#123

Job 38

1 Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:
2 ¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido?
3 Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me
instruirás.
4 Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la
verdad.
5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre
ella?
6 ¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular,
7 entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de
todos los Hijos de Dios?
8 ¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno
salía borbotando;
9 cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;
10 cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?
11 «¡Llegarás hasta aquí, no más allá – le dije -, aquí se romperá el
orgullo de tus olas!»
12 ¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la
aurora su lugar,
13 para que agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los
malvados?
14 Ella se trueca en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido.
15 Se quita entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que
se alzaba.
16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el
fondo del Abismo?
17 ¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas
del país de la Sombra?
18 ¿Has calculado las anchuras de la tierra? Cuenta, si es que sabes,
todo esto.
19 ¿Por dónde se va a la morada de la luz? y las tinieblas, ¿dónde
tienen su sitio?,
20 para que puedas llevarlas a su término, guiarlas por los senderos de
su casa.
21 Si lo sabes, ¡es que ya habías nacido entonces, y bien larga es la
cuenta de tus días!
22 ¿Has llegado a los depósitos de nieve? ¿Has visto las reservas de
granizo,
23 que yo guardo para el tiempo de angustia, para el día de batalla y
de combate?
24 ¿Por qué camino se reparte la luz, o se despliega el solano por la
tierra?
25 ¿Quién abre un canal al aguacero, a los giros de los truenos un
camino,
26 para llover sobre tierra sin hombre, sobre el desierto donde no hay
un alma,
27 para abrevar a las soledades desoladas y hacer brotar en la estepa
hierba verde?
28 ¿Tiene padre la lluvia? ¿quién engendra las gotas de rocío?
29 ¿De qué seno sale el hielo? ¿quién da a luz la escarcha del cielo,
30 cuando las aguas se aglutinan como piedra y se congela la
superficie del abismo?
31 ¿Puedes tú anudar los lazos de las Pléyades o desatar las cuerdas de
Orión?
32 ¿Haces salir la Corona a su tiempo? ¿conduces a la Osa con sus
crías?
33 ¿Conoces las leyes de los Cielos? ¿aplicas su fuero en la tierra?
34 ¿Levantas tu voz hasta las nubes?, la masa de las aguas, ¿te
obedece?
35 A tu orden, ¿los relámpagos parten, diciéndote: «Aquí estamos»?
36 ¿Quién puso en el ibis la sabiduría? ¿quién dio al gallo
inteligencia?
37 ¿Quién tiene pericia para contar las nubes? ¿quién inclina los odres
de los cielos,
38 cuando se aglutina el polvo en una masa y los terrones se pegan
entre sí?
39 ¿Cazas tú acaso la presa a la leona? ¿calmas el hambre de los
leoncillos,
40 cuando en sus guaridas están acurrucados, o en los matorrales al
acecho?
41 ¿Quién prepara su provisión al cuervo, cuando sus crías gritan
hacia Dios, cuando se estiran faltos de comida?

Job 39

1 ¿Sabes cuándo hacen las rebecas sus crías? ¿has observado el parto
de las ciervas?
2 ¿has contado los meses de su gestación? ¿sabes la época de su
alumbramiento?
3 Entonces se acurrucan y paren a sus crías, echan fuera su camada.
4 Y cuando ya sus crías se hacen fuertes y grandes, salen al desierto y
no vuelven más a ellas.
5 ¿Quién dejó al onagro en libertad y soltó las amarras del asno
salvaje?
6 Yo le he dado la estepa por morada, por mansión la tierra salitrosa.
7 Se ríe del tumulto de las ciudades, no oye los gritos del arriero;
8 explora las montañas, pasto suyo, en busca de toda hierba verde.
9 ¿Querrá acaso servirte el buey salvaje, pasar la noche junto a tu
pesebre?
10 ¿Atarás a su cuello la coyunda? ¿rastrillará los surcos tras de ti?
11 ¿Puedes fiarte de él por su gran fuerza? ¿le confiarás tu menester?
12 ¿Estás seguro de que vuelva, de que en tu era allegue el grano?
13 El ala del avestruz, ¿se puede comparar al plumaje de la cigüeña y
del halcón?
14 Ella en tierra abandona sus huevos, en el suelo los deja calentarse;
15 se olvida de que puede aplastarlos algún pie, o cascarlos una fiera
salvaje.
16 Dura para sus hijos cual si no fueran suyos, por un afán inútil no se
inquieta.
17 Es que Dios la privó de sabiduría, y no le dotó de inteligencia.
18 Pero en cuanto se alza y se remonta, se ríe del caballo y su jinete.
19 ¿Das tú al caballo la bravura? ¿revistes su cuello de tremolante
crin?
20 ¿Le haces brincar como langosta? ¡Terror infunde su relincho
altanero!
21 Piafa de júbilo en el valle, con brío se lanza al encuentro de las
armas.
22 Se ríe del miedo y de nada se asusta, no retrocede ante la espada.
23 Va resonando sobre él la aljaba, la llama de la lanza y el dardo.
24 Hirviendo de impaciencia la tierra devora, no se contiene cuando
suena la trompeta.
25 A cada toque de trompeta dice: «¡Aah!» olfatea de lejos el
combate, las voces de mando y los clamores.
26 ¿Acaso por tu acuerdo el halcón emprende el vuelo, despliega sus
alas hacia el sur?
27 ¿Por orden tuya se remonta el águila y coloca su nido en las
alturas?
28 Pone en la roca su mansión nocturna, su fortaleza en un picacho.
29 Desde allí acecha a su presa, desde lejos la divisan sus ojos.
30 Sus crías lamen sangre; donde hay muertos, allí está.

Job 40

1 Y Yahveh se dirigió a Job y le dijo:
2 ¿Cederá el adversario de Sadday? ¿El censor de Dios va a replicar
aún?
3 Y Job respondió a Yahveh:
4 ¡He hablado a la ligera: ¿qué voy a responder? Me taparé la boca
con mi mano.
5 Hablé una vez…, no he de repetir; dos veces…, ya no insistiré.
6 Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:
7 Ciñe tus lomos como un bravo: voy a preguntarte y tú me instruirás.
8 ¿De verdad quieres anular mi juicio?, para afirmar tu derecho, ¿me
vas a condenar?
9 ¿Tienes un brazo tú como el de Dios? ¿truena tu voz como la suya?
10 ¡Ea, cíñete de majestad y de grandeza, revístete de gloria y de
esplendor!
11 ¡Derrama la explosión de tu cólera, con una mirada humilla al
arrogante!
12 ¡Con una mirada abate al orgulloso, aplasta en el sitio a los
malvados!
13 ¡Húndelos juntos en el suelo, cierra sus rostros en el calabozo!
14 ¡Y yo mismo te rendiré homenaje, por la victoria que te da tu
diestra!
15 Mira a Behemot, criatura mía, como tú. Se alimenta de hierba
como el buey.
16 Mira su fuerza en sus riñones, en los músculos del vientre su vigor.
17 Atiesa su cola igual que un cedro, los nervios de sus muslos se
entrelazan.
18 Tubos de bronce son sus vértebras; sus huesos, como barras de
hierro.
19 Es la primera de las obras de Dios: su autor le procuró su espada;
20 los montes le aportan un tributo, y todas las fieras que retozan en
ellos.
21 Bajo los lotos se recuesta, en escondite de cañas y marismas.
22 Los lotos le recubren con su sombra, los sauces del torrente le
rodean.
23 Si el río va bravo, no se inquieta, firme está aunque un Jordán le
llegue hasta la boca.
24 ¿Quién, pues, podrá prenderle por los ojos, taladrar su nariz con
punzones?
25 Y a Leviatán, ¿le pescarás tú a anzuelo, sujetarás con un cordel su
lengua?
26 ¿Harás pasar por su nariz un junco? ¿taladrarás con un gancho su
quijada?
27 ¿Te hará por ventura largas súplicas? te hablará con timidez?
28 ¿Pactará contigo un contrato de ser tu siervo para siempre?
29 ¿Jugarás con él como con un pájaro, o lo atarás para juguete de tus
niñas?
30 ¿traficarán con él los asociados? ¿se le disputarán los mercaderes?
31 ¿Acribillarás su piel de dardos? ¿clavarás con el arpón su cabeza?
32 Pon sobre él tu mano: ¡al recordar la lucha no tendrás ganas de
volver!

Job 41

1 ¡Sería vana tu esperanza porque su vista sola aterra!
2 No hay audaz que lo despierte, ¿y quién podrá resistir ante él?
3 ¿Quién le hizo frente y quedó salvo? ¡Ninguno bajo la capa de los
cielos!
4 Mencionaré también sus miembros, hablaré de su fuerza
incomparable.
5 ¿Quién rasgó la delantera de su túnica y penetró en su coraza doble?
6 ¿Quién abrió las hojas de sus fauces? ¡Reina el terror entre sus
dientes!
7 Su dorso son hileras de escudos, que cierra un sello de piedra.
8 Están apretados uno a otro, y ni un soplo puede pasar entre ellos.
9 Están pegados entre sí y quedan unidos sin fisura.
10 Echa luz su estornudo, sus ojos son como los párpados de la
aurora.
11 Salen antorchas de sus fauces, chispas de fuego saltan.
12 De sus narices sale humo, como de un caldero que hierve junto al
fuego.
13 Su soplo enciende carbones, una llama sale de su boca.
14 En su cuello se asienta la fuerza, y ante él cunde el espanto.
15 Son compactas las papadas de su carne: están pegadas a ella,
inseparables.
16 Su corazón es duro como roca, resistente como piedra de molino.
17 Cuando se yergue, se amedrentan las olas, y las ondas del mar se
retiran.
18 Le alcanza la espada sin clavarse, lo mismo la lanza, jabalina o
dardo.
19 Para él e hierro es sólo paja, el bronce, madera carcomida.
20 No le ahuyentan los disparos del arco, cual polvillo le llegan las
piedras de la honda.
21 Una paja le parece la maza, se ríe del venablo que silba.
22 Debajo de él tejas puntiagudas: un trillo que va pasando por el
lodo.
23 Hace del abismo una olla borbotante, cambia el mar en pebetero.
24 Deja tras sí una estela luminosa, el abismo diríase una melena
blanca.
25 No hay en la tierra semejante a él, que ha sido hecho intrépido.
26 Mira a la cara a los más altos, es rey de todos los hijos del orgullo.

Job 42

1 Y Job respondió a Yahveh:
2 Sé que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable.
3 Era yo el que empañaba el Consejo con razones sin sentido. Sí, he
hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que
ignoro.
4 (Escucha, deja que yo hable: voy a interrogarte y tú me instruirás.)
5 Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos.
6 Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza.
7 Después de hablar a Job de esta manera, Yahveh dijo a Elifaz de
Temán: «Mi ira se ha encendido contra ti y contra tus dos amigos, porque
no habéis hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.
8 Así que tomad siete novillos y siete carneros, id donde mi siervo
Job, y ofreced por vosotros un holocausto. Mi siervo Job intercederá por
vosotros y, en atención a él, no os castigaré por no haber hablado con
verdad de mí, como mi siervo Job.»
9 Elifaz de Temán, Bildad de Sáaj, y Sofar de Naamat fueron a
cumplir la orden de Yahveh. Y Yahveh atendió a Job.
10 Después Yahveh restauró la situación de Job, al paso que él
intercedía en favor de sus amigos; y aumentó Yahveh al doble todos los
bienes de Job.
11 Vinieron, pues, donde él todos sus hermanos y todas sus hermanas,
así como todos sus conocidos de antaño; y mientras celebraban con él un
banquete en su casa, le compadecieron y le consolaron por todo el
infortunio que Yahveh había traído sobre él. Y cada uno de ellos le hizo el
obsequio de un agno de plata y de un anillo de oro.
12 Yahveh bendijo la nueva situación de Job más aún que la antigua:
llegó a poseer 14.000 ovejas, 6.000 camellos, mil yuntas de bueyes y mil
asnas.
13 Tuvo además siete hijos y tres hijas.
14 A la primera le puso el nombre de «Paloma», a la segunda el de
«Canela» y a la tercera el de «Cuerno de afeites».
15 No había en todo el país mujeres tan bonitas como las hijas de Job.
Y su padre les dio parte en la herencia entre sus hermanos.
16 Después de esto, vivió Job todavía 140 años, y vio a sus hijos y a
los hijos de sus hijos, cuatro generaciones.
17 Después Job murió anciano y colmado de días.

Isaías 1

1 Visión que Isaías, hijo de Amós, vio tocante a Judá y Jerusalén en
tiempo de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá.
2 Oíd, cielos, escucha, tierra, que habla Yahveh; «Hijos crié y saqué
adelante, y ellos se rebelaron contra mí.
3 Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no
conoce, mi pueblo no discierne.»
4 ¡Ay, gente pecadora, pueblo tarado de culpa. semilla de malvados,
hijos de perdición! Han dejado a Yahveh, han despreciado al Santo de
Israel, se han vuelto de espaldas.
5 ¿En dónde golpearos ya, si seguís contumaces? La cabeza toda está
enferma, toda entraña doliente.
6 De la planta del pie a la cabeza no hay en él cosa sana: golpes,
magulladuras y heridas frescas, ni cerradas, ni vendadas, ni ablandadas con
aceite.
7 Vuestra tierra es desolación, vuestras ciudades, hogueras de fuego;
vuestro suelo delante de vosotros extranjeros se lo comen, y es una
desolación como devastación de extranjeros.
8 Ha quedado la hija de Sión como cobertizo en viña, como albergue
en pepinar, como ciudad sitiada.
9 De no habernos dejado Yahveh Sebaot un residuo minúsculo, como
Sodoma seríamos, a Gomorra nos pareceríamos.
10 Oíd una palabra de Yahveh, regidores de Sodoma. Escuchad una
instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.
11 «¿A mí qué, tanto sacrificio vuestro? – dice Yahveh -. Harto estoy
de holocaustos de carneros y de sebo de cebones; y sangre de novillos y
machos cabríos no me agrada,
12 cuando venís a presentaros ante mí. ¿Quién ha solicitado de
vosotros esa pateadura de mis atrios?
13 No sigáis trayendo oblación vana: el humo del incienso me resulta
detestable. Novilunio, sábado, convocatoria: no tolero falsedad y
solemnidad.
14 Vuestros novilunios y solemnidades aborrece mi alma: me han
resultado un gravamen que me cuesta llevar.
15 Y al extender vosotros vuestras palmas, me tapo los ojos por no
veros. Aunque menudeéis la plegaria, yo no oigo. Vuestras manos están de
sangre llenas:
16 lavaos, limpiaos, quitad vuestras fechorías de delante de mi vista,
desistid de hacer el mal,
17 aprended a hacer el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al
oprimido, haced justicia al huérfano, abogad por la viuda.
18 Venid, pues, y disputemos – dice Yahveh -: Así fueren vuestros
pecados como la grana, cual la nieve blanquearán. Y así fueren rojos como
el carmesí, cual la lana quedarán.
19 Si aceptáis obedecer, lo bueno de la tierra comeréis.
20 Pero si rehusando os oponéis, por la espada seréis devorados, que
ha hablado la boca de Yahveh.
21 ¡Cómo se ha hecho adúltera la villa leal! Sión llena estaba de
equidad, justicia se albergaba en ella, pero ahora, asesinos.
22 Tu plata se ha hecho escoria. Tu bebida se ha aguado.
23 Tus jefes, revoltosos y aliados con bandidos. Cada cual ama el
soborno y va tras los regalos. Al huérfano no hacen justicia, y el pleito de la
viuda no llega hasta ellos.
24 Por eso – oráculo del Señor Yahveh Sebaot, el Fuerte de Israel -:
¡Ay! Voy a desquitarme de mis contrarios, voy a vengarme de mis
enemigos.
25 Voy a volver mi mano contra ti y purificaré al crisol tu escoria,
hasta quitar toda tu ganga.
26 Voy a volver a tus jueces como eran al principio, y a tus consejeros
como antaño. Tras de lo cual se te llamará Ciudad de Justicia, Villa-leal.
27 Sión por la equidad será rescatada, y sus cautivos por la justicia.
28 Padecerán quebranto rebeldes y pecadores a una, y los desertores
de Yahveh se acabarán.
29 Porque os avergonzaréis de las encinas que anhelabais, y os
afrentaréis de los jardines que preferíais.
30 Porque seréis como encina que se le cae la hoja, y como jardín que
a falta de agua está.
31 El hombre fuerte se volverá estopa, y su trabajo, chispa: arderán
ambos a una, y no habrá quien apague.

Isaías 2

1 Lo que vio Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén.
2 Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será
asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas.
Confluirán a él todas las naciones,
3 y acudirán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte de
Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y
nosotros sigamos sus senderos.» Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén
la palabra de Yahveh.
4 Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán
de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada
nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra.
5 Casa de Jacob, andando, y vayamos, caminemos a la luz de Yahveh.
6 Has desechado a tu pueblo, la Casa de Jacob, porque estaban llenos
de adivinos y evocadores, como los filisteos, y con extraños chocan la
mano;
7 se llenó su tierra de plata y oro, y no tienen límite sus tesoros; se
llenó su tierra de caballos, y no tienen límite sus carros;
8 se llenó su tierra de ídolos, ante la obra de sus manos se inclinan,
ante lo que hicieron sus dedos.
9 Se humilla el hombre, y se abaja el varón: pero no les perdones.
10 Entra en la peña, húndete en el polvo, lejos de la presencia
pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se alce para
hacer temblar la tierra.
11 Los ojos altivos del hombre serán abajados, se humillará la
altanería humana, y será exaltado Yahveh solo en aquel día.
12 Pues será aquel día de Yahveh Sebaot para toda depresión, que sea
enaltecida, y para todo lo levantado, que será rebajado:
13 contra todos los cedros del Líbano altos y elevados, contra todas
las encinas del Basán,
14 contra todos los montes altos, contra todos los cerros elevados,
15 contra toda torre prominente, contra todo muro inaccesible,
16 contra todas las naves de Tarsis, contra todos los barcos cargados
de tesoros.
17 Se humillará la altivez del hombre, y se abajará la altanería
humana; será exaltado Yahveh solo, en aquel día,
18 y los ídolos completamente abatidos.
19 Entrarán en las grietas de las peñas y en las hendiduras de la tierra,
lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad,
cuando él se alce para hacer temblar la tierra.
20 Aquel día arrojará el hombre a los musgaños y a los topos los
ídolos de plata y los ídolos de oro que él se hizo para postrarse ante ellos,
21 y se meterá en los agujeros de las peñas y en las hendiduras de las
piedras, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su
majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra.
22 Desentendeos del hombre, en cuya nariz sólo hay aliento, porque
¿qué vale él?

Isaías 3

1 Pues he aquí que el Señor Yahveh Sebaot está quitando de Jerusalén
y de Judá todo sustento y apoyo: (todo sustento de pan y todo sustento de
agua);
2 el valiente y el guerrero, el juez y el profeta, el augur y el anciano,
3 el jefe de escuadra y el favorito, el consejero, el sabio hechicero y el
hábil encantador.
4 Les daré mozos por jefes, y mozalbetes les dominarán.
5 Querrá mandar la gente, cada cual en cada cual, los unos a los otros
y cada cual en su compañero. Se revolverá el mozo contra el anciano, y el
vil contra el hombre de peso.
6 Pues agarrará uno a su hermano al de su mismo apellido, diciéndole:
«Túnica gastas: príncipe nuestro seas, toma a tu cargo esta ruina.»
7 Pero el otro exclamará aquel día: «No seré vuestro médico; en mi
casa no hay pan ni túnica: no me pongáis por príncipe del pueblo.»
8 Así que tropezó Jerusalén, y Judá ha caído; pues sus lenguas y sus
fechorías a Yahveh han llegado, irritando los ojos de su majestad.
9 La expresión de su rostro les denuncia, y sus pecados como Sodoma
manifiestan, no se ocultan. ¡Ay de ellos, porque han merecido su propio
mal!
10 Decid al justo que bien, que el fruto de sus acciones comerá.
11 ¡Ay del malvado! que le irá mal, que el mérito de sus manos se le
dará.
12 A mi pueblo le oprime un mozalbete, y mujeres le dominan. Pueblo
mío, tus regidores vacilan y tus derroteros confunden.
13 Se levanta a pleitear Yahveh y está en pie para juzgar a los
pueblos.
14 Yahveh demanda en juicio a los ancianos de su pueblo y a sus
jefes. «Vosotros habéis incendiado la viña, el despojo del mísero tenéis en
vuestras casas.
15 Pero ¿qué os importa? Machacáis a mi pueblo y moléis el rostro de
los pobres» – oráculo del Señor Yahveh Sebaot -.
16 Dice Yahveh: «Por cuanto son altivas las hijas de Sión, y andan
con el cuello estirado y guiñando los ojos, y andan a pasitos menudos, y con
sus pies hacen tintinear las ajorcas»,
17 rapará el Señor el cráneo de las hijas de Sión, y Yahveh destapará
su desnudez.
18 Aquel día quitará el Señor el adorno de las ajorcas, los solecillos y
las lunetas;
19 los aljófares, las lentejuelas y los cascabeles;
20 los peinados, las cadenillas de los pies, los ceñidores, los pomos de
olor y los amuletos,
21 los anillos y aretes de nariz;
22 los vestidos preciosos, los mantos, los chales, los bolsos,
23 los espejos, las ropas finas, los turbantes y las mantillas.
24 Por debajo del bálsamo habrá hedor, por debajo de la faja, soga,
por debajo de la peluca, rapadura, y por debajo del traje, refajo de arpillera.
y por debajo de la hermosura, vergüenza.
25 Tus gentes a espada caerán, y tus campeones en guerra.
26 Y darán ayes y se dolerán a las puertas, y tú, asolada, te sentarás
por tierra.

Isaías 4

1 Asirán siete mujeres a un hombre en aquel día diciendo: «Nuestro
pan comeremos, y con nuestras túnicas nos vestiremos. Tan sólo déjanos
llevar tu nombre: quita nuestro oprobio.»
2 Aquel día el germen de Yahveh será magnífico y glorioso, y el fruto
de la tierra será la prez y ornato de los bien librados de Israel.
3 A los restantes de Sión y a los que quedaren de Jerusalén, se les
llamará santos: serán todos los apuntados como vivos en Jerusalén.
4 Cuando haya lavado el Señor la inmundicia de las hijas de Sión, y
las manchas de sangre de Jerusalén haya limpiado del interior de ella con
viento justiciero y viento abrasador,
5 creará Yahveh sobre todo lugar del monte de Sión y sobre toda su
reunión, nube y humo de día, y resplandor de fuego llameante de noche. Y
por encima la gloria de Yahveh será toldo
6 y tienda para sombra contra el calor diurno, y para abrigo y reparo
contra el aguacero y la lluvia.

Isaías 5

1 Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña. Una
viña tenía mi amigo en un fértil otero.
2 La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una
torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese
uvas, pero dio agraces.
3 Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, venid a
juzgar entre mi viña y yo:
4 ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo?
Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces?
5 Ahora, pues, voy a haceros saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su
seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.
6 Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde. crecerá la zarza y
el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella.
7 Pues bien, viña de Yahveh Sebaot es la Casa de Israel, y los
hombres de Judá son su plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia, y hay
iniquidad; honradez, y hay alaridos.
8 ¡Ay, los que juntáis casa con casa, y campo a campo anexionáis,
hasta ocupar todo el sitio y quedaros solos en medio del país!
9 Así ha jurado a mis oídos Yahveh Sebaot: «¡Han de quedar desiertas
muchas casas; grandes y hermosas, pero sin moradores!
10 Porque diez yugadas de viña darán sólo una medida, y una carga de
simiente producirá una medida.»
11 ¡Ay, los que despertando por la mañana andan tras el licor; los que
trasnochan, encandilados por el vino!
12 Sólo hay arpas y cítaras, pandero y flauta en sus libaciones, y no
contemplan la obra de Yahveh, no ven la acción de sus manos.
13 Por eso fue deportado mi pueblo sin sentirlo, sus notables estaban
muertos de hambre, y su plebe se resecaba de sed.
14 Por eso ensanchó el seol su seno dilató su boca sin medida, y a él
baja su nobleza y su plebe y su turba gozosa.
15 Se humilla el hombre, se abaja el varón, los ojos de los altivos son
abajados;
16 es ensalzado Yahveh Sebaot en juicio, el Dios Santo muestra su
santidad por su justicia.
17 Pacerán los corderos como en su pastizal, y entre las ruinas gordos
cabritos ramonearán.
18 ¡Ay, los que arrastran la culpa con coyundas de engaños y el
pecado como con bridas de novilla!
19 Los que dicen: «¡Listo, apresure su acción, de modo que la
veamos. Acérquese y venga el plan del Santo de Israel, y que lo sepamos!»
20 ¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad
por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!
21 ¡Ay, los sabios a sus propios ojos, y para sí mismos discretos!
22 ¡Ay, los campeones en beber vino, los valientes para escanciar
licor,
23 los que absuelven al malo por soborno y quitan al justo su derecho.
24 Tal devora las espigas una lengua de fuego y el heno en llamas se
derrumba: la raíz de ellos será como podre, y su flor subirá como tamo.
Pues recusaron la enseñanza de Yahveh Sebaot y despreciaron el dicho del
Santo de Israel.
25 Por eso se ha encendido la ira de Yahveh contra su pueblo,
extendió su mano sobre él y le golpeó. Y mató a los príncipes: sus
cadáveres yacían como basura en medio de las calles. Con todo eso, no se
ha calmado su ira, y aún sigue extendida su mano.
26 Iza bandera a un pueblo desde lejos y le silba desde los confines de
la tierra: vedlo aquí, rápido, viene ligero.
27 No hay en él quien se canse y tropiece, quien se duerma y se
amodorre; nadie se suelta el cinturón de los lomos, ni se rompe la correa de
su calzado.
28 Sus saetas son agudas y todos sus arcos están tensos. Los cascos de
sus caballos semejan pedernal y sus ruedas, torbellino.
29 Tiene un rugido como de leona, ruge como los cachorros, brama y
agarra la presa, la arrebata, y no hay quien la libre.
30 Bramará contra él aquel día como el bramido del mar, y oteará la
tierra, y habrá densa oscuridad, pues la luz se habrá oscurecido en la espesa
tiniebla.

Isaías 6

1 El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono
excelso y elevado, y sus haldas llenaban el templo.
2 Unos serafines se mantenían erguidos por encima de él; cada uno
tenía seis alas: con un par se cubrían la faz, con otro par se cubrían los pies,
y con el otro par aleteaban,
3 Y se gritaban el uno al otro: «Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot:
llena está toda la tierra de su gloria.».
4 Se conmovieron los quicios y los dinteles a la voz de los que
clamaban, y la Casa se llenó de humo.
5 Y dije: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios
impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahveh
Sebaot han visto mis ojos!»
6 Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la
mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar,
7 y tocó mi boca y dijo: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha
retirado tu culpa, tu pecado está expiado.»
8 Y percibí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré? ¿y quién
irá de parte nuestra»? Dije: «Heme aquí: envíame.»
9 Dijo: «Ve y di a ese pueblo: “Escuchad bien, pero no entendáis, ved
bien, pero no comprendáis.”
10 Engorda el corazón de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los
ojos, no sea que vea con sus ojos. y oiga con sus oídos, y entienda con su
corazón, y se convierta y se le cure.»
11 Yo dije: «¿Hasta dónde, Señor?» Dijo: «Hasta que se vacíen las
ciudades y queden sin habitantes, las casas sin hombres, la campiña
desolada,
12 y haya alejado Yahveh a las gentes, y cunda el abandono dentro del
país.
13 Aun el décimo que quede en él volverá a ser devastado como la
encina o el roble, en cuya tala queda un tocón: semilla santa será su tocón.»

Isaías 7

1 En tiempo de Ajaz, hijo de Jotam, hijo de Ozías, rey de Judá, subió
Rasón, rey de Aram, con Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, a Jerusalén
para atacarla, más no pudieron hacerlo.
2 La casa de David había recibido este aviso: «Aram se ha unido con
Efraím», y se estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo,
como se estremecen los árboles del bosque por el viento.
3 Entonces Yahveh dijo a Isaías: «Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al
final del caño de la alberca superior, por la calzada del campo del Batanero,
al encuentro de Ajaz,
4 y dile: «¡Alerta, pero ten calma! No temas, ni desmaye tu corazón
por ese par de cabos de tizones humeantes,
5 ya que Aram, Efraím y el hijo de Remalías han maquinado tu ruina
diciendo:
6 Subamos contra Judá y desmembrémoslo, abramos brecha en él y
pongamos allí por rey al hijo de Tabel.”
7 Así ha dicho el Señor Yahveh: No se mantendrá, ni será así;
8 porque la capital de Aram es Damasco, y el cabeza de Damasco,
Rasón; Pues bien: dentro de sesenta y cinco años, Efraím dejará de ser
pueblo.
9 La capital de Efraím es Samaría, y el cabeza de Samaría, el hijo de
Remalías. Si no os afirmáis en mí no seréis firmes.»
10 Volvió Yahveh a hablar a Ajaz diciendo:
11 «Pide para ti una señal de Yahveh tu Dios en lo profundo del seol o
en lo más alto.»
12 Dijo Ajaz: «No la pediré, no tentaré a Yahveh.»
13 Dijo Isaías: «Oíd, pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a
los hombres, que cansáis también a mi Dios?
14 Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una
doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre
Emmanuel.
15 Cuajada y miel comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo
bueno.
16 Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno,
será abandonado el territorio cuyos dos reyes te dan miedo.
17 Yahveh atraerá sobre ti y sobre tu pueblo y sobre la casa de tu
padre, días cuales no los hubo desde aquel en que se apartó Efraím de Judá
(el rey de Asur).
18 Aquel día silbará Yahveh al enjambre que hay en los confines de
los ríos de Egipto, y a las abejas que hay en tierra de Asur;
19 vendrán y se posarán todas ellas en las quebradas, en los resquicios
de las peñas, en todas las corrientes y en todos los arroyos.
20 Aquel día rapará el Señor con navaja alquilada allende el Río, con
el rey de Asur, la cabeza y el vello de las piernas y también la barba
afeitará,
21 Aquel día criará cada uno una novilla y un par de ovejas.
22 Y así de tanto dar leche, comerá cuajada, porque «cuajada y miel
comerá todo el que quedare dentro del país».
23 Aquel día, cualquier lugar donde antes hubo mil cepas por valor de
mil piezas de plata, será de la zarza y el abrojo.
24 Con flechas y arco se entrará allí, pues zarza y abrojo será toda la
tierra,
25 y en ninguno de los montes que se desbrozan con la azada se podrá
entrar por temor de las zarzas y abrojos; será dehesa de bueyes y pastizal de
ovejas.»

Isaías 8

1 Yahveh me dijo: «Toma una placa grande, escribe en ella con buril:
de Maher Salal Jas Baz,
2 y toma por fieles testigos míos al sacerdote Urías y a Zacarías, hijo
de Baraquías.»
3 Me acerqué a la profetisa, que concibió y dio a luz un hijo, Yahveh
me dijo: «Llámale Maher Salal Jas Baz,
4 pues antes que sepa el niño decir “papá” y “mamá”, la riqueza de
Damasco y el botín de Samaría serán llevados ante el rey de Asur.»
5 Volvió Yahveh a hablarme de nuevo:
6 «Porque ha rehusado ese pueblo las aguas de Siloé que van de vagar
y se ha desmoralizado ante Rasón y el hijo de Remalías,
7 por lo mismo, he aquí que el Señor hace subir contra ellos las aguas
del Río embravecidas y copiosas. Desbordará por todos sus cauces, (el rey
de Asur y todo su esplendor) invadirá todas sus riberas.
8 Seguirá por Judá anegando a su paso, hasta llegar al cuello. Y la
envergadura de sus alas abarcará la anchura de tu tierra, Emmanuel.
9 Sabedlo, pueblos: seréis destrozados; escuchad, confines todos de la
tierra; en guardia: seréis destrozados; en guardia: seréis destrozados.
10 Trazad un plan: fracasará. Decid una palabra: no se cumplirá.
Porque con nosotros está Dios.
11 Pues así me ha dicho Yahveh cuando me tomó de la mano y me
apartó de seguir por el camino de ese pueblo:
12 No llaméis conspiración a lo que ese pueblo llama conspiración, ni
temáis ni tembléis de lo que él teme.
13 A Yahveh Sebaot, a ése tened por santo, sea él vuestro temor y él
vuestro temblor.
14 Será un santuario y piedra de tropiezo y peña de escándalo para
entrambas Casas de Israel; lazo y trampa para los moradores de Jerusalén.
15 Allí tropezarán muchos, caerán, se estrellarán y serán atrapados y
presos.
16 Envuelve el testimonio, sella la enseñanza entre mis discípulos.
17 Aguardaré por Yahveh, el que vela su faz de la casa de Jacob, y
esperaré por él.
18 Aquí estamos yo y los hijos que me ha dado Yahveh, por señales y
pruebas en Israel, de parte de Yahveh Sebaot, el que reside en el monte
Sión.
19 Y cuando os dijeren: «Consultad a los nigromantes y a los adivinos
que bisbisean y murmujean; ¿es que no consulta un pueblo a sus dioses, por
los vivos a los muertos?»:
20 en pro de la enseñanza y el testimonio ¡Vaya si dirán cosa tal! Lo
que no tiene provecho.
21 Pasará por allí lacerado y hambriento, y así que le dé el hambre, se
enojará y faltará a su rey y a su Dios. Volverá el rostro a lo alto,
22 la tierra oteará, y sólo habrá cerrazón y negrura, lobreguez prieta y
tiniebla espesa.
23 Pues, ¿no hay lobreguez para quien tiene apretura? Como el tiempo
primero ultrajó a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, así el postrero
honró el camino del mar, allende el Jordán, el distrito de los Gentiles.

Sabiduría 12

1 pues tu espíritu incorruptible está en todas ellas.
2 Por eso mismo gradualmente castigas a los que caen; les amonestas
recordándoles en qué pecan para que, apartándose del mal, crean en ti,
Señor.
3 A los antiguos habitantes de tu tierra santa
4 los odiabas, porque cometían las más nefastas acciones, prácticas de
hechicería, iniciaciones impías.
5 A estos despiadados asesinos de sus hijos, devoradores de entrañas
en banquetes de carne humana y de sangre, a estos iniciados en bacanales,
6 padres asesinos de seres indefensos, habías querido destruirlos a
manos de nuestros padres,
7 para que la tierra que te era la más apreciada de todas, recibiera una
digna colonia de hijos de Dios.
8 Pero aun con éstos, por ser hombres, te mostraste indulgente, y les
enviaste avispas, como precursoras de tu ejército, que les fuesen poco a
poco destruyendo.
9 No porque no pudieses en batalla campal entregar a los impíos en
manos de los justos, o aniquilarlos de una vez con feroces fieras o con una
palabra inexorable,
10 sino que les concedías, con un castigo gradual, una ocasión de
arrepentirse; aun sabiendo que era su natural perverso, su malicia innata, y
que jamás cambiaría su manera de pensar
11 por ser desde el comienzo una raza maldita. Tampoco por temor a
nadie concedías la impunidad a sus pecados.
12 Pues ¿quién podría decirte: «¿Qué has hecho?» ¿Quién se
opondría a tu sentencia? ¿Quién te citaría a juicio por destruir naciones por
ti creadas? ¿Quién se alzaría contra ti como vengador de hombres inicuos?
13 Pues fuera de ti no hay un Dios que de todas las cosas cuide, a
quien tengas que dar cuenta de la justicia de tus juicios;
14 ni hay rey ni soberano que se te enfrente en favor de los que has
castigado.
15 Sino que, como eres justo, con justicia administras el universo, y
miras como extraño a tu poder condenar a quien no merece ser castigado.
16 Tu fuerza es el principio de tu justicia y tu señorío sobre todos los
seres te hace indulgente con todos ellos
17 Ostentas tu fuerza a los que no creen en la plenitud de tu poder, y
confundes la audacia de los que la conocen.
18 Dueño de tu fuerza, juzgas con moderación y nos gobiernas con
mucha indulgencia porque, con sólo quererlo, lo puedes todo.
19 Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo del
hombre, y diste a tus hijos la buena esperanza de que, en el pecado, das
lugar al arrepentimiento.
20 Pues si a los enemigos de tus hijos, merecedores de la muerte, con
tanto miramiento e indulgencia los castigaste dándoles tiempo y lugar para
apartarse de la maldad,
21 ¿con qué consideración no juzgaste a los hijos tuyos, a cuyos
padres con juramentos y pactos tan buenas promesas hiciste?
22 Así pues, para aleccionarnos, a nuestros enemigos los flagelas con
moderación, para que, al juzgar, tengamos en cuenta tu bondad y, al ser
juzgados, esperemos tu misericordia.
23 Por tanto, también a los que inicuamente habían vivido una vida
insensata les atormentaste con sus mismas abominaciones.
24 Demasiado, en verdad, se habían desviado por los caminos del
error, teniendo por dioses a los más viles y despreciables, animales,
dejándose engañar como pequeñuelos inconscientes.
25 Por eso, como a niños sin seso, les enviaste una irrisión de castigo.
26 Pero los que con una reprimenda irrisoria no se enmendaron, iban
a experimentar un castigo digno de Dios.
27 A la vista de los seres que les atormentaban y les indignaban, de
aquellos seres que tenían por dioses y eran ahora su castigo, abrieron los
ojos y reconocieron por el Dios verdadero a aquel que antes se negaban a
conocer. Por lo cual el supremo castigo descargó sobre ellos.

Sabiduría 13

1 Sí, vanos por naturaleza todos los hombres en quienes había
ignorancia de Dios y no fueron capaces de conocer por las cosas buenas que
se ven a Aquél que es, ni, atendiendo a las obras, reconocieron al Artífice;
2 sino que al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al
agua impetuosa o a las lumbreras del cielo los consideraron como dioses,
señores del mundo.
3 Que si, cautivados por su belleza, los tomaron por dioses, sepan
cuánto les aventaja el Señor de éstos, pues fue el Autor mismo de la belleza
quien los creó.
4 Y si fue su poder y eficiencia lo que les dejó sobrecogidos,
deduzcan de ahí cuánto más poderoso es Aquel que los hizo;
5 pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por
analogía, a contemplar a su Autor.
6 Con todo, no merecen éstos tan grave reprensión, pues tal vez
caminan desorientados buscando a Dios y queriéndole hallar.
7 Como viven entre sus obras, se esfuerzan por conocerlas, y se dejan
seducir por lo que ven. ¡Tan bellas se presentan a los ojos!
8 Pero, por otra parte, tampoco son éstos excusables;
9 pues si llegaron a adquirir tanta ciencia que les capacitó para
indagar el mundo, ¿cómo no llegaron primero a descubrir a su Señor?
10 Desgraciados, en cambio, y con la esperanza puesta en seres sin
vida, los que llamaron dioses a obras hechas por mano de hombre, al oro, a
la plata, trabajados con arte, a representaciones de animales o a una piedra
inútil, esculpida por mano antigua.
11 Un leñador abate con la sierra un árbol conveniente, lo despoja
diestramente de toda su corteza, lo trabaja con habilidad y fabrica un objeto
útil a las necesidades de la vida.
12 Con los restos de su trabajo se prepara la comida que le deja
satisfecho.
13 Queda todavía un resto del árbol que para nada sirve, un tronco
torcido y lleno de nudos. Lo toma y lo labra para llenar los ratos de ocio, le
da forma con la destreza adquirida en sus tiempos libres; le da el parecido
de una imagen de hombre
14 o bien la semejanza de algún vil animal. Lo pinta de bermellón,
colorea de rojo su cuerpo y salva todos sus defectos bajo la capa de pintura.
15 Luego le prepara un alojamiento digno y lo pone en una pared
asegurándolo con un hierro.
16 Mira por él, no se le caiga, pues sabe que no puede valerse por sí
mismo, que sólo es una imagen y necesita que le ayuden.
17 Pues bien, cuando por su hacienda, bodas o hijos ruega, no se le
cae la cara al dirigirse a este ser sin vida. Y pide salud a un inválido,
18 vida a un muerto, auxilio al más inexperto, un viaje feliz al que ni
de los pies se puede valer,
19 y para sus ganancias y empresas, para el exito en el trabajo de sus
manos, al ser más desmañado le pide destreza.

Sabiduría 14

1 Otro, preparándose a embarcar para cruzar el mar bravío, invoca a
un leño más frágil que la nave que le lleva.
2 Que a la nave, al fin, la inventó el afán de lucro, y la sabiduría fue el
artífice que la construyó;
3 y es tu Providencia, Padre, quien la guía, pues también en el mar
abriste un camino, una ruta segura a través de las olas,
4 mostrando así que de todo peligro puedes salvar para que hasta el
inexperto pueda embarcarse.
5 No quieres que queden inactivas las obras de tu Sabiduría; por eso,
a un minúsculo leño fían los hombres su vida, cruzan el oleaje en una
barquichuela y arriban salvos a puerto.
6 También al principio, mientras los soberbios gigantes perecían, se
refugió en una barquichuela la esperanza del mundo, y, guiada por tu
mano, dejó al mundo semilla de una nueva generación.
7 Pues bendito es el leño por el que viene la justicia,
8 pero el ídolo fabricado, maldito él y el que lo hizo; uno por hacerle,
el otro porque, corruptible, es llamado dios,
9 y Dios igualmente aborrece al impío y su impiedad;
10 ambos, obra y artífice, serán igualmente castigados.
11 Por eso también habrá una visita para los ídolos de las naciones,
porque son una abominación entre las criaturas de Dios, un escándalo para
las almas de los hombres, un lazo para los pies de los insensatos.
12 La invención de los ídolos fue el principio de la fornicación; su
descubrimiento, la corrupción de la vida.
13 No los hubo al principio ni siempre existirán;
14 por la vanidad de los hombres entraron en el mundo y, por eso,
está decidido su rápido fin.

1 Timoteo 1

1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús, por mandato de Dios nuestro
Salvador y de Cristo Jesús nuestra esperanza,
2 a Timoteo, verdadero hijo mío en la fe. Gracia, misericordia y paz
de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
3 Al partir yo para Macedonia te rogué que permanecieras en Éfeso
para que mandaras a algunos que no enseñasen doctrinas extrañas,
4 ni dedicasen su atención a fábulas y genealogías interminables, que
son más a propósito para promover disputas que para realizar el plan de
Dios, fundado en la fe.
5 El fin de este mandato es la caridad que procede de un corazón
limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera.
6 Algunos, desviados de esta línea de conducta, han venido a caer en
una vana palabrería;
7 pretenden ser maestros de la Ley sin entender lo que dicen ni lo que
tan rotundamente afirman.
8 Sí, ya sabemos que la Ley es buena, con tal que se la tome como ley,
9 teniendo bien presente que la ley no ha sido instituida para el justo,
sino para los prevaricadores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para
los irreligiosos y profanadores, para los parricidas y matricidas, para los
asesinos,
10 adúlteros, homosexuales, traficantes de seres humanos, mentirosos,
perjuros y para todo lo que se opone a la sana doctrina,
11 según el Evangelio de la gloria de Dios bienaventurado, que se me
ha confiado.
12 Doy gracias a aquel que me revistió de fortaleza, a Cristo Jesús,
Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el
ministerio,
13 a mí, que antes fui un blasfemo, un perseguidor y un insolente.
Pero encontré misericordia porque obré por ignorancia en mi infidelidad.
14 Y la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí, juntamente con la
fe y la caridad en Cristo Jesús.
15 Es cierta y digna de ser aceptada por todos esta afirmación: Cristo
Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores; y el primero de ellos soy yo.
16 Y si encontré misericordia fue para que en mí primeramente
manifestase Jesucristo toda su paciencia y sirviera de ejemplo a los que
habían de creer en él para obtener vida eterna.
17 Al Rey de los siglos, al Dios inmortal, invisible y único, honor y
gloria por los siglos de los siglos. Amén.
18 Esta es la recomendación, hijo mío Timoteo, que yo te hago, de
acuerdo con las profecías pronunciadas sobre ti anteriormente. Combate,
penetrado de ellas, el buen combate,
19 conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla
rechazado, naufragaron en la fe;
20 entre éstos están Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a
Satanás para que aprendiesen a no blasfemar.

1 Timoteo 2

1 Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y
acciones de gracias por todos los hombres;
2 por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que
podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad.
3 Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador,
4 que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento pleno de la verdad.
5 Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y
los hombres, Cristo Jesús, hombre también,
6 que se entregó a sí mismo como rescate por todos. Este es el
testimonio dado en el tiempo oportuno,
7 y de este testimonio – digo la verdad, no miento – yo he sido
constituido heraldo y apóstol, maestro de los gentiles en la fe y en la
verdad.
8 Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar elevando hacia el
cielo unas manos piadosas, sin ira ni discusiones.
9 Así mismo que las mujeres, vestidas decorosamente, se adornen con
pudor y modestia, no con trenzas ni con oro o perlas o vestidos costosos,
10 sino con buenas obras, como conviene a mujeres que hacen
profesión de piedad.
11 La mujer oiga la instrucción en silencio, con toda sumisión.
12 No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se
mantenga en silencio.
13 Porque Adán fue formado primero y Eva en segundo lugar.
14 Y el engañado no fue Adán, sino la mujer que, seducida, incurrió
en la transgresión.
15 Con todo, se salvará por su maternidad mientras persevere con
modestia en la fe, en la caridad y en la santidad.
1 Timoteo 3
1 Es cierta esta afirmación: Si alguno aspira al cargo de epíscopo,
desea una noble función.
2 Es, pues, necesario que el epíscopo sea irreprensible, casado una
sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar,
3 ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias,
desprendido del dinero,
4 que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con
toda dignidad;
5 pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá
cuidar de la Iglesia de Dios?
6 Que no sea neófito, no sea que, llevado por la soberbia, caiga en la
misma condenación del Diablo.
7 Es necesario también que tenga buena fama entre los de fuera, para
que no caiga en descrédito y en las redes del Diablo.
8 También los diáconos deben ser dignos, sin doblez, no dados a beber
mucho vino ni a negocios sucios;
9 que guarden el Misterio de la fe con una conciencia pura.
10 Primero se les someterá a prueba y después, si fuesen
irreprensibles, serán diáconos.
11 Las mujeres igualmente deben ser dignas, no calumniadoras,
sobrias, fieles en todo.
12 Los diáconos sean casados una sola vez y gobiernen bien a sus
hijos y su propia casa.
13 Porque los que ejercen bien el diaconado alcanzan un puesto
honroso y grande entereza en la fe de Cristo Jesús.
14 Te escribo estas cosas con la esperanza de ir pronto donde ti;
15 pero si tardo, para que sepas cómo hay que portarse en la casa de
Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.
16 Y sin duda alguna, grande es el Misterio de la piedad: El ha sido
manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, visto de los Ángeles,
proclamado a los gentiles, creído en el mundo, levantado a la gloria.

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