# 149

SOFONÍAS
Sofonías 1

1 Palabra de Yahveh que fue dirigida a Sofonías, hijo de Kusí, hijo de
Guedalías, hijo de Amarías, hijo de Ezequías, en tiempo de Josías, hijo de
Amón, rey de Judá.
2 ¡Voy a aventarlo todo de la haz de la tierra!, oráculo de Yahveh.
3 Aventaré hombres y bestias, aventaré aves del cielo y peces del mar,
haré tropezar a los impíos; extirparé a los hombres de sobre la haz de la
tierra, oráculo de Yahveh.
4 Extenderé mi mano contra Judá, y contra todos los habitantes de
Jerusalén, y extirparé de este lugar lo que queda de Baal, el nombre de los
ministros con los sacerdotes,
5 los que se postran en los terrados ante el ejército del cielo, los que se
postran ante Yahveh y juran por Milkom,
6 los que se apartan del seguimiento de Yahveh, los que no buscan a
Yahveh ni le consultan.
7 ¡Silencio ante el Señor Yahveh, porque el Día de Yahveh está cerca!
Sí, Yahveh ha preparado un sacrificio, ha consagrado a sus invitados.
8 Sucederá en el día del sacrificio de Yahveh que yo visitaré a los
príncipes, a los hijos del rey, y a todos los que visten vestido extranjero.
9 Visitaré aquel día a todos los que saltan por encima del umbral, los
que llenan la Casa de su Señor de violencia y de fraude.
10 Habrá aquel día – oráculo de Yahveh – gritos de auxilio desde la
puerta de los Peces, aullidos desde la ciudad nueva, estruendo enorme desde
las colinas.
11 ¡Ululad, habitantes del Mortero, pues ha sido aniquilado todo el
pueblo de Canaán, exterminados todos los que pesan plata!
12 Sucederá en el tiempo aquel que yo escrutaré a Jerusalén con
lámparas, y visitaré a los hombres que se apelmazan en sus heces, los que
dicen en su corazón: «¡Ni bien ni mal hace Yahveh!»
13 Será dada al saqueo su riqueza, sus casas a la devastación; casas
construyeron, mas no las habitarán, plantaron viñas, mas no beberán su
vino.
14 ¡Cercano está el gran Día de Yahveh, cercano, a toda prisa viene!
¡Amargo el ruido del día de Yahveh, dará gritos entonces hasta el bravo!
15 Día de ira el día aquel, día de angustia y de aprieto, día de
devastación y desolación, día de tinieblas y de oscuridad, día de nublado y
densa niebla,
16 día de trompeta y de clamor, contra las ciudades fortificadas y las
torres de los ángulos.
17 Yo pondré a los hombres en aprieto, y ellos como ciegos andarán,
(porque pecaron contra Yahveh); su sangre será derramada como polvo, y
su carne como excremento.


18 Ni su plata ni su oro podrán salvarlos en el Día de la ira de Yahveh,
cuando por el fuego de su celo la tierra entera sea devorada; pues él hará
exterminio, ¡y terrorífico!, de todos los habitantes de la tierra.

Sofonías 2

1 Reuníos, congregaos, gente sin vergüenza,
2 antes que seáis aventados como el tamo que en un día pasa, antes
que caiga sobre vosotros el ardor de la cólera de Yahveh, (antes que caiga
sobre vosotros el Día de la cólera de Yahveh).
3 Buscad a Yahveh, vosotros todos, humildes de la tierra, que cumplís
sus normas; buscad la justicia, buscad la humildad; quizá encontréis cobijo
el Día de la cólera de Yahveh.
4 Pues Gaza quedará en desamparo, y Ascalón en desolación, a Asdod
se la expulsará en pleno mediodía, y Ecrón será arrancada de raíz.
5 ¡Ay de los habitantes de la liga del mar, la nación de los kereteos!
Palabra de Yahveh contra vosotros: «Canaán, tierra de los filisteos, te
destruiré, te dejaré sin habitantes;
6 quedará la liga del mar convertida en pastizales, en pradera de
pastores, en apriscos de ovejas.»
7 Y será la liga del mar para el Resto de la casa de Judá: allí llevarán a
pacer, en las casas de Ascalón reposarán a la tarde, cuando los visite
Yahveh su Dios, y los vuelva de su cautiverio.
8 He oído los insultos de Moab y los denuestos de los hijos de
Ammón, cuando insultaron a mi pueblo, y se engrandecieron a costa de su
territorio.
9 Por eso, ¡por mi vida – oráculo de Yahveh Sebaot, Dios de Israel –
que Moab quedará como Sodoma, y los habitantes de Ammón como
Gomorra: cardizal, mina de sal, desolación para siempre! El Resto de mi
pueblo los saqueará, lo que quede de mi nación los heredará.
10 Este será el precio de su orgullo, por haber insultado, por haberse
engrandecido a costa del pueblo de Yahveh Sebaot.
11 Terrible será Yahveh contra ellos, cuando enerve a todos los dioses
de la tierra, y se postren ante él, cada una en su lugar, todas las islas de las
naciones.
12 También vosotros, etíopes: «Víctimas de mi espada serán ellos».
13 El extenderá su mano contra el norte, destruirá a Asur, y dejará a
Nínive en desolación, árida como el desierto.
14 Se tumbarán en medio de ella los rebaños, toda suerte de animales:
hasta el pelícano, hasta el erizo, pasarán la noche entre sus capiteles. El
búho cantará en la ventana, y el cuervo en el umbral, porque el cedro fue
arrancado.
15 Tal será la ciudad alegre que reposaba en seguridad, la que decía en
su corazón: «¡Yo, y nadie más!» ¡Cómo ha quedado en desolación, en
guarida de animales! Todo el que pasa junto a ella silba y menea su mano.

Sofonías 3

1 ¡Ay de la rebelde, la manchada, la ciudad opresora!
2 No ha escuchado la voz, no ha aceptado la corrección; en Yahveh no
ha puesto su confianza, a su Dios no se ha acercado.
3 Sus príncipes, en medio de ella, son leones rugientes, sus jueces,
lobos de la tarde, que no dejan un hueso para la mañana.
4 Sus profetas, fanfarrones, hombres traicioneros, sus sacerdotes
profanan lo que es santo y violan la Ley.
5 Yahveh es justo en medio de ella, no comete injusticia; cada mañana
pronuncia su juicio, no falta nunca al alba; (pero el inicuo no conoce la
vergüenza).
6 Yo he exterminado a las naciones, sus almenas han sido derruidas,
he dejado desiertas sus calles, sin un transeúnte; han sido arrasadas sus
ciudades, no queda hombre ni habitante.
7 Y me dije: «Al menos tú me temerás, aceptarás la corrección; no
puede quitarse de sus ojos todo aquello con que yo la he visitado.» Pero
ellos han madrugado a corromper todas sus acciones.
8 Por eso, esperadme – oráculo de Yahveh – el día en que me levante
como testigo, porque he decidido reunir a las naciones, congregar a los
reinos, para derramar sobre vosotros mi enojo, todo el ardor de mi cólera.
(Porque por el fuego de mi celo la tierra entera será devorada).
9 Yo entonces volveré puro el labio de los pueblos, para que invoquen
todos el nombre de Yahveh, y le sirvan bajo un mismo yugo.
10 Desde allende los ríos de Etiopía, mis suplicantes, mi Dispersión,
me traerán mi ofrenda.
11 Aquel día no tendrás ya que avergonzarte de todos los delitos que
cometiste contra mí, porque entonces quitaré yo de tu seno a tus alegres
orgullosos, y no volverás a engreírte en mi santo monte.
12 Yo dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, y en el
nombre de Yahveh se cobijará
13 el Resto de Israel. No cometerán más injusticia, no dirán mentiras,
y no más se encontrará en su boca lengua embustera. Se apacentarán y
reposarán, sin que nadie los turbe.
14 ¡Lanza gritos de gozo, hija de Sión, lanza clamores, Israel, alégrate
y exulta de todo corazón, hija de Jerusalén!
15 Ha retirado Yahveh las sentencias contra ti, ha alejado a tu
enemigo. ¡Yahveh, Rey de Israel, está en medio de ti, no temerás ya ningún
mal!
16 Aquel día se dirá a Jerusalén: ¡No tengas miedo, Sión, no
desmayen tus manos!
17 Yahveh tu Dios está en medio de ti, ¡un poderoso salvador! El
exulta de gozo por ti, te renueva por su amor; danza por ti con gritos de
júbilo,
18 como en los días de fiesta. Yo quitaré de tu lado la desgracia, el
oprobio que pesa sobre ti.
19 He aquí que yo haré exterminio de todos tus opresores, en el
tiempo aquel; y salvaré a la coja y recogeré a la descarriada, y haré que
tengan alabanza y renombre en todos los países donde fueron confundidas.
20 En aquel tiempo os haré venir, en aquel tiempo os congregaré.
Entonces os daré renombre y alabanza entre todos los pueblos de la tierra,
cuando yo vuelva a vuestros cautivos a vuestros propios ojos, dice Yahveh.

AGEO

Ageo 1

1 El año segundo del rey Darío, el día uno del sexto mes, fue dirigida
la palabra de Yahveh, por medio del profeta Ageo, a Zorobabel, hijo de
Sealtiel, gobernador de Judá, ya a Josué, hijo de Yehosadaq, sumo
sacerdote, en estos términos:
2 Así dice Yahveh Sebaot: Este pueblo dice: «¡Todavía no ha llegado
el momento de reedificar la Casa de Yahveh!»
3 (Fue, pues, dirigida la palabra de Yahveh, por medio del profeta
Ageo, en estos términos:)
4 ¿Es acaso para vosotros el momento de habitar en vuestras casas
artesonadas, mientras esta Casa está en ruinas?
5 Ahora pues, así dice Yahveh Sebaot: Aplicad vuestro corazón a
vuestros caminos.
6 Habéis sembrado mucho, pero cosecha poca; habéis comido, pero
sin quitar el hambre; habéis bebido, pero sin quitar la sed; os habéis
vestido, mas sin calentaros, y el jornalero ha metido su jornal en bolsa rota.
7 Así dice Yahveh Sebaot: Aplicad vuestro corazón a vuestros
caminos.
8 Subid a la montaña, traed madera, reedificad la Casa, y yo la
aceptaré gustoso y me sentiré honrado, dice Yahveh.
9 Esperabais mucho, y bien poco es lo que hay. Y lo que metisteis en
casa lo aventé yo. ¿Por qué? – oráculo de Yahveh Sebaot – porque mi Casa
está en ruinas, mientras que vosotros vais aprisa cada uno a vuestra casa.
10 Por eso, por culpa vuestra, los cielos han negado la lluvia y la tierra
ha negado su producto.
11 Yo he llamado a la sequía sobre la tierra y sobre los montes, sobre
el trigo, el mosto y el aceite, sobre todo lo que produce el suelo, sobre los
hombres y el ganado, y sobre todo trabajo de manos.
12 Zorobabel, hijo de Sealtiel, Josué, hijo de Yehosadaq, sumo
sacerdote, y todo el Resto del pueblo escucharon la voz de Yahveh, su Dios,
y las palabras del profeta Ageo, según la misión que Yahveh su Dios le
había encomendado, y temió el pueblo delante de Yahveh.
13 Entonces Ageo, el mensajero de Yahveh, habló así al pueblo, en
virtud del mensaje de Yahveh: «Yo estoy con vosotros, oráculo de
Yahveh.»
14 Y movió Yahveh el espíritu de Zorobabel, hijo de Sealtiel,
gobernador de Judá, el espíritu de Josué, hijo de Yehosadaq, sumo
sacerdote, y el espíritu de todo el Resto del pueblo. Y vinieron y
emprendieron la obra en la Casa de Yahveh Sebaot, su Dios.
15 Era el día veinticuatro del sexto mes.

Ageo 2

1 El año segundo del rey Darío, el día veintiuno del séptimo mes, fue
dirigida la palabra de Yahveh, por medio del profeta Ageo, en estos
términos:
2 Habla ahora a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, a
Josué, hijo de Yehosadaq, sumo sacerdote, y al resto del pueblo, y di:
3 ¿Quién queda entre vosotros que haya visto esta Casa en su primer
esplendor? Y ¿qué es lo que veis ahora? ¿No es como nada a vuestros ojos?
4 ¡Mas ahora, ten ánimo, Zorobabel, oráculo de Yahveh; ánimo,
Josué, hijo de Yehosadaq, sumo sacerdote, ánimo, pueblo todo de la tierra!,
oráculo de Yahveh. ¡A la obra, que estoy yo con vosotros – oráculo de
Yahveh Sebaot –
5 según la palabra que pacté con vosotros a vuestra salida de Egipto, y
en medio de vosotros se mantiene mi Espíritu: no temáis!
6 Pues así dice Yahveh Sebaot: Dentro de muy poco tiempo sacudiré
yo los cielos y la tierra, el mar y el suelo firme,
7 sacudiré todas las naciones; vendrán entonces los tesoros de todas
las naciones, y yo llenaré de gloria esta Casa, dice Yahveh Sebaot.
8 ¡Mía es la plata y mío el oro! oráculo de Yahveh Sebaot.
9 Grande será la gloria de esta Casa, la de la segunda mayor que la de
la primera, dice Yahveh Sebaot, y en este lugar daré yo paz, oráculo de
Yahveh Sebaot.
10 El día veinticuatro del noveno mes, el año segundo de Darío, fue
dirigida la palabra de Yahveh al profeta Ageo en estos términos:
11 Así dice Yahveh Sebaot: Pregunta a los sacerdotes sobre la Ley.
Di:
12 «Si alguien lleva carne sagrada en el halda de su vestido, y toca con
su halda pan, guiso, vino, aceite o cualquier otra comida, ¿quedará ésta
santificada?» Respondieron los sacerdotes y dijeron: «No.»
13 Continuó Ageo: «Si alguien, que se ha hecho impuro por el
contacto de un cadáver, toca alguna de esas cosas, ¿ queda ella impura?»
Respondieron los sacerdotes y dijeron: «Sí, queda impura.»
14 Entonces Ageo tomó la palabra y dijo: «Así es este pueblo, así esta
nación delante de mí, oráculo de Yahveh, así toda la labor de sus manos y
lo que ofrecen aquí: ¡impuro es!»
15 Y ahora aplicad bien vuestro corazón, desde este día en adelante:
antes de poner piedra sobre piedra en el Templo de Yahveh,
16 ¿qué era de vosotros? Se venía a un montón de veinte medidas y no
había más que diez; se venía a la cava para sacar cincuenta cántaros y no
había más que veinte.
17 Yo os herí con tizón, con añublo y con granizo en toda labor de
vuestras manos, y ninguno de vosotros se volvió a mí, oráculo de Yahveh.
18 Aplicad, pues, vuestro corazón, desde este día en adelante (desde el
día veinticuatro del noveno mes, día en que se echaron los cimientos al
Templo de Yahveh, aplicad vuestro corazón):
19 ¿hay ahora grano en el granero? Pues si ni la vid ni la higuera ni el
granado ni el olivo producían fruto, desde este día yo daré bendición.
20 La palabra de Yahveh fue dirigida por segunda vez a Ageo, el día
veinticuatro del mes, en estos términos:
21 Habla a Zorobabel, gobernador de Judá y di: Yo voy a sacudir los
cielos y la tierra.
22 Daré vuelta a los tronos de los reinos y destruiré el poder de los
reinos de las naciones, daré vuelta al carro y a los que montan en él, y serán
abatidos caballos y caballeros cada uno por la espada de su hermano.
23 Aquel día – oráculo de Yahveh Sebaot – te tomaré a ti, Zorobabel,
hijo de Sealtiel, siervo mío – oráculo de Yahveh – y te pondré como anillo
de sello, porque a ti te he elegido, oráculo de Yahveh Sebaot.

ZACARÍAS

Zacarías 1

1 En el octavo mes del año segundo de Darío fue dirigida la palabra de
Yahveh al profeta Zacarías (hijo de Berekías), hijo de Iddó, en estos
términos:
2 «Yahveh se ha irritado mucho contra vuestros padres.»
3 Les dirás: «Así dice Yahveh Sebaot: Volveos a mí – oráculo de
Yahveh Sebaot – y yo me volveré a vosotros, dice Yahveh Sebaot.
4 No seáis como vuestros padres, a quienes los antiguos profetas
gritaban así: “¡Volveos de vuestros malos caminos y de vuestras malas
obras!” Pero ellos no escucharon ni me hicieron caso – oráculo de Yahveh -.
5 Vuestros padres ¿dónde están? Y los profetas ¿van a vivir por
siempre?

Eclesiástico 48

12 Cuando Elías en el torbellino quedó envuelto, Eliseo se llenó de su
espíritu. En sus días no fue zarandeado por príncipe, y no pudo dominarle
nadie.
13 Nada era imposible para él, hasta en el sueño de la muerte
profetizó su cuerpo.
14 Durante su vida hizo prodigios, y después de su muerte fueron
admirables sus obras.
15 Con todo esto, el pueblo no se arrepintió, ni de sus pecados se
apartaron, hasta que fueron deportados de la tierra y esparcidos por el
mundo entero.
16 Sólo quedó un pueblo reducido, con un príncipe de la casa de
David. Algunos de ellos hicieron lo agradable a Dios, pero otros
multiplicaron los pecados.
17 Fortificó Ezequías su ciudad y metió el agua dentro de ella; con el
hierro horadó la roca y construyó cisternas para el agua.
18 En sus días, subió Senaquerib, que envió por delante a Rabsaqués;
éste partió, levantó contra Sión la mano, y se engrió en su altanería.
19 Temblaron entonces corazones y manos, y sufrieron dolores cual
mujeres en parto.
20 Invocaron al Señor misericordioso, tendiendo sus manos hacia él.
Y el Santo, desde el cielo, les escuchó al instante, y los rescató por mano de
Isaías.
21 Hirió el real de los asirios, y su Angel los exterminó.
22 Porque hizo Ezequías lo que agrada al Señor, y se mantuvo firme
en los caminos de David su padre, como le ordenó el profeta Isaías, el
grande y digno de fe en sus visiones.
23 En sus días el sol retrocedió, y él prolongó la vida del rey.
24 Con el poder del espíritu vio el fin de los tiempos, y consoló a los
afligidos de Sión.
25 Hasta la eternidad reveló el porvenir y las cosas ocultas antes que
sucedieran.

Eclesiástico 49

1 La memoria de Josías es mixtura de incienso preparado por arte de
perfumista. En toda boca es dulce como miel, como música en medio de un
banquete.
2 El llevó a buen fin la conversión del pueblo, y extirpó la
abominación de la iniquidad.
3 Enderezó su corazón hacia el Señor, en los días de los impíos
reafirmó la piedad.
4 Fuera de David, Ezequías y Josías, todos abundaron en sus culpas.
Porque abandonaron la ley del Altísimo, los reyes de Judá fueron
abandonados.
5 Pues entregaron a otros su cuerno, y su gloria a una nación extraña.
6 Prendieron fuego a la elegida ciudad del santuario, dejaron desiertas
sus calles,
7 según la palabra de Jeremías, a quien habían maltratado, a él,
consagrado profeta desde el vientre de su madre, = para extirpar =, destruir
= y perder = y también = para construir y plantar =.
8 Ezequiel tuvo la visión de la gloria que Dios le manifestó en el
carro de Querubines,
9 porque se acordó de los enemigos en la tempestad, y favoreció a los
que seguían el camino derecho.
10 Cuanto a los doce profetas, que sus huesos reflorezcan en su
tumba. Porque ellos consolaron a Jacob, y lo rescataron por la fidelidad y la
esperanza.
11 ¿Cómo celebraremos a Zorobabel? ¡Fue él como sello en la mano
derecha,
12 así como Josué hijo de Josedec! Ellos en sus días construyeron la
Casa y levantaron el Templo consagrado al Señor, destinado a una gloria
eterna.
13 También de Nehemías es grande la memoria, él, que nos levantó
las murallas en ruinas, puso puertas y cerrojos y reconstruyó nuestras
moradas.
14 Nadie fue creado en la tierra igual a Henoc, pues él fue arrebatado
de la tierra.
15 Ni como José nació hombre alguno, el guía de sus hermanos,
apoyo de su pueblo; sus huesos fueron visitados.
16 Sem y Set fueron gloriosos entre los hombres, mas por encima de
toda criatura viviente está Adán.

Eclesiástico 50

1 Simón, hijo de Onías, fue el sumo sacerdote que en su vida reparó
la Casa, y en sus días fortificó el santuario.
2 El echó los cimientos de la altura doble, del alto contrafuerte de la
cerca del Templo.
3 En sus días fue excavado el depósito de agua, un estanque como el
mar de ancho.
4 El cuidó de su pueblo para evitar su ruina y fortificó la ciudad
contra el asedio.
5 ¡Que glorioso era, rodeado de su pueblo, cuando salía de la casa del
velo!
6 Como el lucero del alba en medio de las nubes, como la luna llena,
7 como el sol que brilla sobre el Templo del Altísimo, como el arco
iris que ilumina las nubes de gloria,
8 como flor del rosal en primavera, como lirio junto a un manantial,
como brote del Líbano en verano,
9 como fuego e incienso en el incensario, como vaso de oro macizo
adornado de toda clase de piedras preciosas,
10 como olivo floreciente de frutos, como ciprés que se eleva hasta
las nubes.
11 Cuando se ponía la vestidura de gala y se vestía sus elegantes
ornamentos, al subir al santo altar, llenaba de gloria el recinto del santuario.
12 Y cuando recibía las porciones de manos de los sacerdotes, él
mismo de pie junto al hogar del altar, y en torno a él la corona de sus
hermanos, como brotes de cedros en el Líbano; le rodeaban como tallos de
palmera
13 todos los hijos de Aarón en su esplendor, con la ofrenda del Señor
en sus manos, en presencia de toda la asamblea de Israel.

Lucas 2

1 Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto
ordenando que se empadronase todo el mundo.
2 Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria
Cirino.
3 Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
4 Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea,
a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de
David,
5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
6 Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días
del alumbramiento,
7 y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó
en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.
8 Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y
vigilaban por turno durante la noche su rebaño.
9 Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió
en su luz; y se llenaron de temor.
10 El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que
lo será para todo el pueblo:
11 os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el
Cristo Señor;
12 y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales
y acostado en un pesebre.»
13 Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial,
que alababa a Dios, diciendo:
14 «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en
quienes él se complace.»
15 Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo,
los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos
lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.»
16 Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño
acostado en el pesebre.
17 Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel
niño;
18 y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les
decían.
19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en
su corazón.
20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo
lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el
nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.
22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la
Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor,
23 como está escrito en la Ley del Señor: = Todo varón primogénito
será consagrado al Señor =
24 y para ofrecer en sacrificio = un par de tórtolas o dos pichones =,
conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
25 Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este
hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en
él el Espíritu Santo.
26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte
antes de haber visto al Cristo del Señor.
27 Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres
introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él,
28 le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
29 «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se
vaya en paz;
30 porque han visto mis ojos tu salvación,
31 la que has preparado a la vista de todos los pueblos,
32 luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.»
33 Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él.
34 Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para
caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción –
35 ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que
queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»
36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de
Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su
marido,
37 y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba
del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.
38 Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y
hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor,
volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia
de Dios estaba sobre él.
41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.
42 Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la
fiesta
43 y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en
Jerusalén, sin saberlo su padres.
44 Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de
camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos;
45 pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.
46 Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo
sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles;
47 todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus
respuestas.
48 Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo:
«Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te
andábamos buscando.»
49 El les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía
estar en la casa de mi Padre?»
50 Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.
51 Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre
conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.
52 Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y
ante los hombres.

Juan 1

1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la
Palabra era Dios.
2 Ella estaba en el principio con Dios.
3 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres,
5 y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.
7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que
todos creyeran por él.
8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
9 La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene
a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no
la conoció.
11 Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
12 Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de
Dios, a los que creen en su nombre;
13 la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació
de Dios.
14 Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y
hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
15 Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que
viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»
16 Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.
17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad
nos han llegado por Jesucristo.
18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno
del Padre, él lo ha contado.

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