# 136

Jeremías 52

1 Veintiún años tenía Sedecías cuando comenzó a reinar y reinó once
años en Jerusalén; el nombre de su madre era Jamital, hija de Jeremías, de
Libná.
2 Hizo el mal a los ojos de Yahveh, enteramente como había hecho
Yoyaquim.
3 Esto sucedió a causa de la cólera de Yahveh contra Jerusalén y Judá,
hasta que los arrojó de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de
Babilonia.
4 En el año noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes,
vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército, contra
Jerusalén, acampó contra ella, y la cercaron con una empalizada.
5 La ciudad estuvo sitiada hasta el año once del rey Sedecías.
6 El mes cuarto, el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la
ciudad y no había pan para la gente del pueblo,
7 se abrió una brecha en la ciudad y al verlo el rey y todos los
guerreros, huyeron de la ciudad saliendo de noche, por el camino de la
puerta que está entre los dos muros que dan al jardín del rey, mientras los
caldeos estaban alrededor de la ciudad, y se fueron por el camino de la
Arabá.
8 Las tropas caldeas persiguieron al rey Sedecías y le dieron alcance
en los llanos de Jericó; entonces todo el ejército se dispersó de su lado.
9 Capturaron al rey y lo subieron a Riblá, en la tierra de Jamat, donde
el rey de Babilonia, que le sometió a juicio.
10 Los hijos de Sedecías fueron degollados a su vista, y lo mismo a
todos los jefes de Judá degolló en Riblá.
11 A Sedecías le sacó los ojos, lo encadenó con cadenas de bronce, y
el rey de Babilonia lo llevó a Babilonia, donde lo tuvo en prisión hasta el
día de su muerte.
12 En el mes quinto, el diez del mes, en el año diecinueve de
Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nebuzaradán, jefe de la guardia, uno de
los que servían ante el rey de Babilonia, vino a Jerusalén.
13 Incendió la Casa de Yahveh y la casa del rey y todas las casas de
Jerusalén.
14 Todas las tropas caldeas que había con el jefe de la guardia
demolieron las murallas que rodeaban a Jerusalén.
15 Cuanto (a una parte de los pobres del país) al resto del pueblo que
quedaba en la ciudad, los desertores que se habían pasado al rey de
Babilonia y el resto de los artesanos, Nebuzaradán, jefe de la guardia, los
deportó,
16 Nebuzaradán el jefe de la guardia, dejó algunos de entre la gente
pobre como viñadores y labradores.
17 Los caldeos rompieron las columnas de bronce que había en la
Casa de Yahveh, las basas, el Mar de bronce de la Casa de Yahveh, y se
llevaron todo el bronce a Babilonia.
18 Tomaron también los ceniceros, las paletas, los cuchillos, los
acetres, las cucharas y todos los utensilios de bronce de que se servían.
19 El jefe de la guardia tomó las vasijas, los incensarios y los
aspersorios, los ceniceros, los candeleros, las cucharas y las tazas, cuanto
había de oro y plata.
20 Cuanto a las dos columnas, el Mar, los doce bueyes de bronce que
estaban bajo el Mar y las basas que Salomón había hecho para la Casa de
Yahveh, no se pudo calcular el peso de bronce de todos aquellos objetos.
21 La altura de una columna era de dieciocho codos, un hilo de doce
codos medía su perímetro; su grosor era de cuatro dedos y era hueca por
dentro,
22 y encima tenía un capitel de bronce; la altura del capitel era de
cinco codos; había un trenzado y granadas en torno al capitel, todo de
bronce. Lo mismo para la segunda columna.
23 Había noventa y seis granadas que pendían a los lados. En total
había cien granadas rodeando el trenzado.
24 El jefe de la guardia tomó preso a Seraías, primer sacerdote, y a
Sefanías, segundo sacerdote, y a los tres encargados del umbral.
25 Tomó a un eunuco de la ciudad, que era inspector de los hombres
de guerra, siete hombres de los cortesanos del rey, que se encontraban en la
ciudad, al secretario del jefe del ejército, encargado del alistamiento del
pueblo de la tierra y sesenta hombres de la tierra que se hallaban en la
ciudad.
26 Nebuzaradán, jefe de la guardia, los tomó y los llevó a Riblá,
donde el rey de Babilonia,
27 y el rey de Babilonia los hirió haciéndoles morir en Riblá, en el
país de Jamat. Así fue deportado Judá, lejos de su tierra.
28 Este es el número de los deportados por Nabucodonosor. El año
séptimo: 3.023 de Judá;
29 el año dieciocho de Nabucodonosor fueron llevadas de Jerusalén
832 personas;
30 el año veintitrés de Nabucodonosor, Nebuzaradán, jefe de la
guardia, deportó a 745 de Judá. En total: 4.600 personas.
31 En el año treinta y seis de la deportación de Joaquín, rey de Judá,
en el mes doce, el veinticinco del mes, Evil Merodak, rey de Babilonia, hizo
gracia en el año en que comenzó a reinar, a Joaquín, rey de Judá, y lo sacó
de la cárcel.
32 Le habló con benevolencia y le dio un asiento superior al asiento de
los reyes que estaban con él en Babilonia.
33 Joaquín se quitó sus vestidos de prisión y comió siempre en la
mesa del rey, todos los días de su vida.
34 Le fue dado constantemente su sustento de parte del rey de
Babilonia, día tras día, hasta el día de su muerte, todos los días de su vida.

LAMENTACIONES

Lamentaciones 1

1 = Alef. = ¡Cómo, ay, yace solitaria la Ciudad populosa! Como una
viuda se ha quedado la grande entre las naciones. La Princesa entre las
provincias sujeta está a tributo.
2 = Bet. = Llora que llora por la noche, y las lágrimas surcan sus
mejillas. Ni uno hay que la consuele entre todos sus amantes. Todos sus
amigos la han traicionado, ¡se le han trocado en enemigos!
3 = Guímel. = Judá está desterrada, en postración y en extrema
servidumbre. Sentada entre las naciones, no encuentra sosiego. La alcanzan
todos sus perseguidores entre las angosturas.
4 = Dálet. = Las calzadas de Sión están de luto, que nadie viene a las
solemnidades. Todas sus puertas desoladas, sus sacerdotes gimiendo,
afligidas sus vírgenes, ¡y ella misma en amargura!
5 = He. = Sus adversarios están a la cabeza, sus enemigos bien felices,
porque Yahveh la ha afligido por sus muchos delitos. Sus niños han partido
al cautiverio delante del adversario.
6 = Vau. = De la hija de Sión se ha ido todo su esplendor. Sus
príncipes son como ciervos que no encuentran pasto, caminando van sin
fuerzas delante del hostigador.
7 = Zain. = Jerusalén recuerda sus días de miseria y vida errante,
cuando a manos del adversario sucumbía su pueblo, sin que nadie viniera en
su ayuda. Los adversarios la miraban, riéndose de su ruina.
8 = Jet. = Mucho ha pecado Jerusalén, por eso se ha hecho cosa
impura. Todos los que la honraban la desprecian, porque han visto su
desnudez; y ella misma gime y se vuelve de espaldas.
9 = Tet. = Su inmundicia se pega a su ropa; no pensó ella en su fin, ¡y
ha caído asombrosamente! No hay quien la consuele. «¡Mira, Yahveh, mi
miseria, que el enemigo se agiganta!»
10 = Yod. = El adversario ha echado mano a todos sus tesoros; ha
visto ella a las gentes entrar en su santuario, aquellos de quienes tú
ordenaste: «¡No entrarán en tu asamblea!»
11 = Kaf. = Su pueblo entero gime buscando pan; dan sus tesoros a
cambio de alimento, por recobrar la vida. «Mira, Yahveh, y contempla qué
envilecida estoy.»
12 = Lámed. = Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y
ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta, con el que Yahveh
me ha herido el día de su ardiente cólera.
13 = Mem. = Ha lanzado fuego de lo alto, lo ha metido en mis huesos.
Ante mis pies ha tendido una red, me ha tirado hacia atrás; me ha dejado
desolada, todo el día dolorida.
14 = Nun. = Ligado ha sido el yugo de mis delitos, entrelazados por su
mano. Sobre mi cuello su yugo doblega mi vigor. El Señor me ha dejado a
merced de ellos, ¡ya no puedo tenerme!
15 = Sámek. = Ha desechado a todos mis valientes de en medio de mí
el Señor. Ha convocado un concejo contra mí para acabar con mis jóvenes.
El Señor ha pisado en lagar a la virgen, hija de Judá.
16 = Ain. = Por esto lloro yo; mi ojo, mi ojo se va en agua, porque
está lejos de mí el consolador que reanime mi alma. Mis hijos están
desolados, porque ha ganado el enemigo.
17 = Pe. = Tiende Sión sus manos: ¡no hay quien la consuele! Ha
mandado Yahveh contra Jacob sus adversarios por doquier; Jerusalén se ha
hecho cosa impura en medio de ellos.
18 = Sade. = Justo, justo es Yahveh, porque yo he sido indócil a sus
órdenes. Escuchad, pues, pueblos todos, y mirad mi dolor. Mis doncellas y
mis jóvenes han ido al cautiverio.
19 = Qof. = He llamado a mis amantes: me han traicionado ellos. Mis
sacerdotes y mis ancianos han expirado en la ciudad, mientras se buscaban
alimento por recobrar la vida.
20 = Res. = ¡Mira, Yahveh, que estoy en angustias! ¡Me hierven las
entrañas, el corazón se me retuerce dentro, pues he sido muy rebelde!
Afuera, la espada priva de hijos, en casa es como la muerte.
21 = Sin. = ¡Oye cómo gimo: no hay quien me consuele! Todos mis
enemigos, enterados de mi mal, se alegran de lo que tú has hecho. ¡Haz que
llegue el Día que tienes anunciado, para que sean como yo!
22 = Tau. = ¡Llegue ante ti toda su maldad, y trátalos como a mí me
trataste por todos mis delitos! Pues son muchos mis gemidos, y languidece
mi corazón.

Lamentaciones 2

1 = Alef. = ¡Cómo, ay, ha anublado, en su cólera, el Señor a la hija de
Sión! ¡Del cielo a la tierra ha precipitado el esplendor de Israel, sin
acordarse del estrado de sus pies, en el día de su cólera!
2 = Bet. = El Señor ha destruido sin piedad todas las moradas de
Jacob; ha derruido, en su furor, las fortalezas de la hija de Judá; por tierra
ha echado, ha profanado al reino y a sus príncipes.
3 = Guímel. = En el ardor de su cólera ha quebrado todo el vigor de
Israel; ha echado atrás su diestra de frente al enemigo; ha prendido en Jacob
como fuego llameante que devora a la redonda.
4 = Dálet. = Ha tensado su arco, igual que un enemigo, ha afirmado su
diestra; como un adversario ha matado a todos los que eran encanto de los
ojos; en la tienda de la hija de Sión ha vertido su furor como fuego.
5 = He. = Se ha portado el Señor como enemigo; ha destruido a Israel,
ha destruido todos sus palacios, ha derruido sus fortalezas, ha acumulado en
la hija de Judá gemidos y gemidos.
6 = Vau. = Ha forzado, como a un huerto, su cerca, ha derruido su
lugar de reunión. Ha hecho olvidar Yahveh en Sión solemnidades y
sábados; ha desechado en el ardor de su cólera a rey y sacerdote.
7 = Zain. = El Señor ha rechazado su altar, su santuario ha desdeñado;
ha dejado a merced del enemigo los muros de sus palacios; ¡gritos se dieron
en la Casa de Yahveh, como en día solemne!
8 = Jet. = Yahveh decidió destruir la muralla de la hija de Sión. Tiró el
cordel, y no retrajo su mano de arrasar; ha envuelto en luto antemural y
muro, que a la vez se desmoronan.
9 = Tet. = Sus puertas en tierra se han hundido, él ha deshecho y roto
sus cerrojos; su rey y sus príncipes están entre las gentes; ¡ya no hay Ley! Y
tampoco sus profetas logran visiones de Yahveh.
10 = Yod. = En tierra están sentados, en silencio, los ancianos de la
hija de Sión; se han echado polvo en su cabeza, se han ceñido de sayal.
Inclinan su cabeza hasta la tierra las vírgenes de Jerusalén.
11 = Kaf. = Se agotan de lágrimas mis ojos, las entrañas me hierven,
mi hígado por tierra se derrama, por el desastre de la hija de mi pueblo,
mientras desfallecen niños y lactantes en las plazas de la ciudad.
12 = Lámed. = Dicen ellos a sus madres: «¿Dónde hay pan?»,
mientras caen desfallecidos, como víctimas, en las plazas de la ciudad,
mientras exhalan el espíritu en el regazo de sus madres.
13 = Mem. = ¿A quién te compararé? ¿A quién te asemejaré, hija de
Jerusalén? ¿Quién te podrá salvar y consolar, virgen, hija de Sión? Grande
como el mar es tu quebranto: ¿quién te podrá curar?
14 = Nun. = Tus profetas vieron para ti visiones de falsedad e
insipidez. No revelaron tu culpa, para cambiar tu suerte. Oráculos tuvieron
para ti de falacia e ilusión.
15 = Sámek. = Sobre ti baten palmas todos los que pasan de camino;
silban y menean la cabeza sobre la hija de Jerusalén. «¿Esa es la ciudad que
llamaban la Hermosa, la alegría de toda la tierra?»
16 = Pe. = Abren su boca contra ti todos tus enemigos; silban y
rechinan de dientes, dicen: «¡Nos la hemos tragado! ¡Ah, éste es el Día que
esperábamos! 11 Ya lo alcanzamos, ya lo vemos!»
17 = Ain. = Yahveh ha hecho lo que había resuelto, ha cumplido su
palabra que había empeñado desde antiguo; ha destruido sin piedad; ha
hecho alegrarse sobre ti al enemigo, ha exaltado la frente de tus adversarios.
18 = Sade. = ¡Clama, pues, al Señor, muralla de la hija de Sión; deja
correr a torrentes tus lágrimas, durante día y noche; no te concedas tregua,
no cese la niña de tu ojo!
19 = Qof. = ¡En pie, lanza un grito en la noche, cuando comienza la
ronda; como agua tu corazón derrama ante el rostro del Señor, alza tus
manos hacia él por la vida de tus pequeñuelos (que de hambre desfallecen
por las esquinas de todas las calles)!
20 = Res. = Mira, Yahveh, y considera: ¿a quién has tratado de esta
suerte? ¿Tenían las mujeres que comer sus frutos, a sus niños de pecho?
¿Tenían que ser asesinados en el santuario del Señor sacerdote y profeta?
21 = Sin. = Por tierra yacen en las calles niños y ancianos; mis
vírgenes y mis jóvenes cayeron a cuchillo; ¡has matado en el día de tu
cólera, has inmolado sin piedad!
22 = Tau. = Como en día solemne congregaste por todo el ámbito
terrores; no hubo en el día de la ira de Yahveh fugitivo ni evadido. Los que
yo había criado y mantenido mi enemigo los exterminó.

Lamentaciones 3

1 = Alef. = Yo soy el hombre que ha visto la miseria bajo el látigo de
su furor.
2 El me ha llevado y me ha hecho caminar en tinieblas y sin luz.
3 Contra mí solo vuelve él y revuelve su mano todo el día.
4 = Bet. = Mi carne y mi piel ha consumido, ha quebrado mis huesos.
5 Ha levantado contra mí en asedio amargor y tortura.
6 Me ha hecho morar en las tinieblas, como los muertos para siempre.
7 = Guímel. = Me ha emparedado y no puedo salir; ha hecho pesadas
mis cadenas.
8 Aun cuando grito y pido auxilio, él sofoca mi súplica.
9 Ha cercado mis caminos con piedras sillares, ha torcido mis
senderos.
10 = Dálet. = Oso en acecho ha sido para mí, león en escondite.
11 Intrincando mis caminos, me ha desgarrado, me ha dejado hecho
un horror.
12 Ha tensado su arco y me ha fijado como blanco de sus flechas.
13 = He. = Ha clavado en mis lomos los hijos de su aljaba.
14 De todo mi pueblo me he hecho la irrisión, su copla todo el día.
15 El me ha colmado de amargura, me ha abrevado con ajenjo.
16 = Vau. = Ha quebrado mis dientes con guijarro, me ha revolcado
en la ceniza.
17 Mi alma está alejada de la paz, he olvidado la dicha.
18 Digo: ¡Ha fenecido mi vigor, y la esperanza que me venía de
Yahveh!
19 = Zain. = Recuerda mi miseria y vida errante: ¡es ajenjo y amargor!
20 Lo recuerda, lo recuerda, y se hunde mi alma en mí.
21 Esto revolveré en mi corazón, por ello esperaré:
22 = Jet. = Que el amor de Yahveh no se ha acabado, ni se ha agotado
su ternura;
23 cada mañana se renuevan: ¡grande es tu lealtad!
24 «¡Mi porción es Yahveh, dice mi alma, por eso en él espero!»
25 = Tet. = Bueno es Yahveh para el que en él espera, para el alma
que le busca.
26 Bueno es esperar en silencio la salvación de Yahveh.
27 Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud.
28 = Yod. = Que se siente solitario y silencioso, cuando el Señor se lo
impone;
29 que ponga su boca en el polvo: quizá haya esperanza;
30 que tienda la mejilla a quien lo hiere, que se harte de oprobios.
31 = Kaf. = Porque no desecha para siempre a los humanos el Señor:
32 si llega a afligir, se apiada luego según su inmenso amor;
33 pues no de corazón humilla él ni aflige a los hijos de hombre.
34 = Lámed. = Cuando se aplasta bajo el pie a todos los cautivos de un
país,
35 cuando se tuerce el derecho de un hombre ante la faz del Altísimo,
36 cuando se causa entuerto a un hombre en su proceso, ¿el Señor no
lo ve?
37 = Mem. = ¿Quién habló y ello fue? ¿No es el Señor el que decide?
38 ¿No salen de la boca del Altísimo los males y los bienes?
39 ¿De qué, pues, se queja el hombre? ¡Que sea hombre contra sus
pecados!
40 = Nun. = Examinemos nuestros caminos, escudriñémoslos, y
convirtámonos a Yahveh.
41 Alcemos nuestro corazón y nuestras manos al Dios que está en los
cielos.
42 Nosotros hemos sido rebeldes y traidores: ¡Tú no has perdonado!
43 = Sámek. = Te has envuelto en cólera y nos has perseguido, has
matado sin piedad;
44 te has arropado en una nube para que no pasara la oración;
45 basura y abyección nos has hecho en medio de los pueblos.
46 = Pe. = Abren su boca contra nosotros todos nuestros enemigos.
47 Terror y fosa es nuestra suerte, desolación y ruina.
48 Arroyos de lágrimas derraman mis ojos por la ruina de la hija de mi
pueblo.
49 = Ain. = Mis ojos fluyen y no cesan; ya no hay alivio
50 hasta que mire y vea Yahveh desde los cielos.
51 Me hacen daño mis ojos por todas las hijas de mi ciudad.
52 = Sade. = Cazar me cazaron como a un pájaro, mis enemigos sin
motivo.
53 Sofocaron mi vida en una fosa y echaron piedras sobre mí.
54 Sumergieron las aguas mi cabeza, dije: «¡Estoy perdido!»
55 = Qof. = Invoqué tu Nombre, Yahveh, desde la hondura de la fosa.
56 Tú oíste mi grito: «¡No cierres tu oído a mi oración que pide
ayuda!»
57 Te acercaste el día en que te invocaba, dijiste: «¡No temas!»
58 = Res. = Tú has defendido, Señor, la causa de mi alma, mi vida has
rescatado.
59 Has visto, Yahveh, el entuerto que me hacían: ¡lleva tú mi juicio!
60 Has visto toda su venganza, todos sus planes contra mí.
61 = Sin. = Has oído sus insultos, Yahveh, todos sus planes contra mí,
62 los labios de mis agresores y sus tramas, contra mí todo el día.
63 Estén sentados o en pie, mira: yo soy la copla de ellos.
64 = Tau. = Retribúyeles, Yahveh, según la obra de sus manos.
65 Dales embotamiento de corazón, ¡tu maldición sobre ellos!
66 ¡Persíguelos con saña, extírpalos de debajo de tus cielos!

Eclesiástico 23

1 Oh Señor, padre y dueño de mi vida, no me abandones al capricho
de mis labios, no permitas que por ellos caiga.
2 ¿Quién aplicará el látigo a mis pensamientos, y a mi corazón la
disciplina de la sabiduría, para que no se perdonen mis errores, ni pasen por
alto mis pecados?
3 No sea que mis yerros aumenten, y que abunden mis pecados, que
caiga yo ante mis adversarios, y de mí se ría mi enemigo.
4 Señor, padre y Dios de mi vida, no me des altanería de ojos,
5 aparta de mí la pasión.
6 Que el apetito sensual y la lujuria no se apoderen de mí, no me
entregues al deseo impúdico.
7 La instrucción de mi boca escuchad, hijos, el que la guarda no caerá
en el lazo.
8 Por sus labios es atrapado el pecador, el maldiciente, el altanero,
caen por ellos.
9 Al juramento no acostumbres tu boca, no te habitúes a nombrar al
Santo.
10 Porque, igual que un criado vigilado de continuo no quedará libre
de golpes, así el que jura y toma el Nombre a todas horas no se verá limpio
de pecado.
11 Hombre muy jurador, lleno está de iniquidad, y no se apartará de
su casa el látigo. Si se descuida, su pecado cae sobre él, si pasa por alto el
juramento, doble es su pecado; y si jura en falso, no será justificado, que su
casa se llenará de adversidades.
12 Hay un lenguaje que equivale a la muerte, ¡que no se halle en la
heredad de Jacob! Pues los piadosos rechazan todo esto, y en los pecados
no se revuelcan.
13 A la baja grosería no habitúes tu boca, porque hay en ella palabra
de pecado.
14 Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuanto te sientes en medio de
los grandes, no sea que te olvides ante ellos, como un necio te conduzcas, y
llegues a desear no haber nacido y a maldecir el día de tu nacimiento.
15 El hombre habituado a palabras ultrajantes no se corregirá en toda
su existencia.
16 Dos clases de gente multiplican los pecados, y la tercera atrae la
ira:
17 El alma ardiente como fuego encendido, no se apagará hasta
consumirse; el hombre impúdico en su cuerpo carnal: no cejará hasta que el
fuego le abrase; para el hombre impúdico todo pan es dulce, no descansará
hasta haber muerto.
18 El hombre que su propio lecho viola y que dice para sí: «¿Quién
me ve?; la oscuridad me envuelve, las paredes me encubren, nadie me ve,
¿qué he de temer?; el Altísimo no se acordará de mis pecados»,
19 lo que teme son los ojos de los hombres; no sabe que los ojos del
Señor son diez mil veces más brillantes que el sol, que observan todos los
caminos de los hombres y penetran los rincones más ocultos.
20 Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, y todavía
lo son después de acabadas.
21 En las plazas de la ciudad será éste castigado, será apresado donde
menos lo esperaba.
22 Así también la mujer que ha sido infiel a su marido y le ha dado de
otro un heredero.
23 Primero, ha desobedecido a la ley del Altísimo, segundo, ha
faltado a su marido, tercero, ha cometido adulterio y de otro hombre le ha
dado hijos.
24 Esta será llevada a la asamblea, y sobre sus hijos se hará
investigación.
25 Sus hijos no echarán raíces, sus ramas no darán frutos.
26 Dejará un recuerdo que será maldito, y su oprobio no se borrará.
27 Y reconocerán los que queden que nada vale más que el temor del
Señor, nada más dulce que atender a los mandatos del Señor.

Eclesiástico 24

1 La sabiduría hace su propio elogio, en medio de su pueblo, se
gloría.
2 En la asamblea del Altísimo abre su boca, delante de su poder se
gloría.
3 «Yo salí de la boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra.
4 Yo levanté mi tienda en las alturas, y mi trono era una columna de
nube.
5 Sola recorrí la redondez del cielo, y por la hondura de los abismos
paseé.
6 Las ondas del mar, la tierra entera, todo pueblo y nación era mi
dominio.
7 Entre todas estas cosas buscaba reposo, una heredad en que
instalarme.
8 Entonces me dio orden el creador del universo, el que me creó dio
reposo a mi tienda, y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad
de Israel.”
9 Antes de los siglos, desde el principio, me creó, y por los siglos
subsistiré.
10 En la Tienda Santa, en su presencia, he ejercido el ministerio, así
en Sión me he afirmado,
11 en la ciudad amada me ha hecho él reposar , y en Jerusalén se halla
mi poder.
12 He arraigado en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su
heredad.
13 Como cedro me he elevado en el Líbano, como ciprés en el monte
del Hermón.
14 Como palmera me he elevado en Engadí, como plantel de rosas en
Jericó, como gallardo olivo en la llanura, como plátano me he elevado.
15 Cual cinamomo y aspálato aromático he dado fragancia, cual mirra
exquisita he dado buen olor, como gálbano y ónice y estacte, como nube de
incienso en la Tienda.
16 Cual terebinto he alargado mis ramas, y mis ramas son ramas de
gloria y de gracia.
17 Como la vid he hecho germinar la gracia, y mis flores son frutos
de gloria y riqueza.
19 Venid a mí los que me deseáis, y hartaos de mis productos.
20 Que mi recuerdo es más dulce que la miel, mi heredad más dulce
que panal de miel.
21 Los que me comen quedan aún con hambre de mí, los que me
beben sienten todavía sed.
22 Quien me obedece a mí, no queda avergonzado, los que en mí se
ejercitan, no llegan a pecar.»
23 Todo esto es el libro de la alianza del Dios Altísimo, la Ley que
nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob;
25 la que inunda de sabiduría como el Pisón, como el Tigris en días
de frutos nuevos;
26 la que desborda inteligencia como el Eufrates, como el Jordán en
días de cosecha;
27 la que rebosa doctrina como el Nilo, como el Guijón en días de
vendimia.
28 El primero no ha acabado aún de conocerla, como tampoco el
último la ha descubierto aún.
29 Porque es más vasto que el mar su pensamiento, y su consejo más
que el gran abismo.
30 Y yo, como canal derivado de un río, como caz que al paraíso sale,
31 y dije: «Voy a regar mi huerto, a empapar mi tablar.» Y que aquí
que mi canal se ha convertido en río, y mi río se ha hecho un mar.
32 Aún haré lucir como la aurora la instrucción, lo más lejos posible
la daré a conocer.
33 Aún derramaré la enseñanza como profecía, la dejaré por
generaciones de siglos.
34 Ved que no sólo para mí me he fatigado, sino para todos aquellos
que la buscan.

Eclesiástico 24

1 La sabiduría hace su propio elogio, en medio de su pueblo, se
gloría.
2 En la asamblea del Altísimo abre su boca, delante de su poder se
gloría.
3 «Yo salí de la boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra.
4 Yo levanté mi tienda en las alturas, y mi trono era una columna de
nube.
5 Sola recorrí la redondez del cielo, y por la hondura de los abismos
paseé.
6 Las ondas del mar, la tierra entera, todo pueblo y nación era mi
dominio.
7 Entre todas estas cosas buscaba reposo, una heredad en que
instalarme.
8 Entonces me dio orden el creador del universo, el que me creó dio
reposo a mi tienda, y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad
de Israel.”
9 Antes de los siglos, desde el principio, me creó, y por los siglos
subsistiré.
10 En la Tienda Santa, en su presencia, he ejercido el ministerio, así
en Sión me he afirmado,
11 en la ciudad amada me ha hecho él reposar , y en Jerusalén se halla
mi poder.
12 He arraigado en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su
heredad.
13 Como cedro me he elevado en el Líbano, como ciprés en el monte
del Hermón.
14 Como palmera me he elevado en Engadí, como plantel de rosas en
Jericó, como gallardo olivo en la llanura, como plátano me he elevado.
15 Cual cinamomo y aspálato aromático he dado fragancia, cual mirra
exquisita he dado buen olor, como gálbano y ónice y estacte, como nube de
incienso en la Tienda.
16 Cual terebinto he alargado mis ramas, y mis ramas son ramas de
gloria y de gracia.
17 Como la vid he hecho germinar la gracia, y mis flores son frutos
de gloria y riqueza.
19 Venid a mí los que me deseáis, y hartaos de mis productos.
20 Que mi recuerdo es más dulce que la miel, mi heredad más dulce
que panal de miel.
21 Los que me comen quedan aún con hambre de mí, los que me
beben sienten todavía sed.
22 Quien me obedece a mí, no queda avergonzado, los que en mí se
ejercitan, no llegan a pecar.»
23 Todo esto es el libro de la alianza del Dios Altísimo, la Ley que
nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob;
25 la que inunda de sabiduría como el Pisón, como el Tigris en días
de frutos nuevos;
26 la que desborda inteligencia como el Eufrates, como el Jordán en
días de cosecha;
27 la que rebosa doctrina como el Nilo, como el Guijón en días de
vendimia.
28 El primero no ha acabado aún de conocerla, como tampoco el
último la ha descubierto aún.
29 Porque es más vasto que el mar su pensamiento, y su consejo más
que el gran abismo.
30 Y yo, como canal derivado de un río, como caz que al paraíso sale,
31 y dije: «Voy a regar mi huerto, a empapar mi tablar.» Y que aquí
que mi canal se ha convertido en río, y mi río se ha hecho un mar.
32 Aún haré lucir como la aurora la instrucción, lo más lejos posible
la daré a conocer.
33 Aún derramaré la enseñanza como profecía, la dejaré por
generaciones de siglos.
34 Ved que no sólo para mí me he fatigado, sino para todos aquellos
que la buscan.

Juan 11

28 Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El
Maestro está ahí y te llama.»
29 Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde él.
30 Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el
lugar donde Marta lo había encontrado.
31 Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que
se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro
para llorar allí.
32 Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y
le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»
33 Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la
acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó
34 y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le responden: «Señor, ven y lo
verás.»
35 Jesús se echó a llorar.
36 Los judíos entonces decían: «Mirad cómo le quería.»
37 Pero algunos de ellos dijeron: «Este, que abrió los ojos del ciego,
¿no podía haber hecho que éste no muriera?»
38 Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al
sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra.
39 Dice Jesús: «Quitad la piedra.» Le responde Marta, la hermana del
muerto: «Señor, ya huele; es el cuarto día.»
40 Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de
Dios?»
41 Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto
y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado.
42 Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos
que me rodean, para que crean que tú me has enviado.»
43 Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!»
44 Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el
rostro en un sudario. Jesús les dice: «Desatadlo y dejadle andar.»
45 Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo
que había hecho, creyeron en él.
46 Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo
que había hecho Jesús.
47 Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y
decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales.
48 Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los
romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.»
49 Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año,
les dijo: «Vosotros no sabéis nada,
50 ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el
pueblo y no perezca toda la nación.»
51 Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo
Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación
52 – y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los
hijos de Dios que estaban dispersos.
53 Desde este día, decidieron darle muerte.
54 Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se
retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y
allí residía con sus discípulos.
55 Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del país habían
subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse.
56 Buscaban a Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo:
«¿Qué os parece? ¿Que no vendrá a la fiesta?»
57 Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si
alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.

Juan 12

1 Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba
Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos.
2 Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que
estaban con él a la mesa.
3 Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy
caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó
del olor del perfume.
4 Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de
entregar:
5 «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y
se ha dado a los pobres?»
6 Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era
ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.
7 Jesús dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura.
8 Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre
tendréis.»
9 Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no
sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de
entre los muertos.
10 Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro,
11 porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.
12 Al día siguiente, al enterarse la numerosa muchedumbre que había
llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén,
13 tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: = «¡
Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, = y el Rey de Israel!»
14 Jesús, habiendo encontrado un borriquillo, se montó en él, según
está escrito:
15 = No temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un
pollino de asna. =
16 Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento; pero cuando
Jesús fue glorificado, cayeron en la cuenta de que esto estaba escrito sobre
él, y que era lo que le habían hecho.
17 La gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro de la tumba y le
resucitó de entre los muertos, daba testimonio.
18 Por eso también salió la gente a su encuentro, porque habían oído
que él había realizado aquella señal.
19 Entonces los fariseos se dijeron entre sí: «¿Veis cómo no adelantáis
nada?, todo el mundo se ha ido tras él.»
20 Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta.
21 Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron:
«Señor, queremos ver a Jesús.»
22 Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo
a Jesús.
23 Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el
Hijo de hombre.
24 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y
muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.
25 El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo,
la guardará para una vida eterna.
26 Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará
también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.
27 Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame
de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!
28 Padre, glorifica tu Nombre.» Vino entonces una voz del cielo: «Le
he glorificado y de nuevo le glorificaré.»
29 La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno.
Otros decían: «Le ha hablado un ángel.»
30 Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros.
31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo
será echado fuera.
32 Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.»
33 Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.
34 La gente le respondió: «Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo
permanece para siempre. ¿Cómo dices tú que es preciso que el Hijo del
hombre sea levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre?»
35 Jesús les dijo: «Todavía, por un poco de tiempo, está la luz entre
vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las
tinieblas; el que camina en tinieblas, no sabe a dónde va.
36 Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.»
Dicho esto, se marchó Jesús y se ocultó de ellos.
37 Aunque había realizado tan grandes señales delante de ellos, no
creían en él;
38 para que se cumpliera el oráculo pronunciado por el profeta Isaías:
= Señor, ¿quién dio crédito a nuestras palabras? Y el brazo del Señor, ¿a
quién se le reveló? =
39 No podían creer, porque también había dicho Isaías:
40 = Ha cegado sus ojos, ha endurecido su corazón; para que no vean
con los ojos, ni comprendan con su corazón, ni se conviertan, ni yo los
sane. =
41 Isaías dijo esto porque vio su gloria y habló de él.
42 Sin embargo, aun entre los magistrados, muchos creyeron en él;
pero, por los fariseos, no lo confesaban, para no ser excluidos de la
sinagoga,
43 porque prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios.
44 Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel
que me ha enviado;
45 y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado.
46 Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no
siga en las tinieblas.
47 Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque
no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.
48 El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le
juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día;
49 porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me
ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar,
50 y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo
hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.»

Juan 13

1 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su
hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que
estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
2 Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a
Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle,
3 sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había
salido de Dios y a Dios volvía,
4 se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se
la ciñó.
5 Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los
discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
6 Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los
pies?»
7 Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo
comprenderás más tarde.»
8 Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió:
«Si no te lavo, no tienes parte conmigo.»
9 Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos
y la cabeza.»
10 Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del
todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
11 Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios
todos.»
12 Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa,
y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
13 Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien,
porque lo soy.
14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros
también debéis lavaros los pies unos a otros.
15 Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis
como yo he hecho con vosotros.
16 «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni
el enviado más que el que le envía.
17 «Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís.
18 No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido;
pero tiene que cumplirse la Escritura: = El que come mi pan ha alzado
contra mí su talón. =
19 «Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando
suceda, creáis que Yo Soy.
20 En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me
acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado.»
21 Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró:
«En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.»
22 Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba.
23 Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado
de Jesús.
24 Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está
hablando.»
25 El, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién
es?»
26 Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a
mojar.» Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón
Iscariote.
27 Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: «Lo
que vas a hacer, hazlo pronto.»
28 Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía.
29 Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería
decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los
pobres.
30 En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche.
31 Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del
hombre y Dios ha sido glorificado en él.
32 Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí
mismo y le glorificará pronto.»
33 «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me
buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy,
vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros.
34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros.
Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los
otros.
35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor
los unos a los otros.»
36 Simón Pedro le dice: «Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió:
«Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde.»
37 Pedro le dice: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida
por ti.»
38 Le responde Jesús: «¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en
verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres
veces.»

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