboam,
hijo de Joás, rey de Israel, dos años antes del terremoto.
2 Dijo: Ruge Yahveh desde Sión, desde Jerusalén da su voz; los
pastizales de los pastores están en duelo, y la cumbre del Carmelo se seca.
3 Así dice Yahveh: ¡Por tres crímenes de Damasco y por cuatro, seré
inflexible! Por haber triturado con trillos de hierro a Galaad,
4 yo enviaré fuego a la casa de Jazael, que devorará los palacios de
Ben Hadad;
5 romperé el cerrojo de Damasco, extirparé al habitante de Bicat Aven
y de Bet Eden al que empuña el cetro; y el pueblo de Aram irá cautivo a
Quir, dice Yahveh.
6 Así dice Yahveh: ¡Por tres crímenes de Gaza y por cuatro, seré
inflexible! Por haber deportado poblaciones enteras, para entregarlas a
Edom,
7 yo enviaré fuego a la muralla de Gaza, que devorará sus palacios;
8 extirparé al habitante de Asdod y de Ascalón al que empuña el cetro;
volveré mi mano contra Ecrón, y perecerá lo que queda de los filisteos, dice
el Señor Yahveh.
9 Así dice Yahveh: ¡Por tres crímenes de Tiro y por cuatro, seré
inflexible! Por haber entregado poblaciones enteras de cautivos a Edom, sin
acordarse de la alianza entre hermanos,
10 yo enviaré fuego a la muralla de Tiro, que devorará sus palacios.
11 Así dice Yahveh: ¡Por tres crímenes de Edom y por cuatro, seré
inflexible! Por haber perseguido con espada a su hermano, ahogando toda
piedad, por mantener para siempre su cólera, y guardar incesante su rencor,
12 yo enviaré fuego a Temán, que devorará los palacios de Bosrá.
13 Así dice Yahveh: ¡Por tres crímenes de los hijos de Ammón y por
cuatro, seré inflexible! Por haber reventado a las mujeres encintas de
Galaad, para ensanchar su territorio,
14 yo prenderé fuego a la muralla de Rabbá, que devorará sus
palacios, en el clamor en día de combate, en la tormenta en día de huracán;
15 y su rey irá al cautiverio, juntamente con sus príncipes, dice
Yahveh.

Amós 2

1 Así dice Yahveh: ¡Por tres crímenes de Moab y por cuatro, seré
inflexible! Por haber quemado hasta calcinar los huesos del rey de Edom,
2 yo enviaré fuego a Moab que devorará los palacios de Queriyyot, y
morirá con estruendo Moab, entre clamor, al son del cuerno;
3 de en medio de él extirparé yo al juez, y a todos sus príncipes los
mataré con él, dice Yahveh.
4 Así dice Yahveh: ¡Por tres crímenes de Judá y por cuatro, seré
inflexible! Por haber despreciado la Ley de Yahveh, y no haber guardado
sus preceptos, porque los han extraviado sus Mentiras, las que ya habían
seguido sus padres,
5 yo enviaré fuego a Judá que devorará los palacios de Jerusalén.
6 Así dice Yahveh: ¡Por tres crímenes de Israel y por cuatro, seré
inflexible! Porque venden al justo por dinero y al pobre por un par de
sandalias;
7 pisan contra el polvo de la tierra la cabeza de los débiles, y el
camino de los humildes tuercen; hijo y padre acuden a la misma moza, para
profanar mi santo Nombre;
8 sobre ropas empeñadas se acuestan junto a cualquier altar, y el vino
de los que han multado beben en la casa de su dios…
9 Yo había destruido al amorreo delante de ellos, que era alto como la
altura de los cedros y fuerte como las encinas; yo había destruido su fruto
por arriba y sus raíces por abajo.
10 Y yo os hice subir a vosotros del país de Egipto y os llevé por el
desierto cuarenta años, para que poseyeseis la tierra del amorreo.
11 Yo suscité profetas entre vuestros hijos, y nazireos entre vuestos
jóvenes. ¿No es así, hijos de Israel?, oráculo de Yahveh.
12 Y vosotros habéis hecho beber vino a los nazireos, y habéis
conminado a los profetas, diciendo: «¡No profeticéis!»
13 ¡Pues bien, yo os estrujaré debajo, como estruja el carro que está
lleno de haces!
14 Entonces le fallará la huida al raudo, el fuerte no podrá desplegar
su vigor, y ni el bravo salvará su vida.
15 El que maneja el arco no resistirá, no se salvará el de pies ligeros,
el que monta a caballo no salvará su vida,
16 y el más esforzado entre los bravos huirá desnudo el día aquel,
oráculo de Yahveh.

Amós 3

1 Escuchad esta palabra que dice Yahveh contra vosotros, hijos de
Israel, contra toda la familia que yo hice subir del país de Egipto:
2 Solamente a vosotros conocí de todas las familias de la tierra; por
eso yo os visitaré por todas vuestras culpas.
3 Caminan acaso dos juntos, sin haberse encontrado?
4 ¿Ruge el león en la selva sin que haya presa para él? ¿Lanza el
leoncillo su voz desde su cubil, si no ha atrapado algo?
5 ¿Cae un pájaro a tierra en el lazo, sin que haya una trampa para él?
¿Se alza del suelo el lazo sin haber hecho presa?
6 ¿Suena el cuerno en una ciudad sin que el pueblo se estremezca?
¿Cae en una ciudad el infortunio sin que Yahveh lo haya causado?
7 No, no hace nada el Señor Yahveh sin revelar su secreto a sus
siervos los profetas.
8 Ruge el león, ¿quién no temerá? Habla el Señor Yahveh, ¿quién no
profetizará?
9 Pregonad en los palacios de Asur, y en los palacios del país de
Egipto; decid: ¡Congregaos contra los montes de Samaria, y ved cuántos
desórdenes en ella, cuánta violencia en su seno!
10 No saben obrar con rectitud – oráculo de Yahveh – los que
amontonan violencia y rapiña en sus palacios.
11 Por eso, así dice el Señor Yahveh: El adversario invadirá la tierra,
abatirá tu fortaleza y serán saqueados tus palacios.
12 Así dice Yahveh: Como salva el pastor de la boca del león dos
patas o la punta de una oreja, así se salvarán los hijos de Israel, los que se
sientan en Samaria, en el borde de un lecho y en un diván de Damasco.
13 Oíd y atestiguad contra la casa de Jacob – oráculo del Señor
Yahveh, Dios Sebaot –
14 que el día que yo visite a Israel por sus rebeldías, visitaré los altares
de Betel; serán derribados los cuernos del altar y caerán por tierra.
15 Sacudiré la casa de invierno con la casa de verano, se acabarán las
casas de marfil, y muchas casas desaparecerán, oráculo de Yahveh.

Amós 4

1 Escuchad esta palabra, vacas de Basán, que estáis en la montaña de
Samaria, que oprimís a los débiles, que maltratáis a los pobres, que decís a
vuestros maridos: «¡Traed, y bebamos!»
2 El Señor Yahveh ha jurado pro su santidad: He aquí que vienen días
sobre vosotras en que se os izará con ganchos, y, hasta las últimas, con
anzuelos de pescar.
3 Por brechas saldréis cada una a derecho, y seréis arrojadas al
Hermón, oráculo de Yahveh.
4 ¡Id a Betel a rebelaros, multiplicad en Guilgal vuestras rebeldías,
llevad de mañana vuestros sacrificios cada tres días vuestros diezmos;
5 quemad levadura en acción de gracias, y pregonad las ofrendas
voluntarias, voceadlas, ya que es eso lo que os gusta, hijos de Israel!,
oráculo del Señor Yahveh.
6 Yo también os he dado dientes limpios en todas vuestras ciudades, y
falta de pan en todos vuestros lugares; ¡y no habéis vuelto a mí! oráculo de
Yahveh.
7 También os he cerrado la lluvia, a tres meses todavía de la siega; he
hecho llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no he hecho llover; una
parcela recibía lluvia, y otra parcela, falta de lluvia, se secaba;
8 dos, tres ciudades acudían a otra ciudad a beber agua, pero no
calmaban su sed; ¡y no habéis vuelto a mí!, oráculo de Yahveh.
9 Os he herido con tizón y añublo, he secado vuestras huertas y
viñedos; vuestras higueras y olivares los ha devorado la langosta; ¡y no
habéis vuelto a mí!, oráculo de Yahveh.
10 He enviado contra vosotros peste, como la peste de Egipto, he
matado a espada a vuestros jóvenes, mientras vuestros caballos eran
capturados; he hecho subir a vuestras narices el hedor de vuestros
campamentos, ¡y no habéis vuelto a mí!, oráculo de Yahveh.
11 Os he trastornado como Dios trastornó a Sodoma y Gomorra,
habéis quedado como un tizón salvado de un incendio; ¡y no habéis vuelto a
mí!, oráculo de Yahveh.
12 Por eso, así voy a hacer contigo, Israel, y porque esto voy a
hacerte, prepárate, Israel, a afrontar a tu Dios.
13 Porque está aquí quien forma los montes y crea el viento, quien
descubre al hombre cuál es su pensamiento, quien hace aurora las tinieblas,
y avanza por las alturas de la tierra: Yahveh, Dios Sebaot es su nombre.

Amós 5

1 Escuchad esta palabra que yo entono contra vosotros como elegía,
casa de Israel:

2 ¡Ha caído, no volverá ya a levantarse, la virgen de Israel; postrada
está en su suelo, no hay quien la levante!
3 Porque así dice el Señor Yahveh a la casa de Israel: La ciudad que
sacaba mil a campaña quedará sólo con cien, y la que sacaba cien quedará
sólo con diez.
4 Porque así dice Yahveh a la casa de Israel: ¡Buscadme a mí y
viviréis!
5 Pero no busquéis a Betel, no vayáis a Guilgal ni paséis a Berseba,
porque Guilgal será deportada sin remedio, y Betel será reducida a la nada.
6 ¡Buscad a Yahveh y viviréis, no sea que caiga él como fuego sobre
la casa de José, y devore a Betel sin que haya quien apague!
7 ¡Ay de los que cambian en ajenjo el juicio y tiran por tierra la
justicia,
8 El hace las Pléyades y Orión, trueca en mañana las sombras, y hace
oscurecer el día en noche. El llama a las aguas del mar, y sobre la haz de la
tierra las derrama, Yahveh es su nombre;
9 él desencadena ruina sobre el fuerte y sobre la ciudadela viene la
devastación.
10 Detestan al censor en la Puerta y aborrecen al que habla con
sinceridad!
11 Pues bien, ya que vosotros pisoteáis al débil, y cobráis de él tributo
de grano, casas de sillares habéis construido, pero no las habitaréis; viñas
selectas habéis plantado, pero no beberéis su vino.
12 ¡Pues yo sé que son muchas vuestras rebeldías y graves vuestros
pecados, opresores del justo, que aceptáis soborno y atropelláis a los pobres
en la Puerta!
13 Por eso el hombre sensato calla en esta hora, que es hora de
infortunio.
14 Buscad el bien, no el mal, para que viváis, y que así sea con
vosotros Yahveh Sebaot, tal como decís.
15 Aborreced el mal, amad el bien, implantad el juicio en la Puerta;
quizá Yahveh Sebaot tenga piedad del Resto de José.
16 Por eso, así dice Yahveh, el Dios Sebaot, el Señor: En todas las
plazas habrá lamentación y en todas las calles se dirá: «¡Ay, ay!»
Convocarán a duelo al labrador, y a lamentación a los que saben plañir;
17 lamentación habrá en todas las viñas, porque voy a pasar yo por
medio de ti, dice Yahveh.
18 ¡Ay de los que ansían el Día de Yahveh! ¿Qué creéis que es ese
Día de Yahveh? ¡Es tinieblas, que no luz!
19 Como cuando uno huye del león y se topa con un oso, o, al entrar
en casa, apoya una mano en la pared y le muerde una culebra…
20 ¿No es tinieblas el Día de Yahveh, y no luz, lóbrego y sin claridad?
21 Yo detesto, desprecio vuestras fiestas, no me gusta el olor de
vuestras reuniones solemnes.
22 Si me ofrecéis holocaustos… no me complazco en vuestras
oblaciones, ni miro a vuestros sacrificios de comunión de novillos cebados.
23 ¡Aparta de mi lado la multitud de tus canciones, no quiero oír la
salmodia de tus arpas!
24 ¡Que fluya, sí, el juicio como agua y la justicia como arroyo
perenne!
25 ¿Acaso sacrificios y oblaciones en el desierto me ofrecisteis,
durante cuarenta años, casa de Israel?
26 Vosotros llevaréis a Sakkut, vuestro rey, y la estrella de vuestro
dios, Keván, esas imágenes que os habéis fabricado;
27 pues yo os deportaré más allá de Damasco, dice Yahveh, cuyo
nombre es Dios Sebaot.

Amós 6

1 ¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sión, y de los confiados
en la montaña de Samaria, los notables de la capital de las naciones, a los
que acude la casa de Israel!
2 Pasad a Kalné y ved, id de allí a Jamat la grande, bajad luego a Gat
de los filisteos. ¿Son acaso mejores que estos reinos? ¿Su territorio es
mayor que el vuestro?
3 ¡Vosotros que creéis alejar el día funesto, y hacéis que se acerque un
estado de violencia!
4 Acostados en camas de marfil, arrellanados en sus lechos, comen
corderos del rebaño y becerros sacados del establo,
5 canturrean al son del arpa, se inventan, como David, instrumentos de
música,
6 beben vino en anchas copas, con los mejores aceites se ungen, mas
no se afligen por el desastre de José.
7 Por eso, ahora van a ir al cautiverio a la cabeza de los cautivos y
cesará la orgía de los sibaritas.
8 El Señor Yahveh ha jurado por sí mismo, oráculo de Yahveh Dios
Sebaot: Yo aborrezco la soberbia de Jacob, sus palacios detesto, y voy a
entregar la ciudad con cuanto encierra.
9 Y sucederá que, si quedan diez hombres en una misma casa,
morirán.
10 Sólo quedarán unos pocos evadidos para sacar de la casa los
huesos; y si se dice al que está en el fondo de la casa: «¿Hay todavía
alguien contigo?», dirá: «Ninguno», y añadirá: «¡Silencio!, que no hay que
mentar el nombre de Yahveh».
11 Pues he aquí que Yahveh da la orden y reduce la casa grande a
escombros, y la casa pequeña a ruinas.
12 ¿Corren por la roca los caballos? ¿se ara con bueyes el mar? ¡pues
vosotros trocáis en veneno el juicio y en ajenjo el fruto de la justicia!
13 ¡Vosotros que os alegráis por Lo-Debar, que decís: «¿No tomamos
Carnáyim con nuestra propia fuerza?»
14 ¡Pero he aquí que yo suscito contra vosotros, casa de Israel, –
oráculo del Señor Yahveh, Dios Sebaot – una nación que os oprimirá desde
la Entrada de Jamat hasta el torrente de la Arabá!

Amós 7

1 Esto me dio a ver el Señor Yahveh: He aquí que él formaba
langostas, cuando empieza a crecer el retoño, el retoño que sale después de
la siega del rey.
2 Y cuando acababan de devorar la hierba de la tierra, yo dije:
«¡Perdona, por favor, Señor Yahveh! ¿cómo va a resistir Jacob, que es tan
pequeño?»
3 Y se arrepintió Yahveh de ello: «No será», dijo Yahveh.
4 Esto me dio a ver el Señor Yahveh: He aquí que el Señor Yahveh
convocaba al juicio por el fuego: éste devoró el gran abismo, y devoró la
campiña.
5 Y yo dije: «¡Señor Yahveh, cesa, por favor! ¿cómo va a resistir
Jacob, que es tan pequeño?»
6 Y se arrepintió Yahveh de ello: «Tampoco esto será», dijo el Señor
Yahveh.
7 Esto me dio a ver el Señor Yahveh: He aquí que el Señor estaba
junto a una pared con una plomada en la mano.
8 Y me dijo Yahveh: «¿Qué ves, Amós?» Yo respondí: «Una
plomada.» El Señor dijo: «¡He aquí que yo voy a poner plomada en medio
de mi pueblo Israel, ni una más le volveré a pasar!
9 Serán devastados los altos de Isaac, asolados los santuarios de Israel,
y yo me alzaré con espada contra la casa de Jeroboam.»
10 El sacerdote de Betel, Amasías, mandó a decir a Jeroboam, rey de
Israel: «Amós conspira contra ti en medio de la casa de Israel; ya no puede
la tierra soportar todas sus palabras.
11 Porque Amós anda diciendo: “A espada morirá Jeroboam, e Israel
será deportado de su suelo.”»
12 Y Amasías dijo a Amós: «Vete, vidente; huye a la tierra de Judá;
come allí tu pan y profetiza allí.
13 Pero en Betel no has de seguir profetizando, porque es el santuario
del rey y la Casa del reino.»
14 Respondió Amós y dijo a Amasías: «Yo no soy profeta ni hijo de
profeta, yo soy vaquero y picador de sicómoros.
15 Pero Yahveh me tomó de detrás del rebaño, y Yahveh me dijo: “Ve
y profetiza a mi pueblo Israel.”
16 Y ahora escucha tú la palabra de Yahveh. Tú dices: “No profetices
contra Israel, no vaticines contra la casa de Isaac.”
17 «Por eso, así dice Yahveh: “Tu mujer se prostituirá en la ciudad,
tus hijos y tus hijas caerán a espada, tu suelo será repartido a cordel, tú
mismo en un suelo impuro morirás, e Israel será deportado de su suelo”.»

Amós 8

1 Esto me dio a ver el Señor Yahveh: Había una canasta de fruta
madura.
2 Y me dijo: «¿Qué ves, Amós?» Yo respondí: «Una canasta de fruta
madura.» Y Yahveh me dijo: «¡Ha llegado la madurez para mi pueblo
Israel, ni una más le volveré a pasar!
3 Los cantos de palacio serán lamentos aquel día – oráculo del Señor
Yahveh – serán muchos los cadáveres, en todo lugar se arrojarán ¡silencio!
4 Escuchad esto los que pisoteáis al pobre y queréis suprimir a los
humildes de la tierra,
5 diciendo: «¿Cuándo pasará el novilunio para poder vender el grano,
y el sábado para dar salida al trigo, para achicar la medida y aumentar el
peso, falsificando balanzas de fraude,
6 para comprar por dinero a los débiles y al pobre por un par de
sandalias, para vender hasta el salvado del grano?»
7 Ha jurado Yahveh por el orgullo de Jacob: ¡Jamás he de olvidar
todas sus obras!
8 ¿No se estremecerá por ello la tierra, y hará duelo todo el que en ella
habita, subirá toda entera como el Nilo, se encrespará y bajará como el Nilo
de Egipto?
9 Sucederá aquel día – oráculo del Señor Yahveh – que yo haré
ponerse el sol a mediodía, y en plena luz del día cubriré la tierra de
tinieblas.
10 Trocaré en duelo vuestra fiesta, y en elegía todas vuestras
canciones; en todos los lomos pondré sayal y tonsura en todas las cabezas;
lo haré como duelo de hijo único y su final como día de amargura.
11 He aquí que vienen días – oráculo del Señor Yahveh – en que yo
mandaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la
palabra de Yahveh.
12 Entonces vagarán de mar a mar, de norte a levante andarán errantes
en busca de la Palabra de Yahveh, pero no la encontrarán.
13 Aquel día desfallecerán de sed las muchachas hermosas y los
jóvenes.
14 Los que juran por el pecado de Samaria, los que dicen: «¡Vive tu
Dios, Dan!» y «¡Viva el camino de Berseba!», ésos caerán para no alzarse
más.

Amós 9

1 Vi al Señor en pie junto al altar y dijo: ¡Sacude el capitel y que se
desplomen los umbrales! ¡Hazlos trizas en la cabeza de todos ellos, y lo que
de ellos quede lo mataré yo a espada: no huirá de entre ellos un solo
fugitivo ni un evadido escapará!

2 Si fuerzan la entrada del seol, mi mano de allí los agarrará; ni suben
hasta el cielo, yo los haré bajar de allí;
3 si se esconden en la cumbre del Carmelo, allí los buscaré y los
agarraré; si se ocultan a mis ojos en el fondo del mar, allí mismo ordenaré a
la Serpiente que los muerda;
4 si van al cautiverio delante de sus enemigos, allí ordenaré a la
espada que los mate; pondré en ellos mis ojos para mal y no para bien.
5 ¡El Señor Yahveh Sebaot…! el que toca la tierra y ella se derrite, y
hacen duelo todos sus habitantes; sube toda entera como el Nilo, y baja
como el Nilo de Egipto.

6 El que edifica en los cielos sus altas moradas, y asienta su bóveda en
la tierra; el que llama a las aguas de la mar, y sobre la haz de la tierra las
derrama, ¡Yahveh es su nombre!
7 ¿No sois vosotros para mí como hijos de kusitas, oh hijos de Israel? oráculo de Yahveh – ¿No hice yo subir a Israel del país de Egipto, como a
los filisteos de Kaftor y a los arameos de Quir?
8 He aquí que los ojos del Señor Yahveh están sobre el reino pecador;
voy a exterminarlo de la haz de la tierra, aunque no exterminaré del todo a
la casa de Jacob – oráculo de Yahveh.

9 Pues he aquí que yo doy orden, y zarandearé a la casa de Israel entre
todas las naciones, como se zarandea con la criba sin que ni un grano caiga
en tierra.
10 A espada morirán todos los pecadores de mi pueblo, esos que
dicen: «¡No se acercará, no nos alcanzará la desgracia!

11 Aquel día levantaré la cabaña de David ruinosa, repararé sus
brechas y restauraré sus ruinas; la reconstruiré como en los días de antaño,
12 para que posean lo que queda de Edom y de todas las naciones
sobre las que se ha invocado mi nombre, oráculo de Yahveh, el que hace
esto.
13 He aquí que vienen días – oráculo de Yahveh – en que el arador
empalmará con el segador y el pisador de la uva con el sembrador;
destilarán vino los montes y todas las colinas se derretirán.
14 Entonces haré volver a los deportados de mi pueblo Israel;
reconstruirán las ciudades devastadas, y habitarán en ellas, plantarán viñas
y beberán su vino, harán huertas y comerán sus frutos.
15 Yo los plantaré en su suelo y no serán arrancados nunca más del
suelo que yo les di, dice Yahveh, tu Dios.

ABDÍAS
Abdías 1

1 Visión de Abdías. Así dice el Señor Yahveh a Edom: Una nueva he
oído de parte de Yahveh, un mensajero ha sido enviado entre las naciones:
«¡En pie, levantémonos contra él en guerra!»
2 Mira, yo te he hecho pequeño entre las naciones, bien despreciable
eres.
3 La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que habitas en las
hendiduras de la roca, que pones en la altura tu morada, y dices en tu
corazón: «¿Quién me hará bajar a tierra?»
4 Aunque te encumbres como él águila, y pongas tu nido en las
estrellas, de allí te haré bajar yo – oráculo de Yahveh.
5 Si vinieran ladrones donde ti o salteadores por la noche, ¿no te
robarían lo que les bastase? Si vinieran a ti vendimiadores, ¿no dejarían
rebuscos? ¡Cómo has sido arrasado!
6 ¡Cómo ha sido registrado Esaú, escudriñados sus escondrijos!
7 Te han rechazado hasta la frontera todos los que eran tus aliados, te
han engañado, te han podido los que contigo en paz estaban. Los que
comían tu pan te ponen debajo un lazo: «¡Ya no hay en él inteligencia!»
8 ¿Es que el día aquel – oráculo de Yahveh – no suprimiré yo de Edom
los sabios, y la inteligencia de la montaña de Esaú?
9 Y tendrán miedo tus bravos, Temán, para que sea extirpado todo
hombre de la montaña de Esaú. Por la matanza,
10 por la violencia contra Jacob tu hermano, te cubrirá la vergüenza, y
serás extirpado para siempre.
11 El día que te quedaste a un lado, cuando extranjeros llevaban su
ejército cautivo, cuando entraban extraños por sus puertas, y sobre
Jerusalén echaban suertes, tú eras como uno de ellos.
12 ¡No mires con placer el día de tu hermano, el día de su desgracia,
no te alegres de los hijos de Judá, en el día de su ruina, no dilates tu boca en
el día de su angustia!
13 ¡No entres por la puerta de mi pueblo en el día de su infortunio, no
mires con placer también tú su desgracia en el día de su infortunio, no
lleves tu mano a su riqueza, en el día de su infortunio!
14 ¡No te apostes en las encrucijadas, para exterminar a sus fugitivos,
no entregues a sus supervivientes en el día de la angustia!
15 Porque está cerca el Día de Yahveh para todas las naciones. Como
tú has hecho, se te hará: sobre tu cabeza recaerá tu merecido.
16 ¡Sí, como vosotros bebisteis sobre mi santo monte, beberán sin
cesar todas las naciones, beberán y se relamerán, y serán luego como si no
hubiesen sido!
17 Pero en el monte Sión habrá supervivencia – será lugar santo – y la
casa de Jacob recobrará sus posesiones.
18 Y será fuego la casa de Jacob, la casa de José una llama, estopa la
casa de Esaú. Los quemarán y los devorarán, no habrá un evadido de la casa
de Esaú: ¡ha hablado Yahveh!
19 Los del Négueb poseerán la montaña de Esaú, los de la Tierra Baja
el país de los filisteos, poseerán la campiña de Efraím y la campiña de
Samaria, y los de Benjamín poseerán Galaad.
20 Los deportados, este ejército de los hijos de Israel, poseerán
Canaán hasta Sarepta, y los deportados de Jerusalén, que están en Sefarad,
poseerán las ciudades del Négueb.
21 Y subirán victoriosos al monte Sión, para juzgar a la montaña de
Esaú. ¡Y la realeza será de Yahveh!

JONÁS
Jonás 1

1 La palabra de Yahveh fue dirigida a Jonás, hijo de Amittay, en estos
términos:
2 «Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella que
su maldad ha subido hasta mí.»
3 Jonás se levantó para huir a Tarsis, lejos de Yahveh, y bajó a Joppe,
donde encontró un barco que salía para Tarsis: pagó su pasaje y se embarcó
para ir con ellos a Tarsis, lejos de Yahveh.
4 Pero Yahveh desencadenó un gran viento sobre el mar, y hubo en el
mar una borrasca tan violenta que el barco amenazaba romperse.
5 Los marineros tuvieron miedo y se pusieron a invocar cada uno a su
dios; luego echaron al mar la carga del barco para aligerarlo. Jonás,
mientras tanto, había bajado al fondo del barco, se había acostado y dormía
profundamente.
6 El jefe de la tripulación se acercó a él y le dijo: «¿Qué haces aquí
dormido? ¡Levántate e invoca a tu Dios! Quizás Dios se preocupe de
nosotros y no perezcamos.»
7 Luego se dijeron unos a otros: «Ea, echemos a suertes para saber por
culpa de quién nos ha venido este mal.» Echaron a suertes, y la suerte cayó
en Jonás.
8 Entonces le dijeron: «Anda, indícanos tú, por quien nos ha venido
este mal, cuál es tu oficio y de dónde vienes, cuál es tu país y de qué pueblo
eres.»
9 Les respondió: «Soy hebreo y temo a Yahveh, Dios del cielo, que
hizo el mar y la tierra.»
10 Aquellos hombres temieron mucho y le dijeron: «¿Por qué has
hecho esto?» Pues supieron los hombres que iba huyendo lejos de Yahveh
por lo que él había manifestado.
11 Y le preguntaron: «¿Qué hemos de hacer contigo para que el mar
se nos calme?» Pues el mar seguía encrespándose.
12 Les respondió: «Agarradme y tiradme al mar, y el mar se os
calmará, pues sé que es por mi culpa por lo que os ha sobrevenido esta gran
borrasca.»
13 Los hombres se pusieron a remar con ánimo de alcanzar la costa,
pero no pudieron, porque el mar seguía encrespándose en torno a ellos.
14 Entonces clamaron a Yahveh, diciendo: «¡Ah, Yahveh, no nos
hagas perecer a causa de este hombre, ni pongas sobre nosotros sangre
inocente, ya que tú, Yahveh, has obrado conforme a tu beneplácito!»
15 Y, agarrando a Jonás, le tiraron al mar; y el mar calmó su furia.
16 Y aquellos hombres temieron mucho a Yahveh; ofrecieron un
sacrificio a Yahveh y le hicieron votos.

Jonás 2

1 Dispuso Yahveh un gran pez que se tragase a Jonás, y Jonás estuvo
en el vientre del pez tres días y tres noches.
2 Jonás oró a Yahveh su Dios desde el vientre del pez.
3 Dijo: Desde mi angustia clamé a Yahveh y él me respondió; desde el
seno del seol grité, y tú oíste mi voz.
4 Me habías arrojado en lo más hondo, en el corazón del mar, una
corriente me cercaba: todas tus olas y tus crestas pasaban sobre mí.
5 Yo dije: ¡Arrojado estoy de delante de tus ojos! ¿Cómo volveré a
contemplar tu santo Templo?
6 Me envolvían las aguas hasta el alma, me cercaba el abismo, un alga
se enredaba a mi cabeza.
7 A las raíces de los montes descendí, a un país que echó sus cerrojos
tras de mí para siempre, mas de la fosa tú sacaste mi vida, Yahveh, Dios
mío.
8 Cuando mi alma en mí desfallecía me acordé de Yahveh, y mi
oración llegó hasta ti, hasta tu santo Templo.
9 Los que veneran vanos ídolos su propia gracia abandonan.
10 Mas yo con voz de acción de gracias te ofreceré sacrificios, los
votos que hice cumpliré. ¡De Yahveh la salvación!
11 Y Yahveh dio orden al pez, que vomitó a Jonás en tierra.

Jonás 3

1 Por segunda vez fue dirigida la palabra de Yahveh a Jonás en estos
términos:
2 «Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad y proclama el mensaje que
yo te diga.»
3 Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra de Yahveh.
Nínive era una ciudad grandísima, de un recorrido de tres días.
4 Jonás comenzó a adentrarse en la ciudad, e hizo un día de camino
proclamando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.»
5 Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de
sayal desde el mayor al menor.
6 La palabra llegó hasta el rey de Nínive, que se levantó de su trono,
se quitó su manto, se cubrió de sayal y se sentó en la ceniza.
7 Luego mandó pregonar y decir en Nínive: «Por mandato del rey y de
sus grandes, que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben
bocado ni pasten ni beban agua.
8 Que se cubran de sayal y clamen a Dios con fuerza; que cada uno se
convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos.
9 ¡Quién sabe! Quizás vuelva Dios y se arrepienta, se vuelva del ardor
de su cólera, y no perezcamos.»
10 Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta,
y se arrepintió Dios del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo.

Jonás 4

1 Jonás, se disgustó mucho por esto y se irritó;
2 y oró a Yahveh diciendo: «¡Ah, Yahveh!, ¿no es esto lo que yo decía
cuando estaba todavía en mi tierra? Fue por eso por lo que me apresuré a
huir a Tarsis. Porque bien sabía yo que tú eres un Dios clemente y
misericordioso, tardo a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del mal.
3 Y ahora, Yahveh, te suplico que me quites la vida, porque mejor me
es la muerte que la vida.»
4 Mas Yahveh dijo: «¿Te parece bien irritarte?»
5 Salió Jonás de la ciudad y se sentó al oriente de la ciudad; allí se
hizo una cabaña bajo la cual se sentó a la sombra, hasta ver qué sucedía en
la ciudad.
6 Entonces Yahveh Dios dispuso una planta de ricino que creciese por
encima de Jonás para dar sombra a su cabeza y librarle así de su mal. Jonás
se puso muy contento por aquel ricino.
7 Pero al día siguiente, al rayar el alba, Yahveh mandó a un gusano, y
el gusano picó al ricino, que se secó.
8 Y al salir el sol, mandó Dios un sofocante viento solano. El sol hirió
la cabeza de Jonás, y éste se desvaneció; se deseó la muerte y dijo: «¡Mejor
me es la muerte que la vida!»
9 Entonces Dios dijo a Jonás: «¿Te parece bien irritarte por ese
ricino?» Respondió: «¡Sí, me parece bien irritarme hasta la muerte!»
10 Y Yahveh dijo: «Tu tienes lástima de un ricino por el que nada te
fatigaste, que no hiciste tú crecer, que en el término de una noche fue y en
el término de una noche feneció.
11 ¿Y no voy a tener lástima yo de Nínive, la gran ciudad, en la que
hay más de ciento veinte mil personas que no distinguen su derecha de su
izquierda, y una gran cantidad de animales?»

Eclesiástico 44
1 Hagamos ya el elogio de los hombres ilustres, de nuestros padres
según su sucesión.
2 Grandes glorias que creó el Señor, grandezas desde tiempos
antiguos.
3 Hubo soberanos en sus reinos, hombres renombrados por su
poderío, consejeros por su inteligencia, vaticinadores de oráculos en sus
profecías,
4 guías del pueblo por sus consejos, por su inteligencia de la literatura
popular, – sabias palabras había en su instrucción –
5 inventores de melodías musicales, compositores de escritos
poéticos,
6 hombres ricos bien provistos de fuerza, viviendo en paz en sus
moradas.
7 Todos estos fueron honrados en su generación, objeto de gloria
fueron en sus días.
8 Hubo entre ellos quienes dejaron nombre, para que se hablara de
ellos con elogio.
9 De otros no ha quedado recuerdo, desaparecieron como si no
hubieran existido, pasaron cual si a ser no llegaran, así como sus hijos
después de ellos.
10 Mas de otro modo estos hombres de bien, cuyas acciones justas no
han quedado en olvido.
11 Con su linaje permanece una rica herencia, su posteridad.
12 En las alianzas se mantuvo su linaje, y sus hijos gracias a ellos.
13 Para siempre permanece su linaje, y su gloria no se borrará.
14 Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vive por
generaciones.
15 Su sabiduría comentarán los pueblos, su elogio lo publicará la
asamblea.
16 Henoc agradó al Señor, y fue arrebatado, ejemplo de penitencia
para las generaciones.
17 Perfectamente justo Noé fue hallado, en el tiempo de la ira se hizo
reconciliación. Gracias a él tuvo un resto la tierra, cuando llegó el diluvio.
18 Alianzas eternas fueron con él pactadas, para que no fuera ya
aniquilada por el diluvio toda carne.
19 Abraham, padre insigne de una multitud de naciones, no se halló
quien le igualara en gloria.
20 El guardó la ley del Altísimo, y con él entró en alianza. En su
carne grabó la alianza, y en la prueba fue hallado fiel.
21 Por eso Dios le prometió con juramento bendecir por su linaje a
las naciones, multiplicarle como el polvo de la tierra, encumbrar como las
estrellas su linaje, y darles una herencia de mar a mar, desde el Río hasta los
confines de la tierra.
22 A Isaac le aseguró lo mismo, en gracia a su padre Abraham.
23 La bendición de todos los hombres y la alianza las hizo reposar en
la cabeza de Jacob. Le confirmó en sus bendiciones, y le otorgó su herencia.
El dividió sus partes y las repartió entre las doce tribus.

Eclesiástico 45

1 Hizo salir de él un hombre de bien, que hallaba gracia a los ojos de
todos, amado por Dios y por los hombres, Moisés, cuya memoria está
envuelta en bendiciones.
2 Le hizo en gloria comparable a los santos, le engrandeció para
temor de los enemigos.
3 Por su palabra puso fin a los prodigios, y le glorificó delante de los
reyes; le dio para su pueblo mandamientos, y le mostró algo de su gloria.
4 En fidelidad y mansedumbre le santificó, le eligió entre toda carne.
5 Le hizo oír su voz, y le introdujo en la calígine; cara a cara le dio
los mandamientos, la ley de vida y de saber, para enseñar a Jacob su
alianza, y sus decretos a Israel.
6 Exaltó a Aarón, un santo semejante a éste, su hermano, de la tribu
de Leví.
7 Le afirmó como alianza eterna, y le dio el sacerdocio del pueblo. Le
hizo feliz con su espléndido ornamento, le ciño de gloriosa vestidura.
8 Le vistió de honor perfecto, y le confirmó con insignias de poder,
calzones, túnica y efod.
9 Le puso alrededor granadas, y campanillas de oro, bien de ellas
todo en torno, para que tintinearan al andar y resonaran bien por todo el
Templo, como memorial para los hijos de su pueblo;
10 y vestimenta sacra, de oro y de jacinto y de púrpura, obra de
bordador, y pectoral del juicio, el Urim y el Tummim, hilado de escarlata,
obra de artista;
11 piedras preciosas, grabadas como sellos, en engaste de oro, obra
de joyero, para memorial por la escritura grabada, según el número de las
tribus de Israel;
12 corona de oro por encima de la tiara, inscripción del sello de
consagración, prestigio de honor, obra magnífica, delicia de los ojos este
adorno.
13 Galanuras no hubo tales antes de él, y jamás se las vistió
extranjero, sino sólo sus hijos, sus vástagos por siempre.
14 Sus sacrificios se consumían totalmente dos veces al día sin
interrupción.
15 Llenó Moisés sus manos, le ungió con óleo santo. Fue ello para él
alianza eterna, y para su linaje cuanto dure el cielo, para presidir el culto,
ejercer el sacerdocio y bendecir a su pueblo en nombre del Señor.
16 Le eligió entre todos los vivientes para presentar la ofrenda al
Señor, el incienso y el aroma en memorial, y hacer expiación por el pueblo.
17 Le dio, por sus mandamientos, potestad sobre las prescripciones
legales, para enseñar a Jacob sus dictámenes e ilustrar a Israel en su ley.
18 Se confabularon contra él extranjeros y en el desierto tuvieron
celos de él, los hombres de Datán y de Abirón, la banda de Coré, llena de
ira y de furor.
19 Lo vió el Señor y se irritó, y acabó con ellos en el ardor de su ira.
Hizo prodigios contra ellos, devorándolos por el fuego de su llama.
20 Aumentó la gloria de Aarón y le dio una heredad, le otorgó las
primicias, sobre todo el pan a saciedad.
21 Por eso comen ellos los sacrificios del Señor, que él le concedió a
él y a su linaje.
22 Aunque en la tierra del pueblo no tiene heredad, ni hay en el
pueblo parte para él: que «Yo soy tu parte y tu heredad».
23 Pinjás, hijo de Eleazar, tercero en gloria, porque fue celoso del
temor del Señor, y se mantuvo firme en la revuelta del pueblo por la energía
de su alma resuelta, y obtuvo así el perdón para Israel.
24 Por eso se hizo con él una alianza de paz, de presidir el santuario y
a su pueblo, para que le tocara a él y a su linaje la dignidad del sumo
sacerdocio por los siglos.
25 Hubo también alianza con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá,
herencia real de hijo a hijo sólo, mientras la herencia de Aarón pasa a todo
su linaje.
26 Dé Dios sabiduría a vuestro corazón para juzgar a su pueblo con
justicia, y que no se desvirtúen los valores de los padres, ni su gloria en sus
generaciones.

Eclesiástico 46

1 Esforzado en la guerra fue Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés
como profeta; él fue, de acuerdo con su nombre, grande para salvar a los
elegidos del Señor, para tomar venganza de los enemigos que surgían e
introducir a Israel en su heredad.
2 ¡Qué gloria ganó cuando alzaba la mano y blandía la espada contra
las ciudades!
3 ¿Quién antes de él tan firme fue? ¡Que las batallas del Señor él las
hacía!
4 ¿No se detuvo el sol ante su mano y un día llegó a ser como dos?
5 El invocó al Altísimo Soberano, cuando los enemigos por todas
partes le estrechaban, y le atendió el Gran Señor lanzando piedras de
granizo de terrible violencia.
6 Cayó de golpe sobre la nación hostil, y en la bajada aniquiló a los
adversarios, para que conocieran las naciones la fuerza de sus armas,
porque era frente al Señor la guerra de ellas.
7 Pues caminó en seguimiento del Todopoderoso, hizo el bien en los
días de Moisés, él y también Caleb, hijo de Yefunné, resistiendo ante la
asamblea, cerrando al pueblo el paso del pecado, reduciendo a silencio la
murmuración de la maldad.
8 Y ellos dos solos se salvaron entre seiscientos mil hombres de a pie,
para ser introducidos en la herencia, en la tierra que mana leche y miel.
9 Y el Señor dio a Caleb la fuerza que le duró hasta su vejez, le hizo
subir a lo alto de la tierra, que como herencia conservó su linaje,
10 para que sepan todos los hijos de Israel que es bueno caminar en
seguimiento del Señor.
11 También los jueces, cada cual según su nombre, ellos cuyo
corazón no se prostituyó, y que del Señor no se apartaron: ¡sea su recuerdo
lleno de bendición,
12 reflorezcan sus huesos en la tumba, y sus nombres se renueven en
los hijos de estos hombres ilustres!
13 Amado fue de su Señor Samuel, profeta del Señor fundó la
realeza, y ungió a los príncipes puestos sobre su pueblo.
14 Según la ley del Señor juzgó a la asamblea, y el Señor pueso sus
ojos en Jacob.
15 Por su fidelidad se acreditó como profeta, por sus oráculos fue
reconocido fiel vidente.
16 Invocó al Señor Todopoderoso cuando los enemigos por todas
partes le estrechaban, ofreciendo un cordero lechal.
17 Y tronó el Señor desde los cielos, con gran ruido hizo resonar su
voz;
18 aplastó a los jefes adversarios y a todos los príncipes de los
filisteos.
19 Antes de la hora de su sueño eterno, dio testimonio ante el Señor y
su ungido: «Bienes, ni siquiera sandalias, a nadie le he tomado», y nadie
reclamó nada de él.
20 Y después de dormido todavía profetizó y anunció al rey su fin;
del seno de la tierra alzó su voz en profecía para borrar la iniquidad del
pueblo.

Apocalipsis 21

1 Luego vi = un cielo nuevo y una tierra nueva = – porque el primer
cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya.
2 Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de
junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo.
3 Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: «Esta es la morada de
Dios con los hombres. Pondrá = su morada entre ellos y ellos serán = su =
pueblo = y él = Dios – con – ellos, = será su Dios.
4 = Y enjugará toda lágrima de sus ojos, = y no habrá ya muerte ni
habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado.»
5 Entonces dijo el que está sentado en el trono: «Mira que hago un
mundo nuevo.» Y añadió: «Escribe: Estas son palabras ciertas y
verdaderas.»
6 Me dijo también: «Hecho está: yo soy el Alfa y la Omega, el
Principio y el Fin; al que tenga sed, yo le daré del manantial del agua de la
vida gratis.
7 Esta será la herencia del vencedor: = yo seré = Dios = para él, y él
será hijo para mi. =
8 Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los
impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su
parte en el lago que arde con fuego y azufre: que es la muerte segunda.
9 Entonces vino uno de los siete Ángeles que tenían las siete copas
llenas de las siete últimas plagas, y me habló diciendo: «Ven, que te voy a
enseñar a la Novia, a la Esposa del Cordero.»
10 = Me trasladó en espíritu a un monte grande y alto = y me mostró
la Ciudad Santa de Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios,
11 y = tenía la gloria de Dios. = Su resplandor era como el de una
piedra muy preciosa, como jaspe cristalino.
12 Tenía una muralla grande y alta con doce puertas; y sobre las
puertas, doce Ángeles y nombres grabados, que son = los de las doce tribus
de los hijos de Israel; =
13 = al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al mediodía tres
puertas; al occidente tres puertas. =
14 La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan
los nombres de los doce Apóstoles del Cordero.
15 El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para
medir la ciudad, sus puertas y su muralla.
16 La ciudad es un cuadrado: su largura es igual a su anchura. Midió
la ciudad con la caña, y tenía 12.000 estadios. Su largura, anchura y altura
son iguales.
17 Midió luego su muralla, y tenía 144 codos – con medida humana,
que era la del Ángel -.
18 El material de esta muralla es jaspe y la ciudad es de oro puro
semejante al vidrio puro.
19 Los asientos de la muralla de la ciudad están adornados de toda
clase de piedras preciosas: el primer asiento es de jaspe, el segundo de
zafiro, el tercero de calcedonia, el cuarto de esmeralda,
20 el quinto de sardónica, el sexto de cornalina, el séptimo de
crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de crisoprasa,
el undécimo de jacinto, el duodécimo de amatista.
21 Y las doce puertas son doce perlas, cada una de las puertas hecha
de una sola perla; y la plaza de la ciudad es de oro puro, trasparente como el
cristal.
22 Pero no vi Santuario alguno en ella; porque el Señor, el Dios
Todopoderoso, y el Cordero, es su Santuario.
23 La ciudad no necesita ni de sol ni de luna que la alumbren, porque
la ilumina la gloria de Dios, y su lámpara es el Cordero.
24 = Las naciones caminarán a su luz, = y los reyes de la tierra irán a
llevarle su esplendor.
25 = Sus puertas no se cerrarán con el día = – porque allí no habrá
noche –
26 = y traerán a ella el esplendor y los = tesoros = de las naciones. =
27 Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y
mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.
Apocalipsis 22
1 Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal,
que brotaba del trono de Dios y del Cordero.
2 En medio de la plaza, = a una y otra margen del río, hay árboles de
Vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de
medicina para los gentiles. =
3 = Y no habrá ya maldición alguna; = el trono de Dios y del Cordero
estará en la ciudad y los siervos de Dios le darán culto.
4 Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente.
5 Noche ya no habrá; no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz
del sol, porque el Señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los
siglos.
6 Luego me dijo: «Estas palabras son ciertas y verdaderas; el Señor
Dios, que inspira a los profetas, ha enviado a su Ángel para manifestar a
sus siervos = lo que ha de suceder = pronto.
7 Mira, vengo pronto. Dichoso el que guarde las palabras proféticas de
este libro.»
8 Yo, Juan, fui el que vi y oí esto. Y cuando lo oí y vi, caí a los pies
del Ángel que me había mostrado todo esto para adorarle.
9 Pero él me dijo: «No, cuidado; yo soy un siervo como tú y tus
hermanos los profetas y los que guardan las palabras de este libro. A Dios
tienes que adorar.»
10 Y me dijo: «No selles las palabras proféticas de este libro, porque
el Tiempo está cerca.
11 Que el injusto siga cometiendo injusticias y el manchado siga
manchándose; que el justo siga practicando la justicia y el santo siga
santificándose.
12 = Mira, vengo = pronto = y traigo mi recompensa = conmigo =
para pagar a cada uno según su trabajo. =
13 Yo soy el Alfa y la Omega, = el Primero y el Ultimo, = el Principio
y el Fin.
14 Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del
árbol de la Vida y entrarán por las puertas en la Ciudad.
15 ¡Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los
idólatras, y todo el que ame y practique la mentira!»
16 Yo, Jesús, he enviado a mi Ángel para daros testimonio de lo
referente a las Iglesias. Yo soy el Retoño y el descendiente de David, el
Lucero radiante del alba.»
17 El Espíritu y la Novia dicen: «¡Ven!» Y el que oiga, diga: «¡Ven!»
Y = el que tenga sed, que se acerque, = y el que quiera, = reciba gratis agua
= de vida.
18 Yo advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este
libro: «Si alguno añade algo sobre esto, Dios echará sobre él las plagas que
se describen en este libro.
19 Y si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le
quitará su parte en el árbol de la Vida y en la Ciudad Santa, que se
describen en este libro.»
20 Dice el que da testimonio de todo esto: «Sí, vengo pronto.» ¡Amén!
¡Ven, Señor Jesús!
21 Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. ¡Amén¡

Mateo 1

18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María,
estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se
encontró encinta por obra del Espíritu Santo.
19 Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia,
resolvió repudiarla en secreto.
20 Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en
sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu
mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.
21 Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él
salvará a su pueblo de sus pecados.»
22 Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por
medio del profeta:
23 = Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán
por nombre Emmanuel, = que traducido significa: «Dios con nosotros.»
24 Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había
mandado, y tomó consigo a su mujer.
25 Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por
nombre Jesús.
Mateo 2
1 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos
magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén,
2 diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues
vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»
3 En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.
4 Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por
ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo.
5 Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por
medio del profeta:
6 = Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los
principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a
mi pueblo Israel.» =
7 Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó
el tiempo de la aparición de la estrella.
8 Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad
cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo,
para ir también yo a adorarle.»
9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la
estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó
y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
10 Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.
11 Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y,
postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de
oro, incienso y mirra.
12 Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron
a su país por otro camino.
13 Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en
sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y
huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar
al niño para matarle.»
14 El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a
Egipto;
15 y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el
oráculo del Señor por medio del profeta: = De Egipto llamé a mi hijo. =
16 Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se
enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de
toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había
precisado por los magos.
17 Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías:
18 = Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es
Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen. =
19 Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José
en Egipto y le dijo:
20 «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino
de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del
niño.»
21 El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra
de Israel.
22 Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su
padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la
región de Galilea,
23 y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese
el oráculo de los profetas: = Será llamado Nazoreo. =

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